La realidad de los hogares monoparentales

Los datos proporcionados por Fundación Colunga nos ayudan a dimensionar una de las grandes problemáticas que afectan a nuestra sociedad en la actualidad: la maternidad como factor de desigualdad y pobreza en mujeres y niños/as, en tanto tener hijos/as afecta las oportunidades de desarrollo e impacta en los ingresos del hogar. Claramente, donde más se evidencia esta realidad es en los hogares monoparentales liderados por mujeres en el que viven niños y niñas.
En los análisis de las brechas de género se puede observar la posición de vulnerabilidad en la que se encuentran especialmente las mujeres que son madres y tienen la responsabilidad del cuidado de niños, niñas y adolescentes (Goldin, 2022). Estas mujeres realizan esfuerzos significativos para cubrir todas las necesidades y demandas que implica llevar un hogar, muchas veces, por sí solas, con alto nivel de estrés, afectando su bienestar y el de sus hijos/as.
No es casual que la pobreza en nuestro país se encuentre principalmente focalizada en estos dos grupos de la población, mujeres madres y niños/as (CASEN, 2022), en donde se condensa la vulnerabilidad y se acrecientan las brechas de género y de desigualdad desde la niñez. El empobrecimiento por maternidad es evidente y su perpetuación en las nuevas generaciones es un asunto de primera importancia que no nos puede dejar indiferentes.
Como Fundación Emma, acompañamos de cerca la realidad de las mujeres madres, y buscamos contribuir a su empoderamiento materno y económico. Sin embargo, la pobreza de ingresos en los hogares monoparentales femeninos representa un desafío significativo mayor que requiere de la activación y articulación de distintos actores sociales, entre ellos el Estado, la Sociedad Civil y el Sector Privado.
Superar las brechas que afectan a la mujer que es madre impacta directamente en la superación de la pobreza infantil y adolescente. Para lograrlo, es importante avanzar en la creación de políticas públicas focalizadas con un enfoque de género, siendo esencial dejar de invisibilizar la maternidad y comenzar a considerarla como prioritaria en sí misma, atendiendo a sus necesidades específicas.
Entre otras, políticas que promuevan la corresponsabilidad parental, a través de la participación activa y más equitativa de los hombres en la crianza y en el trabajo dentro del hogar. Asimismo, se debe fortalecer la corresponsabilidad social en los cuidados mediante el acceso a salas cuna y jardines infantiles. Esto contribuirá significativamente a conciliar la maternidad con la generación de ingresos, permitiendo la sostenibilidad de las trayectorias laborales de las mujeres que son madres. De este modo, se evita que se vean obligadas a transitar hacia la informalidad o la precarización del trabajo formal. Por último, y no menos importante, garantizar el acceso a salud mental materna, clave para el desarrollo saludable de los niños/as.
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