La informante
No soporta que le cuenten las cosas. Quiere estar ahí, donde ocurren. Quizás por eso le duró muy poco a esta periodista la idea de trabajar como independiente cuando dejó, en septiembre pasado,la dirección de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Hoy, es la productora ejecutiva de El Informante, el programa de actualidad y debate de TVN, pensado para este año electoral con el que Andrea Vial (54) aspira a ejercer, como le gusta decir, "un periodismo que no se ocupe solo de lo interesante, sino de lo relevante".

Paula 1120. Sábado 27 de abril 2013.
Periodista de la Universidad Católica, Andrea Vial pertenece a la generación de Cecilia Serrano, Tati Penna, Fernanda Otero y Pamela Jiles. Hizo la práctica en Teletrece en 1980 y se quedó como reportera hasta que, en 1982, el emblemático Hernán Olguín la reclutó para su programa Mundo, del cual luego fue editora. En 1993 se fue a Mega y ejerció, paralelamente, como columnista y editora política de revista Caras. Trabajó en radio Duna, fue directora de VTR y de ahí se fue a fundar la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado (UAH), de la que fue directora por 11 años. En el verano pasado, a los 54 años y tras haber renunciado en septiembre a su cargo en la UAH, partió con su marido y sus cinco hijos a pasar unos meses en Londres. Allá, con ímpetu de recién egresada, y echándose al bolsillo sus 30 años de carrera profesional, suplicó por una oportunidad y no se quedó tranquila hasta conseguir una pasantía de diez días en el diario The Guardian, que la dejó en la escala de mando solo arriba del joven que retiraba la basura.
–Fui perkins y goma de todos, entre otros de Simon Rogers, editor de datos, un capo. No me importó ser lo más rasca del diario porque era impagable ver la seriedad con que esos periodistas se tomaban su trabajo. Cuando iba en las mañanas me preguntaba: ¿Por qué, a mi edad, me había ofrecido de asistente de la alumna en práctica? Y, ¿sabes por qué? Porque en la vida una tiene que estar dispuesta a todo: a servir el café y dar el discurso. Eso es maravilloso. Desplazarse en esa línea te da libertad. A mí nadie me cuenta cuál es el mejor lavalozas.
Tiene que ver con dejar la zona de confort…
Sí, con olvidarse del "a mí no me corresponde". Perdón, ¿por qué no te corresponde? ¡A todos nos corresponde!
Así se vive las cosas Andrea Vial, siguiendo un lema que se ha constituido en su leitmotiv: ¿Me lo van a contar o lo voy a ir a ver? Fue esa la pregunta que, en medio de una conversación con su amiga Cony Stipicic, la hizo dar vuelta su agenda en 180 grados cuando, en abril de 2005, ambas miraban en televisión las exequias de Juan Pablo II. ¿Nos van a contar esta historia o la vamos a ir a ver?
Corte directo a Roma: Andrea Vial –que no estaba reporteando para ningún medio– y su amiga Cony, encaramadas en un poste de la luz en la Plaza de San Pedro, sin acreditaciones, apretadas como sardinas en medio de la multitud que quería ver al fallecido Papa. Y anocheció. Hordas de personas abandonaron la plaza. Las dos amigas abrazadas a una valla papal rezaron por un milagro que les permitiera entrar, cuando se asomó un grupo de personas que parecían importantes. El guardia les abrió las puertas, las amigas se miraron con cara de circunstancia y, sin pensarlo dos veces, se colaron en la comitiva.
"Estudiar cinco años para perseguir a la Vale Roth no es periodismo. puede resultar entretenido, pero no es relevante. Esta nebulosa hay que despejarla cuanto antes, porque es crucial que salvemos el buen periodismo".
Cruzaron la plaza vacía sin dar crédito a lo que estaban haciendo. A cinco metros del cadáver de Juan Pablo II se detuvieron, básicamente porque les dio pudor. "Ahí estaba el Papa con sus zapatitos rojos. No me la estaban contando, estaba ahí, porque siempre que pasa algo me pregunto lo mismo: ¿Me lo van a contar o lo voy a ir a ver? Lo mismo para el terremoto. ¿Me lo van a contar o lo voy a ir a ver? Entonces tomé mi auto y me fui a recorrer la zona devastada cerca de Tumbes y Talcahuano", señala Andrea, mientras enciende otro cigarrillo con un encendedor plástico de Colo-Colo –perteneciente a alguno de sus cinco hijos hombres– pese a ser fanática de la U. El cigarrillo número tres de una cantidad incierta.
Y fue esa actitud, que ella traduce a "periodismo como estilo de vida", lo que la llevó, volviendo de Londres, a echar por la borda sus planes de trabajar en forma independiente y en cambio aceptar la producción ejecutiva del programa El informante, de TVN, conducido por Juan Manuel Astorga, que partió hace dos semanas –los martes a las 23:00 horas– situándose como trending topic de twitter y superando en rating, en su primera edición, al registrado en los últimos episodios por el clásico del género, Tolerancia cero.

¿Qué buscas con El informante?
Nos interesa que la gente se atreva a debatir sin complejos. Más que los diálogos, nos interesan los argumentos. Y no nos interesan los acuerdos; nos interesan las disidencias. No es una conversación, no es una tertulia. Hacemos preguntas y queremos respuestas. Nos interesa aportar información a la ciudadanía para que se forme una opinión en un año de elecciones.
¿Cómo se ejerce el periodismo en Chile a propósito de la serie de compromisos que se adquieren con la fuente, con el poder, con los editores y los intereses económicos?
El tema pasa por tener claro dónde está nuestra lealtad como periodistas, y en eso no me pierdo: está con los ciudadanos y no con el poder. Son los ciudadanos los que nos entregan un mandato que nos exige ser independientes y estar ahí cada vez que suceda algo relevante.
¿Es posible un periodismo independiente?
No quiero aparecer como una purista desconectada de la realidad, porque estoy consciente de todas las trabas que existen, pero pienso que debemos tener claros cuáles son los estándares de calidad a los que debemos aspirar. Lo que me parece peligroso es ni siquiera aspirar a un buen periodismo porque pensemos que da lo mismo, que lo importante es vender, que lo importante es el rating o que me paguen y cumplir con un mínimo. Perder la sensación de que lo que hacemos es clave para la sociedad para quedarnos con el "yo hago lo que me pide mi jefe", "no me quiero enemistar con mis fuentes" o "no voy a cambiar nada" me parece gravísimo.
¿Dónde está el buen periodismo?
Mira a Santiago Pavlovic, a Amaro Gómez-Pablos, a Daniel Matamala, a Cony Santa María, a Paulina de Allende, a Carola Fuentes, a Andrea Palet, a Claudia Alamo, Mónica González y me quedo corta. Es cosa de ver todo el trabajo que hace Ciper. Te estoy nombrando a gente que se levanta con la convicción de que su trabajo es importante. Cuando sientes que tu trabajo es importante lo haces en serio. Vas e investigas, chequeas, rechequeas y eres reflexivo.
¿Qué es lo que más afecta negativamente al periodismo?
La frivolidad, y cuando digo frivolidad no me refiero a la mirada estética de la vida que, por lo demás, me parece correcta. Me refiero a tomarse todas las cosas a la chacota. La gran diferencia con respecto a cualquier persona que comunica algo en su facebook o en su twitter es que el periodismo se hace cargo de lo que informa. Hay un código de ética que, si bien puede variar de un medio a otro, es claro: nos hacemos responsables.
Pero están los periodistas que hacen publicidad, que hacen comunicación política, los que persiguen a la Vale Roth…
Perdón, estudiar cinco años para perseguir a la Vale Roth no es periodismo.
¿Por qué?
Porque si bien puede resultar entretenido, no es relevante. La persona que lo hace puede ser periodista, pero eso no es periodismo porque este oficio se hace cargo de lo relevante y no solo de lo interesante. En clases siempre digo: "¿Alguien quiere saber con quién anda tal futbolista?". Y algunos alumnos se ríen mientras otros miran extrañados. "Bueno, que levante la mano el que está interesado". La levantan algunos. "Bueno, a los que no les interesa los invito a abandonar la sala ahora porque yo voy a decir con quién anda ese futbolista y, como a ustedes no les interesa, mejor salgan". Ahí les digo que hay que transparentar y abandonar el cinismo. A mí me interesa saber con quién anda Alexis Sánchez. La reflexión apunta a entender si eso es o no interesante y qué es lo relevante. El periodismo es, antes que todo, relevante. Hay muchos periodistas dedicados solo a lo interesante y desde mi punto de vista no están cumpliendo su rol. Están haciendo entretención, sí, pero no periodismo. Hay otros que trabajan en relaciones públicas, y está bien, pero eso no es periodismo. Y esa nebulosa hay que despejarla cuanto antes.
¿Dónde está el futuro del periodismo?
Las historias están en los datos y no en las opiniones. El futuro está en contrastar los discursos con las cifras, en entender los números e interpretarlos. Reportear las elecciones pasa por eso: por observar y conversar con fuentes que no son necesariamente las oficiales.
¿Qué piensas de la libertad e independencia en tiempos de twitter?
Los periodistas o personas que tienen credibilidad en las redes sociales deben transparentar que están contratadas por empresas en vez de que te digan "qué rico volar a Antofagasta, como siempre Lan llegando a la hora con su estupendo servicio". Esto de quién financia tu trabajo es un tema fundamental. Recuerdo una vez que William Langewiesche, periodista de Vanity Fair y de Atlantic Monthly, vino a entrevistar a Douglas Tompkins, y Tompkins le dice: "Subamos a mi helicóptero, que te voy a mostrar mi parque y bla, bla, blá". Entonces Langewiesche le pregunta cuánto cuesta la hora de vuelo. Tompkins le dice que no hay problema, que es su helicóptero. El periodista insiste: "Señor, no se preocupe, no le pagaré yo sino que mi revista, pero debe decírmelo ahora o si no yo no me puedo subir". Listo, se dieron la vuelta, Langewiesche sacó su reportaje y la revista depositó los gastos del paseo. ¡Imagínate la independencia! Hay que tener recursos y dar tiempo a los periodistas para que investiguen. Este tema me interesa mucho: cómo vamos a salvar el buen periodismo.

EL OSCAR DE LA PRENSA
Uno de los mayores logros de Andrea como directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado fue haber creado, en 2003, el Premio Periodismo de Excelencia (PPE), que año a año con un jurado de calidad, que incluye plumas internacionales, premia a los mejores trabajos periodísticos del país y los edita en un libro de colección. Entre otros, se ha premiado a varias investigaciones incómodas para el poder, que han develado irregularidades del Estado, lados B de negociaciones políticas o trastiendas de grupos terroristas.
Esos premios terminaron siendo como los Oscar del periodismo nacional…
No terminaron siendo así: fueron pensados con ese fin. Aunque el premio cumple un objetivo docente, porque recopila piezas de calidad que sirven para enseñar periodismo, la principal idea era mostrar el estupendo trabajo que muchos periodistas hacen y que no todo el mundo apreciaba.
¿Qué tan difícil fue?
Todos me decían que no iba a resultar. Para que el premio fuera independiente necesitábamos un jurado integrado por periodistas y, tan top, que no diera cabida a cuestionamientos. Nada de empresas ni auspiciadores ni directores de medios.
¿Qué importancia tuvo el sacerdote Fernando Montes, rector de la UAH en todo esto?
Fundamental. Cuando partimos, le dije: "Padre, somos capi, ¿verdad? ¿Usted me apoyaría en este asunto que significa independencia total?". Y él me dijo: "Vaya". Por nuestra culpa él se ha tenido que bancar situaciones muy feroces. Un empresario nos trató de boicotear. También ha tenido que lidiar con la incomodidad de la jerarquía de la Iglesia Católica frente a varios trabajos muy críticos. El padre Montes priorizó la libertad y la independencia del premio en circunstancias de que en Chile no hay mucha gente dispuesta a hacerlo. Siempre supe que nunca me iba a vender ni iba a vender el premio.
Cuando renunciaste, el año pasado, dejaste también el premio, que era tu creación, ¿por qué?
Cuando cierro una puerta, no miro más para atrás. Soy una bestia, porque creo que hay que andar liviano. Ya llevo muchas estupideces colgando, como levantarme cada mañana queriendo empezar un régimen, porque todas las mañanas de mi vida quiero ser flaca. Y así una serie de cosas, por nimias que sean, se transforman en una carga, y yo quiero andar liviana. En la medida que uno va caminando y envejeciendo hay que aligerar la carga. En ese sentido, cuando dejas cosas debes dejarlas de verdad. Creo que no hay que apernarse.
¿Buscabas reinventarte?
Nooo. Me enferma eso de mirarse el ombligo todo el día y de preguntarse ¿qué me pasa a mí?, ¿cómo me encuentro? ¿cómo me reinvento?, ¿cómo me miro? Lo encuentro de una siutiquería brutal. Me da vergüenza ajena. Ya di lo que podía dar en el premio y en la universidad, y listo. Eso es.
"¿Por qué cuando llega una visita a la casa de alguien, saluda de beso a la prima del dueño de casa que no conoce y a la empleada o al jardinero no, si tampoco la conoce?". Yo saludo de beso a todo el mundo. Porque creo en la amabilidad y porque me rebelo a la estratificación hasta de los besos".
LA PEQUEÑA LULU
Andrea equilibra la vida cotidiana con seis hombres (su esposo y cinco hijos entre 15 y 25 años) pasando tiempo con sus hermanas y su mamá. También con sus amigas. Su padre, Javier Vial, –empresario bancario que entre los años 70 y 80 fue uno de los hombres más ricos de Chile, y que entre 1983 y 1984 pasó nueve meses preso en Capuchinos acusado de infringir la Ley de Bancos– falleció en 2004. Seis meses después, la Corte Suprema lo absolvió de todos los cargos. Dice Andrea:
–El día que eso ocurrió me llené de felicidad, pero también sentí un desgarro tremendo; el dolor de constatar que él ya no estaba aquí para disfrutarlo.
¿Qué tan hija "de" eres?
La hija de mi papá no más, un hombre importante para este país desde su rubro, desde su trabajo. Y qué puedo decir, yo tengo muchas cosas de él. Él fue un soñador y yo te podría mostrar una carpeta llena de mis proyectos frustrados. Soy apasionada como él. La verdad es que no me jode ese cuento. ¿Y quién dice que soy hija de? Un grupo de personas que no me importan tanto.
¿Nunca te sentiste en conflicto?
Tal vez cuando joven, porque me gustaba el periodismo económico. Pero, espera, con todos los privilegios que he tenido en mi vida conozco a gente en todos los estamentos del poder y me tengo que mover ahí, pero, como decía la Tina Brown, estoy clara que son contactos y no amigos. Y priorizo ser periodista a ser amiga. Mira, si al final haces las cosas seriamente –me gusta esa palabra, 'seria'–, no hay conflictos.
¿Qué te indigna de lo que hoy ves en Chile?
El racismo, el bullying que se le ha hecho en todos los estratos sociales al extranjero latinoamericano. No es lo mismo decir: "Mi hija pololea con un alemán que conoció en la universidad y estamos felices" a contar: "Mi hija está pololeando con un boliviano que conoció en el taller de artesanía en el GAM". Yo me rebelo ante el racismo, la injusticia, el cinismo arraigado. También la falta de amabilidad. Hay que ser amable. Y con todos. Yo me pregunto: "¿Por qué cuando llega una visita a la casa de alguien, saluda de beso a la prima del dueño de casa que no conocen y no a la empleada o al jardinero?". Yo saludo de beso a todo el mundo. Me rebelo a la estratificación hasta de los besos.

¿Qué te parece que, en el siglo XXI, con miles de mujeres en el mundo laboral, todavía sea tema la escasa participación de la mujer, el debate sobre una ley de cuotas?
Tengo sentimientos encontrados con eso. Me rebela que exista el Sernam, por ejemplo. Podría existir el Serhom. A ver, cómo contesto. Me incomoda hablar del "rol" de la mujer. No me gusta esto de que haya políticas especiales para la mujer, pero creo que son necesarias. Seremos una sociedad libre y justa el día en que todos podamos acceder a trabajos independientemente de nuestro género. Lo que todavía no ocurre. Chile va a ser desarrollado cuando todos puedan llevar adelante sus proyectos sin que importe tu género, ni la edad, ni dónde naciste, ni dónde te educaste.
¿Por qué, entonces, te incomoda hablar del "rol" de la mujer?
Me carga, porque hay mujeres increíbles y también hay hombres increíbles. A mí me gusta hablar de cuál es el rol de las personas. La otra frase que me carga es "pongámonos en presencia del Señor", porque, o sea, perdón, ¿acaso no estamos todo el día en su presencia?
¿Cómo vives el catolicismo?
Soy católica. Creo absolutamente en el cristianismo como una forma de vida. Soy creyente. Pero soy más jesuita que otra cosa y vivo el catolicismo desde el cuestionamiento.
"Me rebela que exista el SERNAM. Podría existir el SERHOM. No me gusta que hayan políticas especiales para la mujer. Seremos una sociedad libre y justa el día en que todos podamos acceder a trabajos independientemente de nuestro género. Lo que todavía no ocurre".
¿Qué cuestionas?
Me pregunto mucho si Dios existe y me lo pregunto sin atormentarme, porque creo en la libertad. Creo en la libertad de las personas pero también creo en lo colectivo. Creo y quiero que caminemos juntos y no me importa caminar más lento si vamos todos, y eso es cristiano. Pero también creo que enarbolar las banderas de la religión ha creado dolores espantosos en la historia de la humanidad. Tengo esa contradicción.
¿Te cuestionas también las trabas a las libertades personales que impone la doctrina de la Iglesia?
De todas las religiones, creo que el catolicismo es la más inclusiva. Por lejos. Porque permite que gente como yo, que está de acuerdo con las uniones homosexuales y con el divorcio, por ejemplo, cuestione los dogmas. No existe otra religión que lo permita. Yo, que estoy en contra de muchos de sus postulados, sigo sintiéndome católica. Y me siento ligada al catolicismo que se instauró hace dos mil años, no tanto al de hoy, con toda esta arrogancia y ese secretismo. El catolicismo no está solo en el Vaticano ni en las iglesias. Te digo más: es ahí donde menos está.
Declararse católico es difícil hoy, ¿hay gente que te lo enrostra? Así como "qué poco cool"?
¡Qué agotador ser cool!, qué atroz y difícil es ser progre, estar en la vanguardia. Prefiero tener amigos que hacen esa pega. A mí déjenme ser mamona, como la pequeña Lulú: un personaje pasado de moda, ingenuo pero mandón y, sobre todo, buena onda.

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