Wini Walbaum, YouTuber huertera: “Cultivar tus propios alimentos es romántico y es duro, pero es maravilloso”

Winni Walbaum Entrevista / Revista Paula Fotos: Alejandra González Guillén 22 de junio 2022 Santiago,Chile

Es abril de 2020, llevamos un mes confinados en nuestras casas por la pandemia de coronavirus, y en nuestra mente parece cada vez menos idílica la idea de irse a vivir fuera de Santiago. De poder despertar en medio de la naturaleza, de vivir más simple y más tranquilos. Dos años más tarde, muchos siguen con la idea de hacer un cambio de estilo de vida, pero saben que no es fácil. Revista Paula conversó con la YouTuber huertera Wini Walbaum, que hace ya tres años cambió el cemento de las veredas de Santiago por una vida abocada a la agricultura regenerativa y a la producción de sus propios alimentos a las afueras de la ciudad. En esta nota nos cuenta lo romántico, lo lindo y lo difícil que es comprometerse con esta manera de vivir.




A unos cuarenta minutos del centro de Santiago está el pedazo de tierra que conquistó Wini Walbaum (38) y su familia. A un lado hay un condominio de casas y, al otro, un terreno baldío. Parece conquista, porque al lado de la erosión y el cemento de la urbanización, lograron crear un espacio verde, con sombra y lleno de cultivos que los alimentan por temporadas completas. A partir de esa huerta, le enseñan a cientos en talleres online sobre agricultura regenerativa, es decir, a regenerar el suelo. Producen el 80% de la comida que consumen e incluso les alcanza para conservar para los meses de invierno. Años después de dar el paso de irse de Santiago, han logrado esta vida ‘de antes’, con más calma, que tanto querían.

¿De dónde nació la necesidad de irse a vivir fuera de Santiago?

Desde que le diagnosticaron alergia alimentaria a mi hija mayor, Olivia, sentí la necesidad de hacerme cargo de todo lo que comiéramos como familia porque una de las indicaciones del doctor para tratarla, fue evitar un listado enorme de verduras por los pesticidas que traían, y en cambio, nos recomendó comer orgánico, que es carísimo. En esa época vivíamos en un departamento en el primer piso, donde teníamos un pequeño patio de puro cemento. Ahí de a poco empecé con cosas chicas, tratando de entender cómo funcionaba un huerto, qué plantas podría tener en un espacio pequeño y cómo les afectaba la luz. Fue prueba y error, pero pude reemplazar algunos ingredientes importantes dentro de la cocina, aunque no era suficiente para alimentarnos como familia. Así seguí avanzando hasta que llegó el momento en que nuestra huerta servía para alimentar por completo a mi hija, y ahí me sentí casi guerrera. Estaba muy orgullosa además de ahorrarnos plata, pero también mucho veneno que venía en las verduras que comprábamos.

Winni Walbaum Entrevista / Revista Paula Fotos: Alejandra González Guillén 22 de junio 2022 Santiago,Chile

El huerto fue evolucionando y en el departamento no cabía ninguna planta más. Donde había un poquito de tierra había una planta, los maceteros que colgaban tenían frutillas y rábanos y era todo comestible. Decidimos que nos teníamos que mudar de casa para tener un patio más grande y empezamos a ver arriendo dentro de Santiago, pero el problema era encontrar una casa con patio que no fuese tan cara.

¿Cómo fue adaptarse a esta nueva vida con dos hijos chicos?

Cuando uno vive en Santiago y llueve, pisa cemento mojado. No se imagina que en en zonas rurales es distinto, que cuando llueve se hace un barrial. Hay cosas tan básicas como esa: qué es lo que vas a pisar cuando llueve, cómo te vas a proteger del sol y cómo hacer tu espacio más fresco. Cuando llegamos, nos moríamos de calor. Eran las once de la noche y los niños transpiraban. En invierno, lo mismo pero con el frío, las goteras en la casa, el darse cuenta de que la casa había quedado mal construída, que el auto se quedaba pegado y no podíamos salir y una serie de situaciones a las que no nos habíamos enfrentado antes, pero de las que aprendimos mucho.

Gerardo, mi marido, iba todos los días a su trabajo presencial en Santiago. El sacrificio era grande, porque tenía que salir temprano por el taco y llegar a la casa tarde por lo mismo. Casi no nos veíamos. Tampoco teníamos transporte público para movernos y tuvimos que asumir el costo económico que significa moverse en auto para todas partes.

Winni Walbaum Entrevista / Revista Paula Fotos: Alejandra González Guillén 22 de junio 2022 Santiago,Chile

En esa época fuimos pioneros en hacer ese cambio de vida. Mucha gente creyó que estábamos absolutamente locos. Y de hecho, muchas personas cuestionaron nuestra decisión porque no entendían cómo me quería ir si vivía en un lindo lugar, con todo cerca, y que tomara esta decisión solo por las plantas. Y es que en ese tiempo como que nadie se salía de su zona de confort: antes del estallido social, que muchos supermercados cerraron, hubo escasez de alimentos y muchos se plantearon la idea de irse de las ciudades, sentía que éramos como unos bichos raros, pero después la gente empezó a entender un poco más estas ganas de volver a tener una vida más simple.

¿Cuándo transformaste esto además en tu propio trabajo?

Con la evolución de mi huerto empecé a hacer talleres de huerto para principiantes. Al primer taller fueron tres personas y así fue por harto tiempo. Y es que cuando una tiene un sueño y está segura de que eso es lo que quiere hacer, explicarlo a quienes no lo entienden se hace difícil porque al final nadie decide trabajar en un huerto para hacerse rico, ni tampoco es una ‘pega’. Tienes que explicarle al resto que estás feliz y que eso es lo que importa. Eso en un comienzo me hizo sentir que lo que estaba haciendo era inútil, porque no se le daba valor. Pero después entendí que cuando una es tan feliz haciendo algo, dejas de explicarlo y te dedicas a ser feliz.

Llegó la pandemia, con ello el teletrabajo y el tele estudio y la dinámica en tu familia cambió: a tu marido lo despidieron de su trabajo y eso los llevó a trabajar juntos. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Con la pandemia tuve que cancelar todos los talleres, que los tenía vendidos meses para adelante, y rápidamente solucionar y hacer un taller online. En tres semanas grabé e hice todas las gestiones para tener un taller listo. Ahí nos dimos cuenta de que había mucha demanda. Las personas estaban en sus casas preocupadas de que les iban a cerrar los supermercados y que no iban a tener acceso a la comida, y otras tomaron el huerto como un hobbie durante el encierro.

Como era mucha pega y yo soy media despelotada, me empezó a ayudar Gerardo, que es productor, seco para el Excel y muy organizado. Empezamos a trabajar juntos y armamos una rutina para trabajar en ciertas partes del huerto. Él, que no cachaba nada de huertos, empezó a disfrutar mucho estar en estos proyectos, porque finalmente son puras inversiones que sirven para mejorar nuestra calidad de vida y además podíamos estar más tiempo juntos. Se empezó a enamorar de la vida campestre, de poder comer de lo que tú mismo cultivas y de convivir más con la tierra.

Winni Walbaum Entrevista / Revista Paula Fotos: Alejandra González Guillén 22 de junio 2022 Santiago,Chile

Algo similar les ha pasado a nuestros hijos, que los trato de incluir harto en las tareas del huerto, pero tampoco los presiono. Me gusta que ellos decidan si es que quieren o no ayudarme, para que no lo recuerden como una tarea horrorosa. Me ayudan a cosechar, que es lo que más les gusta porque se lo comen todo directo de la planta, lo que ha sido muy bueno porque están muy conscientes de que son parte de lo que comen. Tienen incorporados conocimientos que sus compañeros de curso, por ejemplo, no entienden tanto, como el compost, el abono, la tierra, de dónde vienen las cosas y la muerte, todas enseñanzas del mismo campo. Niños de libre pastoreo les digo yo.

Vivir en una casa-huerto es el sueño de muchos, pero pareciera que no es simple. ¿Crees que es para todos?

Yo creo que tiene que ser algo que quieras hacer, porque aunque te vayas a una casa mega armada, van a haber momentos difíciles a los que no estás acostumbrado ni sabes cómo enfrentar. Cuando uno se va a vivir al fuera de la ciudad tiene que estar preparado para la aventura, pero también para darle la bienvenida a esa aventura sin frustrarse tanto porque finalmente todo eso te está enseñando. Sientes que todos los lujos más mínimos que tenías en la ciudad ya no están. Tener los pies secos, la casa calentita y que no se te llueva. Pero lo mejor que puedes hacer, y que me ayudó mucho también, es ir aprendiendo habilidades desde antes. Aprender a hacer conservas, a construir cosas de madera y a utilizar herramientas es vital.

Nuestros niños han agarrado sus propias dinámicas a partir de la vida rural. Arman fuertes, construyen cosas, inventan e imaginan, se entretienen de otra manera. Tienen que entretenerse con lo que hay porque no tenemos una plaza cerca. Pero pese a no tener las mismas comodidades que hay en la ciudad, veo que nuestra calidad de vida ha mejorado. Yo no podría volver a la ciudad ni aunque me pagaran. No me imagino mi vida allá.

**Hace unos días, Wini anunció su nuevo taller online de huerto para principiantes, donde muestra todas las etapas del cultivo de hortalizas que todos podemos tener en nuestras casas y revela esos pequeños tips que da la experiencia y que tanto ayudan. Más información en su Instagram, @winiwalbaum.

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