Viviana Apud: “Tienes la opción de salir adelante o quedarte pegada en el dolor, y si te quedas así, inmóvil, se pierde la vida”




Siendo sincera, me encantaría no tener esto, pero gracias a Dios soy una persona optimista y he logrado tomar mi dolor de buena manera. Todo partió en febrero del 2005. Iba de acompañante en una moto, en plena carretera. Se puso a llover, y a pesar de que la lluvia nos pareció amenazante, decidimos seguir en la ruta porque no había nada cerca donde refugiarse.

Con la cantidad de agua que cayó, se hizo una especie de jaboncillo en la carretera y fue así como patinamos y nos caímos. En ese accidente me pasó de todo: se me rompió una arteria, se me perforó un pulmón y estuve a punto de morir. Pasé un mes en la UTI. Y entre todas estas cosas, me corté los nervios del plexo del brazo izquierdo. Esto implicó que perdiera la movilidad del brazo y que viva, hasta hoy, con dolor neuropático.

En esos años poco se sabía de los nervios periféricos en Chile, incluso estuve internada en una de las mejores clínicas nacionales y no supieron qué hacer con mi brazo. Un año después, viajé a Argentina. Me habían recomendado a un doctor que se suponía que me podría ayudar. En ese tiempo me gastaba la vida entre hoteles, aviones y recuperaciones. Según él en cada operación yo iba recuperando movilidad y de a poco se me iba a quitar el dolor, pero yo me sentía igual que antes. Me operó unas 12 veces y eran procedimientos de más de diez horas, pero no avancé nada. También probé con un doctor brasileño que me hizo un procedimiento muy delicado a través del cual cauterizó el nervio de la columna cervical, que es sensitivo. Supuestamente esto era para aliviarme el dolor, sin embargo, tampoco funcionó del todo. Me duró muy poco el alivio, solo un par de meses.

Vivir con un dolor así es complejo. Me pasa que cualquier cosa que me afecte emocionalmente, de alguna manera activa este dolor. No sé cuál es la explicación científica, pero es parecido a lo que les ocurre a las personas que tienen migraña o colon irritable; frente a diversas emociones el cuerpo reacciona y se manifiesta el dolor. Y estar con un dolor permanente cansa. Me cuesta hacer varias cosas, pero muchas veces no digo nada. Hay días que estoy con crisis de dolor, pero como he tenido planificadas actividades de trabajo o instancias sociales, no puedo dejar todo de lado y quedarme en cama pasando la crisis; no les puedo decir a mis hijas o a mi pareja que paren su vida por culpa de mi dolor. No estoy dispuesta a hacerlo.

Después de los diversos intentos de tratamientos fuera del país y acá, con cirugías y pastillas, probé las terapias alternativas. De todas las que se pueden imaginar. Y pienso que de todo eso, algo que me ha funcionado es el yoga y la meditación, porque sirven para controlar la mente, más que para quitar el dolor.

Cuando por primera vez fui a la consulta del doctor Raúl Schmidt, una de las cosas que me gustó fue que no me llenó de fármacos. Él me da un solo remedio y también uso unos parches especiales. En complemento a esto, cada 15 días me infiltra. El efecto me dura dos semanas y es fantástico, ha sido un gran alivio.

A veces siento que no puedo más con esto, pero tengo hijas y son ellas mi motor. De hecho, siempre digo que no me morí en ese accidente gracias a ellas. Son las que me dan la fuerza para seguir, porque además estoy separada y tuve que buscar la manera de seguir trabajando para salir adelante económicamente.

Han pasado los años y hoy, además de madre, soy abuela. Hay veces en que mi nieta me pide que vayamos a jugar a la cama elástica, mi hija y yo le explicamos que para mí es difícil porque me duele, pero son niñas, no entienden, y yo lo hago igual. Finalmente son esos espacios los que podemos compartir juntas, a pesar de mi dolor. Es más, intento hacer de todo: cambio pañales, manejo, incluso aprendí a hacerme moños, algo que a comienzos de mi recuperación se veía lejano. Trato de recordar cómo ocupaba el brazo antes del accidente para hacer estas cosas, y busco una forma de reemplazar ese movimiento. Fue así como aprendí a hacer de todo nuevamente.

Por eso siempre digo que en esto lo más importante es la decisión de cada uno; tienes la opción de salir adelante o de quedarte pegada en el dolor, y si te quedas así, inmóvil, se pierde la vida.

Viviana Apud es Ingeniera Comercial con mención en Economía y Administración y tiene 57 años.

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