Te sigo, pero te silenciaré: un dilema en las redes sociales

Instagram, Facebook, WhatsApp o Twitter tienen la opción de silenciar personas que sigues o tus contactos, sin que ellos se den cuenta. Una tendencia en tiempos de tecnologización y donde las personas exponen lo que hacen en el día o lo que piensan. ¿Por qué alguien silencia a otra persona en redes sociales? Temas políticos, valóricos o privacidad son algunas razones.


Los días del estallido social, a partir del 19 octubre de 2019, fueron intensos para Ignacio (29), que vio cómo durante ese período sus redes sociales se llenaron de comentarios y contenidos relacionados, que en algunas ocasiones representaban una mirada totalmente distinta a cómo él percibía lo que estaba pasando.

“Había personas que empezaban a publicar cosas que me hacían sentir incómodo o que iban en contra de todo lo que creía que estaba correcto en ese minuto y que simplemente no quería ver”, relata. “Ahí empecé a silenciar historias en Instagram e incluso a silenciar sus publicaciones. Eran personas que claramente no podía borrar de mis redes sociales, porque las veía constantemente, pero no quería ver sus contenidos porque me sentía incómodo o encontraba que transmitían mensajes muy distintos a mis ideales”, añade.

Lejos de quedarse como una anécdota puntual, la práctica terminó convirtiéndose en algo habitual para Ignacio y según él, le ha traído muy buenos resultados. “Cuando rompí la barrera de empezar a silenciar personas, empecé a silenciar otros tipos de contenidos que me parecían fomes, que encontraba que eran extraños o que simplemente no quería tenerlos en mi feed”, dice él.

Luego profundiza en sus razones: “El tipo de usuario que más he silenciado son personas que fueron muy amigos míos, que no los puedo borrar de mis redes sociales, pero que no veo tan seguido y que la vida nos ha distanciado. Las cosas que ellos publican en redes sociales me son incómodas, no me interesan o me parecen ridículas. Por otro lado, también están los compañeros de trabajo, porque son personas con las que uno mantiene en sus redes sociales, pero muchas veces no te interesa las cosas que publican”, señala.

El psicoanalista y académico Manuel Ugalde, aborda el tema citando Byung-Chul Han y su libro La sociedad de la transparencia. En la publicación, el filósofo surcoreano difunde la idea de que estamos insertos en un mundo donde tenemos toda la información al frente de nuestros ojos, incluida la de las personas que nos rodean, lo que nos permite darnos cuenta de sus tensiones, contradicciones y cambios.

“No es que la gente en el uno a uno sea más auténtica que en las redes, sino que muestra otra de sus máscaras y eso no está mal”, explica el psicoanalista. Y añade: “Lo que a mi modo de leer ocurre es la híper intensificación de este fenómeno por medio de las redes sociales, en la medida que estamos en una sociedad híper tecnologizada, por una parte, pero también en esta sociedad de la transparencia, en donde ya no existe lo privado. Todo se transforma en algo público, donde todo el mundo puede verlo y enjuiciarlo”.

Una ventaja de silenciar en redes sociales es que la otra persona no se dará cuenta. No existe ninguna herramienta que pueda saber que uno de tus contactos, amigos o familiares te ha silenciado. En el caso de los grupos de whatsApp se recomienda silenciar y luego revisar los comentarios. En Twitter o Instagram se ha añadido la opción de que solo comenten tus contactos o, en el caso de IG, añadir una lista de “mejores amigos”, que evita que no todos accedan a algunos contenidos que prefieres solo vean algunos.

Stories todo el día

La sobrexposición en redes sociales al contenido de otros puede llevar a que ciertos usuarios tomen medidas como silenciar, ocultar, bloquear o archivar, tal como le pasó a Ignacio o a Andrea (27), que comenzó por su perfil de Facebook, donde acumulaba amigos virtuales desde 2008. “En ese tiempo uno agregaba a todo el mundo. Gente del colegio, familia o amigos de los amigos. Pero creo que desde el 2013 en adelante empecé a hacer un filtro con cierto contenido que subía la gente que me causaba mucho revuelo, en el sentido de que eran cosas políticas y a veces incluso éticas para mí”, dice.

Luego de Facebook vinieron WhatsApp e Instagram, donde Andrea comenzó a silenciar las historias de algunos usuarios con los que no tenía tanta cercanía y subían contenido que le resultaba poco interesante. “En realidad me interesaba tener a la gente con la que me relaciono y no mucho más que eso. Había conocidos que estaban subiendo todo el tiempos historias: 15 ó 20 historias y la verdad es que no me interesaba cómo iba el avance del tejido que estaba haciendo en la pandemia”, ejemplifica.

Los usuarios que suben mucho contenido se han ido multiplicando a medida que la tecnología y las redes sociales se han hecho cada vez más parte de la cotidianidad de la gente. Bajo esa realidad, el desafío no radica en tener acceso a las tecnologías de información, como pudo haber sido hace algunos años, sino en cómo son utilizadas estas herramientas.

“Algunas personas tienen la sensación de que en sus redes sociales pueden publicar todo lo que se les pasa por la cabeza y está bien. Pero los otros también tienen derecho a limitar hasta qué punto les muestra alguien su intimidad. Y ya que hay gente que no se pregunta eso, porque cree que todo lo que le pasa es válido y es cierto, ahora los sujetos que reciben son los que tienen que poner el filtro”, dice Ugalde.

Debido a que algunos estudios han comprobado cómo la salud mental puede verse afectada por el uso de redes sociales, el autolimitar algunos contenidos puede aparecer como una buena opción. “No tengo la sensación de perderme algo, al momento de silenciar personas en Instragram o grupos en WhatsApp siento una especie de alivio, sobre todo me pasa con los grupos en WhatsApp, donde estar sintiendo que te están llegando mensajes constantemente me parece un poco agobiante. Soy un poco ansioso y cuando me llegaban notificaciones constantemente me causaba un conflicto. Finalmente, preferí silenciar todos los grupos y después ponerme al día con las conversaciones”, cuenta Ignacio.

Burbuja virtual

Si bien el silenciar a otros usuarios asoma como una opción legítima dentro de la configuración de las redes sociales de cada uno, la costumbre también puede potenciar el efecto que tienen algunas de estas plataformas, de mostrarnos solo contenido que nos mantiene dentro de una cierta zona de confort. Una burbuja virtual. “La gente tiene que entender que el malestar, el incomodarse, varias sensaciones que son vividas como negativas, en realidad son súper necesaria para la construcción de lo humano”, recalca el psicoanalista Manuel Ugalde.

El psicoanalista argumenta que esta situación acarrea el desafío de aprender a equilibrar qué tanto limitamos el contenido que nos llega. “Hay que separar el derecho que cada uno tiene de contar con un espacio íntimo y de no estar sobre saturado de información, de otra cosa bien distinta que es negar la existencia de otros, y ese punto es bien delicado. Hay un límite muy difuso en cuidarse de no sobreexponerse y cerrarse a ver otras realidades y eso es lo difícil de ponderar y cada cual tiene que construirlo”.

Últimamente, las redes sociales han potenciado canales de comunicación más acotados entre usuarios, ideales para un contenido de mayor intimidad. Tanto Instagram, como Twitter y Facebook permiten que cada persona que sube una historia o estado seleccione quienes pueden ver o no ver el contenido. En Twitter esto se aplica en cada tweet, y hace algún tiempo la plataforma creó una sección de comunidades, donde los usuarios ingresan voluntariamente para escribir o leer del algún tema en específico.

En los casos de Ignacio y Andrea, ambos no solamente han silenciado a usuarios en Instagram, sino que también han decidido ocultar parte de su contenido a otras personas, principalmente por motivos laborales. Andrea, que es artista, comenzó a enfocar su cuenta desde un lado más profesional, lo que la llevó a archivar algunas fotos antiguas, que es la opción que da Instagram para no eliminar definitivamente un contenido pero sí ocultarlo del resto de los usuarios.

“No es necesario que todo el mundo vea mis fotos más antiguas con amistades. Y cuando subo cosas que me dan risa o que quiero compartir con mis conocidos, ahí la subo a mejores amigos, donde está la gente que me interesa que vea esa parte de mi vida privada que no expongo en la red social completa”, explica Andrea.

Ignacio, por su parte, es arquitecto y su trabajo ha tenido como consecuencia un alto flujo de personas por su cuenta, lo que hizo que decidiera comenzar a ocultar sus contenidos de la gente con la que no tenía tanta cercanía. Hoy tiene más de 140 usuarios a los que ocultó sus historias. “Subo hartas historias y me gusta compartir desde cosas que me interesan hasta memes o situaciones chistosas que veo. Pero también tengo a muchas personas vinculadas al mundo laboral en mis redes sociales, que no me interesa que vean este tipo de contenidos súper informales. Entonces también he ido bloqueando de mis historias a esas personas y eso me hace sentir mucho más cómodo con las cosas que publico”, reconoce.

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