Nicole Dimonte, psicóloga: “Para lograr una coparentalidad saludable y positiva, es clave que la pareja converse sobre lo que están viviendo”




“La llegada de un bebé, además de los cambios físicos que conlleva, contempla una serie de cambios psicológicos que van a impactar en nuestra manera de ser y estar en el mundo. A través de diferentes preguntas iremos reflexionando sobre los cambios y desafíos de esta etapa. Pero a diferencia de lo que muchas veces ocurre, estas interrogantes están enfocadas no sólo en lo que le sucede a la mujer gestante, sino que también a su pareja y/o adultos que se involucren en los cuidados y en las relaciones que se dan entre estos. Porque el nacimiento de un bebé muchas veces coincide con el nacimiento de una madre, un padre y también una familia; y la coparentalidad se trata de la capacidad que, en conjunto, tengan de coordinarse en función de los cuidados y la crianza”, dice la presentación del libro de Editorial Cuarto Propio, Coparentalidades, Transiciones y (des) encuentros con la llegada de un hijx, que acaban de lanzar las psicólogas Francisca Pérez y Nicole Dimonte, y la socióloga Valentina Arriagada, y que está a la venta en librerías.

Este es un proyecto que se construyó desde tres lugares: la experiencia de las autoras como madres y como mujeres orbitando cercanas a los procesos de coparentalidad; luego desde su experiencia profesional; y en tercer lugar, desde su trabajo de investigación a través de un proyecto financiado por Fondecyt, cuyo foco fue la comprensión de los procesos psicológicos y relacionales por los que atraviesa una pareja a la hora de convertirse en madres y padres. “El haber hecho un horario también nos ha ayudado a bajar la posibilidad de pelea”, o “Hemos tenido períodos en los que nos ha costado mucho sentirnos comprendidos el uno por el otro, poder visualizar lo que necesita el otro”, son algunas de las viñetas o relatos en primera persona que obtuvieron de la investigación y que se incluyen en el texto para dar cuenta de cómo el puerperio –entre otras cosas– impacta en las relaciones interpersonales, es decir, en la manera en que interactuamos con nuestros cercanos.

Según el texto, para quienes están en una relación de pareja, pasar de ser dos a ser tres puede generar ciertos conflictos o aumentar tensiones que ya existían, ya que hay que ir aprendiendo a ponerse de acuerdo respecto a los cuidados y las tareas domésticas en el nuevo escenario que plantea la llegada de un bebé. Es un desafío buscar la manera de poder trabajar como equipo en la tareas de crianza, pudiendo coordinarnos y apoyarnos mutuamente, desde el respeto, la escucha y la empatía. “Que la coparentalidad se desarrolle de manera positiva, independiente si se encuentran o no en una relación de pareja romántica/sexual, requiere de un diálogo que permita negociar y distribuir las tareas domésticas y de cuidado de forma justa. Esto permitirá que la pareja y/o cuidador principal sienta que cuenta con apoyo, de modo que cada uno tenga la oportunidad de participar y atender las necesidades del bebé en un clima afectivo, de respeto y validación mutua”.

Una de las autoras, Nicole Dimonte, psicologa clinica perinatal, creadora de @criardelamano y miembro del directorio de la Red Chilena de Salud Mental Perinatal, quien además hace dos meses fue madre de su segundo hijo, dice que sobre todo la llegada del primer hijo o hija implica muchos duelos y muchas caídas de expectativas. “Es encontrarte con una manera de ser madre y padre en un sistema patriarcal y de consumo, que es la cultura en la que vivimos, que hace las cosas difíciles. Uno no logra dimensionar lo que es, hasta que lo vive. Y por tanto se habla de una crisis adaptativa, en la que hay que re acomodarse en una nueva configuración familiar e identitaria”, explica.

En el libro dicen que en el diálogo que tengamos con nuestra pareja o acompañante de crianza en relación con nuestro rol y responsabilidades, puede ocurrir que se tiendan a reproducir actitudes o pensamientos aprendidos a lo largo de nuestra historia y socialización. ¿Cómo se maneja eso?

Por ejemplo, el pensar que las mujeres somos expertas en crianza, que la principal responsabilidad del hombre es ser buen proveedor; o que es la mujer la que dirige y/o se hace cargo de las labores domésticas, mientras que el hombre asume el rol de ayudante. Todas estas son efectivamente creencias que se han aprendido a lo largo de nuestra historia y, por tanto, todos y todas crecimos y nos socializamos con ellas. Desde este punto de vista se hace más difícil avanzar a una coparentalidad sana, porque los cuidados siguen estando asociados a lo femenino.

También es importante tener en cuenta que, por mucho que la pareja de crianza busque construir un estilo de crianza que sea más compartido, existen barreras sociales y culturales que obstaculizan una distribución más equitativa de los cuidados. En sociedades patriarcales imperan una serie de creencias que promueven los roles de género diferenciados para mujeres y hombres que refuerzan roles estereotipados.

¿Estos roles alejan a los hombres de la crianza?

El patriarcado tambien tiene efectos en las masculinidades, en esto de no poder expresar afectividad, estar muy poco conectados con lo que les pasa. En el lanzamiento del libro estuvo invitado el psicólogo e investigador Francisco Aguayo (@eme.masculinidades) y él decía que es difícil, tanto en investigación como en literatura, encontrar información sobre lo que le puede pasar a las parejas, no solo a la mujer, con la llegada de un hijo. La invitación es poder involucrar desde un principio a la pareja, porque para las mujeres es más “fácil” porque tienen una guagua en la guata que se siente. Los hombres deben seguir saliendo a trabajar, en jornadas ridículas que no les facilitan ese acercamiento. Entonces hay un choque del sistema con procesos más amorosos y saludables. Y frente a esto, una de las estrategias es generar esos espacios para que el hombre pueda involucrarse desde los inicios; comprender que si bien hay diferencias, es la mujer la que está gestando, va a parir y amamantar, hay otro rol central que tiene que visibilizarse. No basta con cinco días de permiso para los hombres, la mujer no puede seguir haciéndose cargo sola.

Y respecto de la pareja, ¿es necesario entender que la llegada de un hijo inevitablemente modifica el vínculo?

Hay que asumir que hay un cambio en mí y también en él y en nosotros (cuando hablamos de una pareja heteronormada). Porque un hombre también se puede ver tremendamente interferido por un posparto. Me encantaría decirte que la clave de una coparentalidad saludable es una corresponsable, pero aunque eso suene hermoso, no siempre están dadas las condiciones. Y por eso la invitación es a hacerse preguntas asumiendo que va a haber una crisis; los cambios conllevan tensiones, dificultades, desajustes e incluso destrucción hasta que uno se vuelve a ajustar. Entonces quizás la apuesta no es que la pareja no discuta o no deje tener sexo por un tiempo, si no que sean capaces preguntarse y conversar sobre el proceso que están viviendo, no como un proceso solo de la mujer sino que de ambos, de la familia.

Hacer el duelo personal de dejar ir a quien uno era, a quienes éramos...

La palabra duelo asusta y uno la tiene muy atribuida a la muerte física, pero acá hablamos de procesos de micro duelo, desde cosas cotidianas en torno a lo femenino como ‘no me puedo poner el pantalón que usaba antes’; o en el caso de la pareja, la pérdida de algunas libertades como irse juntos el fin de semana a un lugar de descanso o salir a comer solos en cualquier momento. Todo esto afecta de manera distinta en las personas, en las mujeres, y chocan con la institucionalidad de la maternidad, con ese deber ser impuesto socialmente. Todo esto dificulta la posibilidad de ‘vivir ese duelo’ y en algún momento entregarse a decir, ya no soy quien era antes, ahora soy otra; ni mejor ni peor, distinta. Si no nos damos espacio para vivir esto, puede haber malestar anímicamente hablando. Y también entre la pareja.

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