Por Nelly YáñezEl duelo de estilos entre Alvarado y Quiroz
Mientras uno se mueve con fluidez y sutileza en las arenas políticas, el otro lo hace con facilidad en el mundo económico, pero sin diplomacias. Para el oficialismo está claro que el titular de Interior se ha erigido como el contrapeso de su par de Hacienda, un ministro que entró fuerte y dando muestras de su influencia en el complejo mes de instalación del gobierno de José Antonio Kast.

Provienen de mundos distintos. Uno de la política, el otro de los negocios; uno es un histórico negociador desde el Congreso y La Moneda; el otro, un consultor de decisiones rápidas y también drásticas. Uno es militante de la UDI desde hace 25 años, el otro es independiente; uno cuida cada palabra, el otro no teme ser políticamente incorrecto; uno es sutil, el otro, frontal.
Pero tienen puntos en común. Ambos son de regiones -uno es de Castro, el otro de Valparaíso-; los dos son ingenieros comerciales y ambos fueron convocados por José Antonio Kast para encabezar las dos carteras más relevantes de su gabinete: Claudio Alvarado (66), Interior, y Jorge Quiroz (este martes cumple 64), Hacienda. Dos espacios desde donde se ha librado un duelo de estilos durante la compleja instalación del gobierno de Kast, en el primer mes de su llegada al poder.
Las dificultades no han sido pocas. De todas, la más compleja -sin duda- fue el alza histórica de los combustibles, medida provocada por la guerra en Irán y anunciada el 23 de marzo por el ministro de Hacienda -de 370 pesos por litro en la bencina de 93 octanos y 580 el diésel-, basado en la falta de caja fiscal, que desplomó los niveles de aprobación de Kast en las encuestas, que desbarató el discurso comunicacional del Estado en quiebra e incendió los ánimos en el Congreso.

Fuentes de La Moneda aseguran que fue justamente ese episodio el que alzó a Alvarado como el contrapeso de Quiroz. Un duelo de sellos, que es comentario obligado en el oficialismo.
En Palacio revelan que fue el titular de Interior quien se mostró renuente a la medida por sus efectos sociales y políticos. Y que pidió en distintas instancias internas agotar todos los esfuerzos para que la decisión no impactara de forma tan violenta el bolsillo de los ciudadanos; buscar medidas de mitigación hacia los más vulnerables y suspender transitoriamente la exención de impuestos específicos al diésel para las grandes industrias. “En momentos de crisis pagan todos o no paga ninguno”, se le escuchó decir.
Luego, en el Congreso -junto al titular de la Segpres, el RN José García Ruminot- logró la aprobación de la ley compensatoria de los combustibles, tras un acuerdo con parte de la oposición -la DC y el PPD- que amplió los beneficios a las pymes y al transporte escolar, los que no estaban en la propuesta original, que sí incluía a los propietarios de taxis y colectivos.
“Lo primero que le dijimos al ministro Alvarado fue: ‘Nosotros vamos a rechazar el proyecto’. Esto, porque las pymes y los transportistas no estaban en las medidas compensatorias, lo que para nosotros no era aceptable. El ministro escuchó y terminó por incorporar nuestra postura, lo que da cuenta del oficio que tiene como exdiputado y exsenador para enfrentar negociaciones y diálogos, no tan solo con su sector, sino también con quienes formamos parte de la oposición”, sostiene Jorge Díaz, jefe de bancada de la DC.
En Palacio se asegura que si bien ambos ministros tienen estilos distintos, los dos abogan por una misma causa. “En eso no hay que perderse”, sostiene una fuente.
Y si bien intramuros se asegura que hay una buena relación y coordinación entre ellos; que hablan permanentemente por celular y por WhatsApp, donde ajustan miradas, también se admite que ninguno teme confrontar sus visiones en el comité político y ante el Presidente Kast.
De hecho, Alvarado habló con el mandatario y con Quiroz antes de plantear en el comité político del lunes 6 que el envío al Congreso de la megarreforma en “reconstrucción nacional” o en “reactivación económica” -como fue rebautizada- debía postergarse para esta semana (posiblemente ingresa este martes), con el objetivo de focalizar primero los esfuerzos en los proyectos de seguridad en los colegios, tras el ataque de un alumno que dio muerte a una inspectora en Calama, junto a otros hechos de violencia en distintos recintos escolares. Le preocupaba dar “oxígeno comunicacional” a esas iniciativas y, de paso, bajar la tensión política que se arrastraba del alza de los combustibles -hoy con una advertencia de paro nacional por parte de los camioneros-, para allanar un mejor camino a la ley de Quiroz.
Los hombres fuertes de Kast
Alvarado y Quiroz no se conocían. Las primeras palabras las intercambiaron cuando el hoy titular de Interior aterrizó en la Oficina del Presidente Electo (OPE) en calle La Gloria, apenas Kast logró el triunfo en segunda vuelta. En rigor, era un recién llegado.

Quiroz -en cambio- llevaba tiempo asentado en la casona de Presidente Errázuriz, sede del Partido Republicano, que ofició como comando de campaña. Había conocido a Kast en 2024, por unos estudios que había hecho sobre pobreza y, desde ahí, habían construido un estrecho vínculo de confianza. No solo era una fuente de consulta permanente de Kast en temas coyunturales; el exdiputado también recibía ideas del ingeniero para su eventual gobierno, entre ellas excluir a los adultos mayores del pago de contribuciones a la primera vivienda.
“Su estilo franco y sus iniciativas fuera de la caja para retomar la senda del crecimiento sintonizaron con Kast”, cuenta un cercano al presidente.
No extrañó entonces en el comando que el 10 de julio del año pasado -luego de que 40 economistas dieran su apoyo a Evelyn Matthei, candidata de Chile Vamos-, lo nominara como coordinador económico de su programa. Tampoco causó sorpresa que el ingeniero transparentara sus posiciones apenas asumió. “Se terminó la etapa de los gerundios”, sostuvo en esa oportunidad, al recalcar que abordaría “sin complejos” y con “coraje” los tres problemas que -a su juicio- mantenían a Chile en un estado de decadencia: regulaciones agobiantes, carga tributaria y ajuste y racionalización del gasto público.
Quiroz había rayado la cancha.
Hasta ese minuto, comentan en el comando, nadie le pedía morigerar sus posturas. Ni siquiera Kast, quien lo empoderó en varias ocasiones durante la campaña, incluso cediéndole la palabra en su nombre cuando las preguntas versaban sobre economía. “Era y es la voz económica de Kast”, comentan en el Parlamento, aunque sostienen que no era difícil predecir el choque de realidad que tendría su ambiciosa agenda al momento de transformarla en proyectos de ley. Menos con un Quiroz -manifiestan- que sabe mucho de economía, que está decidido a tener las cuentas en tonos azules, pero que se mueve como un elefante dentro de la cristalería en el Congreso.
Incluso, hay quienes recuerdan que no conocía los nombres de los parlamentarios y que en una de las sesiones por la ley compensatoria de los combustibles desestimó un argumento de un diputado con un movimiento despectivo con la mano, gesto que no dejó de causar molestia. Tampoco -dicen- fue bien visto que admitiera públicamente que “no es el rol del ministro de Hacienda ser simpático”.
“Pero está aprendiendo rápido”, dice un congresal de Chile Vamos.
Lo anterior -sin embargo- no lo ha inhibido para postular medidas drásticas. En las tratativas para la versión final del proyecto de reconstrucción -relatan quienes han participado- ha empujado la idea de sacar a todos los funcionarios públicos que han tenido licencias truchas, a pesar de que Alvarado le habría pedido en un momento morigerar esa medida para no abrir un flanco innecesario ante investigaciones que ya tienen su curso y que poco tendrían que ver con la reactivación.
Para esa tarea política fina, Kast siempre tuvo en la mira a Alvarado. Un hombre curtido en esa labor, de bajo perfil, sin ambiciones personales, a quien conoce hace más de 20 años. Fue quien lo recibió en el Congreso cuando llegó en 2002 y con quien entabló una estrecha cercanía. Ambos oficiaron de jefe y subjefe de la bancada gremialista y mantuvieron una relación incluso después de que Kast renunció a la UDI en 2016. Tanto así que Alvarado se convirtió en el primer parlamentario en descolgarse de la opción de Sebastián Sichel en 2021 y en entregarle su apoyo al fundador del Partido Republicano. “Desde ya prefiero apoyar en primera vuelta a Kast”, sostuvo ese año, en medio de la contienda electoral, desatando no solo la molestia del hoy alcalde de Ñuñoa, también la de Chile Vamos.
No pudo hacer lo mismo en la reciente campaña. Porque a diferencia de Sichel, que era independiente, Evelyn Matthei es militante de la UDI, su partido. Y porque -además- en un principio integró el consejo asesor “senior” de la exedil, del que se alejó por diferencias en la conducción de la campaña.
Ello no le impidió el envío de señales. “Deslegitimar a Kast con argumentos de la izquierda solo fractura a nuestro sector”, sostuvo en octubre pasado en una columna en Ex-Ante. Punto sobre el que volvió en noviembre, en una nueva columna, en la que corrió aún más la cerca. “Concentrar -dijo- esfuerzos en la candidatura más competitiva no es un gesto de resignación, sino de responsabilidad. Las elecciones no se ganan con voluntarismo, sino con realismo”.
El ascenso
Sus relaciones con el mundo republicano -en todo caso- no se limitan a Kast. Tiene estrechos vínculos con Cristián Valenzuela, director de Comunicaciones y Contenidos del Segundo Piso, cultivados desde que este se desempeñaba como asesor en la bancada gremialista, y con el senador y presidente de ese partido, Arturo Squella, quien era diputado mientras Alvarado ejercía como subsecretario de la Segpres. También ha ido construyendo una relación con el excoordinador general de la campaña Alejandro Irarrázaval, jefe de asesores del Segundo Piso, quien proviene de la UDI y es amigo cercano de Kast.
Con todo, Alvarado ha tenido que meterse al interior de un equipo que venía funcionando como reloj durante la campaña y que ya tenía avanzado el bosquejo programático y la nómina de figuras que asumirían cargos en la nueva administración. El diseño original radicaba en el Segundo Piso, el corazón de las definiciones políticas, ante lo cual el exdiputado, exsenador y exministro UDI ha ido de a poco allanándose un camino, levantando un espacio de influencia.
Una de sus motivaciones -aparte de lograr un gobierno exitoso- es aglutinar a la derecha, para evitar el fantasma del descuelgue de los propios en momentos complejos que tanto afectaron al segundo gobierno de Piñera, especialmente por los retiros de fondos de la AFP y el estallido social. Algo que él vivió de cerca como subsecretario y ministro de esa administración.
A su favor tiene la nueva estructura del Ministerio del Interior -que ya no tiene a su cargo el tema de seguridad-, lo que le ha permitido meterse a full en la coordinación del gabinete y del Parlamento.
Su último logro fue la postergación del proyecto de “Reconstrucción Nacional” o de “Reactivación Económica”, el texto ancla de la administración Kast, que aglutina en una ley -llamada miscelánea o ley Ómnibus por algunos- más de 40 medidas, que van desde ajustes tributarios, hasta reconstrucción por incendios, permisología, temáticas educacionales y asuntos de seguridad pública.

La intención de Hacienda era ingresarlo el martes 7 de abril, pero primó la visión de Alvarado y de García Ruminot, quienes empujaron la idea de retrasar su envío para hacer modificaciones, dosificar la agenda y fortalecer el trabajo prelegislativo. No solo para alinear posiciones en el oficialismo y evitar eventuales descuelgues; también para pirquinear respaldos en la oposición.
“La pugna, no tengo idea si es algo artificial o no, yo al menos no la he visto, por el contrario. Más bien, creo que hoy Alvarado es el escudero de Quiroz. Ambos, junto al ministro José García Ruminot, logran un buen ensamblaje”, sostiene la diputada RN Ximena Ossandón.
Uno de los puntos fuertes de choque con la oposición está en el tema tributario, con la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% para medianas y grandes empresas, que sería -dicen- contradictorio con la necesidad de recaudar más ante un Fisco con problemas de caja, y con la aplicación de la gratuidad hasta los 30 años. En el primero habría disposición de La Moneda a la gradualidad y en el segundo, ampliarla hasta los 35 años.
“Lo más probable es que se ingrese un proyecto integrado, muy bien definido en su objetivo y en el complemento de cada una de las medidas”, dice una fuente de palacio.
Ante esas complejidades el senador UDI y presidente de la Comisión de Hacienda, Javier Macaya, observa como “fundamental la experiencia y el conocimiento de la geografía política que tiene Claudio Alvarado. La posibilidad de construir acuerdos más allá de las filas del propio oficialismo es un plus para el gobierno y, por cierto, para el ministro Quiroz”.
Pero el jefe del gabinete también enfrenta ruidos internos. En RN hay quienes lo cuestionan por dejar a ese partido en una posición desmedrada frente a la UDI en materia de cargos, hecho que ha herido susceptibilidades incluso en el Congreso. En La Moneda, sin embargo, se sostiene que esa tarea no ha terminado y que no está en manos del titular de Interior.
El peso que sí tiene por delante es lograr la aprobación del megaproyecto en reconstrucción, el texto troncal de la administración Kast -en el que Quiroz ha tenido un rol protagónico-, que se convertirá, para muchos, en el verdadero examen de la “muñeca política” del ministro Alvarado.

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