María Cotal, presidenta del sindicato de Trabajadoras de Casa Particular: "Eso de que somos parte de la familia, son puros clichés"

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Dirigenta de las trabajadoras domésticas, María Cotal dedica gran parte de su tiempo a explicarle al mundo que, al interior de las casas, ellas también tienen derechos laborales. En un momento en el que las consecuencias de los trabajos precarizados se han visto agudizadas por la crisis, como gremio denuncian las injusticias y piden que Chile respete sus derechos y los tratados internacionales que se ha suscrito en la materia. "Con esta crisis hemos visto la peor cara de la elite", asegura.




Son pasadas las 21:00 de un día de semana cualquiera y María Cotal, presidenta de la Federación de Sindicatos de Trabajadoras de Casa Particular, recién tiene tiempo para contestar el teléfono. En medio de malabares para lograr abarcar el trabajo de la organización, que en tiempos pandemia se concentra en llamadas telefónicas y WhatsApp para coordinarse entre las asociadas, la dirigenta tiene que cumplir también su jornada laboral puertas adentro con la misma familia con la que trabaja hace más de treinta años en el sector oriente de Santiago.

Al hablar de las condiciones de su gremio, María muestra una visión global, porque a través de los chats que integran las dirigentas de la Federación Internacional de Trabajadoras de Hogar (FITH) habla con trabajadoras domésticas de territorios como Hong Kong -donde está la sede central- y El Salvador. Según la dirigenta "en pocos países se han tomado medidas tan frontalmente perjudiciales como el dictamen de la Dirección del Trabajo", que exime de la obligación de pagar sueldos a los empleadores en el contexto de crisis, dejando sin certezas económicas a sus trabajadores y trabajadoras.

Es por eso que como sindicato han hecho un llamado a la empatía con el mensaje "Cuida a quién te cuida", un proyecto de ley que presentaron junto a las diputadas del Frente Amplio, Maite Orsini y Claudia Mix, que busca principalmente proteger a las 300 mil mujeres que se dedican a este rubro del despido y el desempleo, tema que está resultando crítico durante la pandemia. Juntas, también enviaron una carta al Presidente Piñera pidiendo que le ponga urgencia a su tramitación. Aun no han tenido respuesta.

Un camino de organización

"Tengo útero y cinco hijos", explica María, para contar que la primera piedra de tope que sintió en el mundo laboral, en plenos años '80, fue cuando trabajaba como técnico forestal en la Octava Región y sostenía a su familia. "Tenía que ganarme el espacio entre hombres, ya que las mujeres no eran muy bien vistas en las cuadrillas de trabajadores", recuerda.

Luego, vino la incomodidad ante la injusticia, pues ni ella ni sus compañeros tenían un espacio donde comer ni condiciones mínimas de aseo en el trabajo. Fue eso lo que la llevó a querer organizar un sindicato, pero alguien la delató y la despidieron a ella y a quienes la habían seguido. Eso se repitió en su siguiente trabajo como técnico forestal, en la Quinta Región. "Nunca aprendo", dice entre risas.

Desesperada porque tras estos despidos le estaba costando mucho volver a encontrar trabajo en el rubro forestal, por sugerencia de una amiga decidió presentarse a un puesto como empleada doméstica en una casa. "Cuando una tiene responsabilidades, cualquier dinero es bienvenido", dice, agregando que luego de haber trabajado toda su vida fuera del hogar, partió confesándole a su jefa que no sabía mucho de esas labores. Pero que no por eso no podía aprenderlas. A su empleadora le gustó su honestidad. Treinta años después, sigue trabajando junto a la misma familia.

Se demoró cerca de cinco años en encontrar su gremio. Sus ganas de participar en organizaciones sindicales continuaba, así que se acercó primero a grupos vinculados a la construcción. Hasta un 1 de mayo, mientras oía el acto central del Día del Trabajo durante su jornada laboral, escuchó a Emilia Solís, una dirigenta que llamaba a todas las trabajadoras domésticas a organizarse. Al aire, dejó un número de contacto, que María alcanzó a anotar. "La contacté y descubrí este mundo", recuerda.

Junto a Emilia Solís fundaron el Sinducap (Sindicato Único de Casa Particular), que actualmente se dedica especialmente al trabajo con mujeres migrantes. Años después, y tras una serie de encuentros y desencuentros, María decidió quedarse en Sintracap, un espacio que tiene décadas de existencia y presencia en distintas regiones del país.

"Hace unos años nos pusimos más combativas", reflexiona María, explicando que tomaron más impulso con la llegada de la histórica dirigenta Ruth Olate y la articulación que desembocó en la promulgación de la Ley 20.336, que reconoce la existencia del trabajo en casa particular y, entre otros puntos, obliga a que exista un contrato entre ambas partes delimitando las jornadas, los días de descanso, el salario, las labores que cumplirá la trabajadora y garantizando el pago de imposiciones. Lamentablemente, según explica María, esto es algo que se cumple en menos de la mitad de los casos.

¿Qué han debido enfrentar con esta crisis?

Con la pandemia hemos visto el verdadero rostro de la elite chilena, porque se pusieron a prueba las precarias condiciones que se mantenían adentro de muchos de los hogares. Muchos empleadores han mostrado que no somos importantes para ellos. Eso de que somos parte de la familia, son puros clichés. Nos han llegado denuncias de todo Chile, contando de despidos, rebajas de sueldo o que la exigencia para muchas de las trabajadoras puertas afuera para conservar su trabajo es que se queden encerradas junto a la familia puertas adentro.

Participaron activamente en la pasada movilización del 8M. ¿Cuál es su relación con el movimiento feminista?

Leyendo documentos del sindicato he podido ver que existen varios acercamientos con el feminismo en distintas épocas. Pero actualmente existe una incongruencia, dado que algunas mujeres que se reconocen feministas tienen a otras mujeres en su casa para cubrirlas mientras ellas se desarrollan. Es complicado este tema, porque cuando llegan las conquistas no se acuerdan de la que está en su hogar. Nosotras necesitamos a las empleadoras, en especial a las que se sienten parte del feminismo, ya que si ellas se organizan pueden convertirse en la contraparte para que podamos tener una mesa tripartita compuesta por nosotras, quienes nos emplean y el Estado, e iniciar así un proceso de negociación colectiva. Esto nos permitiría hacer efectivas las obligaciones que plantea el Convenio 189 de la OIT que, entre otras cosas, regula las jornadas de descanso y el pago de horas extra, además de comenzar un proceso de profesionalización del rubro. Por eso es importante que cuando nosotras luchemos, nuestras empleadoras también lo hagan.

¿Qué prioridades crees que hay de parte de las autoridades para enfrentar la crisis en relación a las trabajadoras?

En Chile se está priorizando la economía por sobre las vidas, y eso lo vemos en cada despido abusivo y en cada sueldo sin pagar. Lo vemos también en la compañera que después de años de trabajo es despedida un sábado después de almuerzo, sin ningún aviso previo ni preocupación, solo porque está comenzando esta crisis. Lamentablemente, en estos días ha quedado demostrado que vamos a ser nosotras, las ciudadanas de a pie, las trabajadoras, las personas pobres, las que vamos a pagar el costo de todo esto. Y quizás hasta con la vida.

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