Chilenos poselecciones: polarizados y a favor de un líder fuerte
Antes de la primera vuelta, el 58% de los votantes de Kast afirmó que es esencial para la democracia contar con un líder fuerte. Después del balotaje, este porcentaje ascendió a 69%. Así lo revela un estudio del Laboratorio de Encuestas y Análisis Social de la Universidad Adolfo Ibáñez (LEAS),

La polarización del país alcanzó un máximo histórico en la antesala de las elecciones de noviembre: 6,34 en una escala de 1 a 10. Este índice, que los investigadores pensaron que disminuiría después de los comicios, fue el resultado de la primera etapa de la Encuesta de Opinión Pública Comparative National Elections Project (CNEP), que el Laboratorio de Encuestas y Análisis Social de la Universidad Adolfo Ibáñez (LEAS) aplica en el país desde 1993. Al contrario de lo que esperaban los analistas, una segunda etapa de consultas determinó que la polarización se mantiene en su punto más alto.
El CNEP es un red internacional de investigadores enfocados en estudios postelectorales. Su encuesta de percepción ciudadana se ha aplicado en 30 países y a lo largo de cinco continentes. En el marco de este proyecto, se han analizado las elecciones chilenas de 1993, 1999, 2017, 2021 y, recientemente, 2025.
Para su último sondeo, el estudio cuantitativo se dividió en dos partes. La primera, realizada antes de las elecciones, detectó un gran aumento de la polarización afectiva, una caída del centro político y una mayor demanda de líderes fuertes. Para la segunda etapa del sondeo, entre el 16 de diciembre y el 6 de enero, se contactó a 1.000 personas previamente encuestadas. Y, al igual que la primera consulta, solo participaron residentes del país en mayoría de edad.
Para Andrés Scherman, líder del proyecto CNEP en Chile y director del Magíster de Comunicación Política y Asuntos Públicos de la UAI, el principal hallazgo es que, “medida de distintas maneras, la polarización se mantuvo constante”. El analista afirma que este fenómeno “no es una cosa coyuntural”, sino que “ya tiene cierta permanencia dentro del escenario político”. El peligro de esto, afirma, es que conlleva ”una serie de consecuencias en el diálogo político y en la capacidad de llegar a acuerdos”.
Para calcular la polarización afectiva, los participantes evaluaron qué tan favorable o desfavorable les parecen los candidatos en una escala de 1 a 10. En 2021, esta operación arrojó un 3,9 en las elecciones de Gabriel Boric y José Antonio Kast. En noviembre de 2025, la dicotomía Jeanette Jara y Kast obtuvo un 6,34, lo que simbolizó un aumento de 62,5% de la polarización en el país.
Ricardo González, director del LEAS de la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la UAI, afirma que en un principio pensaban “que esto podía disiparse, porque es normal que en los procesos electorales la polarización suba”, y que “una vez que las elecciones terminan, eso tiende a desaparecer”. Pero eso no ocurrió.
Si la polarización afectiva mide las respuestas emocionales y los sentimientos identitarios, la polarización ideológica se calcula en base a creencias políticas más fundamentadas. Después de la segunda vuelta, este indicador no solo se mantuvo, sino que ascendió de 6,6 a 6,7. De acuerdo a González, junto con el 6,34 de polarización afectiva, estos valores no se habían percibido en el país en otras elecciones “ni en las rondas anteriores en las que hemos hecho este estudio”.

Identificación partidaria
En el sondeo del CNEP antes de los comicios, la pregunta “¿con qué partido siente más cercanía?” ubicó en primer lugar al Partido Republicano, con 6,9% de las preferencias. Esta cifra aumentó a 9,8% cuando se proclamó a José Antonio Kast como ganador de la segunda vuelta. Aunque el Partido Comunista registró una variación entre ambos periodos (4% a 4,8%), los investigadores no estimaron relevante su variación.
Respecto al aumento de cercanía a Republicanos, los investigadores tienen dos teorías. La primera, que las fuerzas políticas que ganan “suelen salir fortalecidas”, explica Sherman, por lo que “surge mayor interés de los votantes por adherirse”. Lo que incluso sucede con electores sin militancia o de otros partidos, complementa González. La segunda es que los votantes de Kast están planteando de manera “más abierta” sus posturas políticas.

“Varias de las posiciones que el Partido Republicano ha defendido históricamente han sido controvertidas, incluso en la misma derecha”, afirma Scherman, por lo que “cuando ven que un grupo muy importante de la población vota de esa manera”, la inhibición de los ciudadanos “puede empezar a ceder” al sentir ”validadas sus posiciones”. Sin embargo, el analista añade que esta visión necesita ser más estudiada.
La percepción de la democracia
En la pregunta sobre qué tan imparcial fue la primera vuelta, el 52% de los votantes de Jara lo consideró de esa manera, en tanto que el electorado de Kast le otorgó un 27%. En la segunda vuelta, estos porcentajes se invirtieron: los partidarios de Jara la calificaron así en un 36% y los de Kast con un 50%.
Según González, la imparcialidad de las elecciones en Chile suele percibirse de manera “relativamente alta cuando se compara con otros países”. Y, para explicar la variación, afirma que quienes respaldan al candidato que gana “tienden a creer con más fuerza que las elecciones fueron completamente libres e imparciales, y pasa lo contrario con aquellos que pierden”.

Scherman agrega que la valoración de las elecciones en el país también se puede relacionar a que es un proceso en el que participan los ciudadanos. Sobre el cambio en la percepción de la imparcialidad de los votantes de Kast entre ambas vueltas, este experto afirma que se podría relacionar con “un grupo que se sintió históricamente lejos del poder”, que, cuando su candidato gana, “ve que muchos de los obstáculos que parecía que hacían imposible esa llegada ya no son tales, y que también es posible acceder a ese lugar democráticamente”. Aunque al analista le parece positivo esta “inversión en el electorado”, para él también implica que hay una “fluidez enorme” en la opinión de los votantes, por lo que se pregunta “cuán consolidadas están estas posiciones” y si podrían cambiar a lo largo del gobierno de Kast.
En otro punto de la encuesta CNEP, se solicitó a los encuestados que escogieran la frase que más los representan. “La democracia es la mejor forma de gobierno” obtuvo un 47% de las preferencias del electorado de Kast antes de las elecciones, y 82% en el de Jara. En el sondeo posterior a los comicios, la frase se hizo más popular entre los votantes del Presidente electo al recibir el 56% de las preferencias. En el caso de la carta comunista subió a 85%.
Los resultados del electorado de Kast fueron similares en la pregunta sobre la satisfacción con el funcionamiento de la democracia en el país. En primera instancia, las opciones “poco satisfecho” y “nada satisfecho” recibieron la mayoría de las preferencias, con un 70% de adhesión entre ambas. Tras la segunda vuelta, la opción con más adherentes fue “algo satisfecho”, con 35%. Y aunque “muy satisfecho” se mantuvo como la frase menos popular, en la segunda vuelta pasó de un 7% a un 16% de las preferencias.
En la pregunta de “¿qué tan democrático es Chile hoy en día”, las preferencias por “no es una democracia” y “es una democracia con problemas severos” descendieron en la segunda vuelta, mientras que “es una democracia con problemas menores” pasó de obtener 29% de las preferencias a 41%, y “es una democracia plena” pasó de recibir 12% a un 17%.

“Cuando se percibe que las elecciones son limpias, también se percibe que la democracia funciona mejor”, explica González. El analista añade que esta revalorización de la democracia se puede relacionar con un cambio en la percepción del concepto: en las respuestas del electorado de Kast, la democracia se tiende a relacionar con el elementos autoritarios.
Un líder fuerte
En la encuesta se consultó a los votantes de Kast qué tan relevante es un líder fuerte para que una sociedad sea considerada una democracia. Antes de las elecciones, la opción “muy importante” recibió un 58% de las preferencias; tras la segunda, obtuvo un 69%. La “unidad nacional y el patriotismo” también percibió un ascenso en su consideración como elemento de la democracia, al pasar “poco importante” de 14% a 10%, y “muy importante” de 43% a 47%.
Según Scherman, dado el triunfo de Kast, “la plataforma que ellos tenían de un líder fuerte, un poco más autoritario”, hace que los atributos que se relacionan con los problemas de seguridad, que son “lo que más aqueja a los chilenos hoy en día”, se vean “reforzados después de la elección”. No solo en el electorado del Presidente electo, sino en el panorama general.
Y agrega que, en segundo lugar, otra hipótesis es que “la idea de un líder autoritario, o de la unidad nacional, está dentro de la definición o el concepto de democracia que entienden los votantes del Partido Republicano”. Por lo que para ellos no es “contradictorio”, como podría ser para alguien de “otra parte del espectro político”, una concepción más autoritaria de la democracia. Además, añade, eso podría ser parte de cómo funcionaría la “idea de un gobierno de emergencia” en un “sistema democrático”.
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