¿Un clavo saca a otro clavo?




¿Quién no conoce a alguien que ha iniciado un romance inmediatamente después de que lo dejaran o de haber roto una relación? O quizás lo haya vivido en carne propia. Se trata de algo tan común, que hasta existe una frase para ello: Un clavo saca a otro clavo. Pero, ¿es la mejor alternativa?

La expresión viene de un proverbio grecolatino, que utilizaron filósofos tan notables como Aristóteles y Cicerón, en el sentido de “un nuevo amor saca al viejo amor, como un clavo a otro”. O sea, para referirse a las penas de amor, aunque también puede aplicarse a una situación conflictiva, en que la aparición de un nuevo problema hace olvidarse del primero.

Cuando una relación termina, el dolor puede ser intenso y profundo. Para evitar la desazón hay quienes, precisamente, se embarcan en un nuevo vínculo. “Las estrategias para lidiar con la pena y el dolor de la ruptura están asociadas a las historias de apego y desapego individual, así como también al significado que cada uno le otorga a la relación, a la elaboración de las experiencias de pérdida previas y a la profundidad del vínculo con el otro. Hay quienes rápidamente buscan disminuir el malestar, utilizando distintos mecanismos, como involucrarse en nuevas relaciones para volver a sentirse acompañados, deseables; recuperar la autoestima o, simplemente, para olvidar y no conectarse con las emociones dolorosas que pueden estar emergiendo”, señala Eliana Heresi, psicóloga especializada en familias y parejas y académica de la Universidad Diego Portales (UDP).

Cambiar de pareja, de golpe, implica no detenerse a ponderar lo que está pasando interiormente. Por mucho que se quiera pasar a otra cosa rápidamente, los duelos amorosos tienen sus propios tiempos: aproximadamente de seis meses hasta dos años. En tanto, el 90% de las “relaciones rebote” (rebound relationships, en inglés), se terminan al cabo de tres meses, según un artículo de Lifehack.org, plataforma dedicada a brindar datos útiles para “mejorar aspectos de la vida”.

El consejero sentimental de un sitio pionero de internet definió este tipo de lazos como “un intento errado de seguir adelante con nuestras vidas”, porque se corre el riesgo de entrar en una nueva historia por las razones equivocadas, además de herir a alguien más en el proceso. Por ejemplo, puede que una persona “utilice” a otra para ahuyentar la soledad o para sentir que nuevamente es atractiva para alguien o, incluso, para darle celos a sus ex, en una especie de revancha.

“Mas que si involucrarse en una relación nueva es bueno o no, sería válido preguntarse si esta forma de sobrellevar las pérdidas genera aprendizaje relacional para experiencias futuras. La elaboración del duelo es necesaria, aunque no siempre gratificante, para analizar el tipo de vínculo que establecemos con otros; si estamos repitiendo modelos que no son positivos; si nos involucramos en vínculos dañinos sin percatarnos; si lo que nos mueve es la dependencia emocional y no la calidad de la relación en sí misma. Esta reflexión es imprescindible para la modificación de patrones relacionales y para conectarse con las necesidades genuinas de mantener una relación amorosa positiva”, analiza Heresi.

Alivios, apegos y consumo

Si una pareja se acaba, los ex integrantes ya no gozan del lugar que ocupaban. Llenar ese vacío con otro u otra puede traer más dolor, ya que es probable que se arrastren al nuevo vínculo cosas sin resolver del anterior. Por otro lado, en caso de que quien termine la relación ya no ame a su ex, puede que se sienta liberada, que disfrute de que la miren con nuevos ojos o de la posibilidad de experimentar nuevas vivencias.

“El término de una relación puede ser vivido de distintas formas, dependiendo de la profundidad del vínculo previo a la separación, de las características relacionales individuales, así como de la comprensión de las razones de la ruptura”, enumera Heresi. “En algunos casos, puede ir acompañado de sentimientos de alivio, cuando se está involucrado en algo que se ha ido deteriorando con el tiempo o donde no hay expectativas positivas de una proyección a más largo plazo. Independientemente de lo anterior, es frecuente que el quiebre conlleve sentimientos de pérdida similares a un duelo, con impacto en el estado de ánimo, sensación de soledad y vacío, así como también muchas veces tiene repercusiones en la concepción de sí mismo, en particular cuando la separación es decidida unilateralmente”, agrega.

¿Por qué algunos pasan de una relación a otra, como si nada, mientras otros no pueden ni siquiera imaginarse estar en brazos de una nueva persona? “Aquellos que establecen vínculos más transitorios o más desligados, probablemente ocuparán estrategias de sustitución del otro y no experimentarán tanto sufrimiento al término. En el otro polo, están quienes tienden a apegarse excesivamente, por lo que sentirán un gran vacío físico y afectivo. Este grupo podría utilizar mecanismos de resistencia a terminar la relación, al conservar al otro en su mente por mucho tiempo, ya sea buscándolo activamente o manteniendo la esperanza de volver a estar juntos”. Por último, están “las personas que experimentan la tristeza y el vacío de la pérdida, el duelo de la separación, pero que lograrán aceptar lo inevitable y reconstruirán su vida”.

Heresi dice que es posible que un clavo saque a otro clavo. “De hecho, es un mecanismo frecuente en personas que evitan conectarse con sentimientos de dolor, soledad o de fracaso. Esto aumenta más aún en nuestra cultura, donde la idea del consumo se asocia a bienestar y felicidad. Así, el consumo puede abarcar las relaciones, por lo que puede servir de alivio momentáneo, por la euforia y excitación que implica establecer un vínculo nuevo. Sin embargo, no deja de ser una estrategia de evitación, como lo puede ser recurrir al consumo de alcohol o drogas para curar las penas o para el olvido“.

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