Las omisiones que truncaron el reimpulso de la agenda de Piñera

En La Moneda reconocen que se cometió un error de “chequeo de datos” sobre Mauricio Rojas y que, otra vez, una polémica desvió el foco de la estrategia del gobierno.


“Los triunfos son del Presidente, los errores son de todo el gobierno”. Esa es una de las frases que comentaban hoy en La Moneda luego que Mauricio Rojas presentara su renuncia como ministro de las Culturas al Mandatario Sebastián Piñera, tras la polémica que se desató por sus antiguas declaraciones sobre el Museo de la Memoria.

En el libro Diálogo de Conversos, que publicó en 2015 junto al actual canciller Roberto Ampuero, Rojas señala que “más que un museo, se trata de un montaje, cuyo propósito -que sin duda logra- es impactar al espectador dejarlo atónito, impedirle razonar”.

Así, la frase que comentaban hoy en el gobierno hacía alusión a un reconocimiento de que se cometió una equivocación con la nominación de Rojas como secretario de Estado, debido a que, admiten las mismas fuentes, hubo una serie de omisiones: no se hizo un chequeo exhaustivo y tampoco se “vio venir” que sus palabras, plasmadas en un texto, terminarían abriendo una polémica y sellando su salida a cuatro días de haber asumido.

Recién el sábado, cuando La Tercera publicó extractos del libro del ahora exministro y exdirector de contenidos del segundo piso, en La Moneda vieron que se venía un escenario complejo por la ola de críticas que comenzaron a surgir inmediatamente. Esto, dos días después de que el Mandatario realizara un cambio de gabinete, sacando a Gerardo Varela y a Alejandra Pérez, quienes fueron protagonistas de polémicas declaraciones que terminaron opacando la agenda del Ejecutivo.

El Jefe de Estado había apostado por un ajuste, precisamente para relevar el programa del gobierno, reimpulsar su agenda y no desviar el foco de la ciudadanía tras dos semanas en las que experimentó una baja en su aprobación en las encuestas. Así, la polémica desatada con Rojas truncó ese intento y también puso el foco en que el nombramiento -según sus cercanos- fue netamente decisión de Piñera y una nueva apuesta personal, al igual como lo fueron Varela y Pérez.

Si bien públicamente en el gobierno no quisieron aludir a ningún responsable, en privado algunos hacían autocríticas y otros apuntaban a la Secom, al segundo piso, encabezado por Cristián Larroulet, y a los ministros del comité político.

Además, en la página web de la Fundación Avanza Chile -que fue donde se rearticuló Piñera tras su primer gobierno, junto a los actuales ministros del comité político- hay dos publicaciones promocionando el libro de Rojas y Ampuero en 2015. Pese a eso, en La Moneda admiten que nadie se acordaba del contenido y “tono” de las declaraciones de Rojas en ese texto.

En todo caso, en el gobierno recalcaban que el escritor ya llevaba cinco meses en La Moneda desempeñándose como director de contenidos y colaborando con la elaboración de discursos de Piñera. Es decir, añaden las mismas fuentes, ostentaba uno de los cargos de confianza, por lo que no fue necesario hacer un “chequeo extra” al ser nombrado ministro. En La Moneda, de hecho, admiten que ese trabajo no lo hicieron ni los ministros del comité político ni la Secom.

La vocera de gobierno, Cecilia Pérez, fue consultada respecto al chequeo previo que se hizo antes de la nominación de Rojas, y se limitó a decir que “las evaluaciones eventuales son propias de un trabajo interno que se hace”. Su par de la Segpres, Gonzalo Blumel, reconoció que “estas cosas son lecciones que tenemos que tomar”.

En este contexto, el senador RN Andrés Allamand asegurar que “es fundamental que estas cosas no se repitan, y quizás tiene que haber un mayor escrutinio antes de las designaciones que asuman cargos ministeriales”, mientras que el presidente del PRI, Eduardo Salas, añadió que “el hecho de lo que aconteció con Mauricio Rojas implica que tiene que haber una mayor acuciosidad del trabajo que realizan los asesores del segundo piso o en materia de comunicación política”.

En medio de este escenario, en Palacio admitían hoy que este es el segundo gran error del gobierno, recordando que el primero y que siguen considerando como el “más grave” fue la fallida nominación del hermano del Presidente, Pablo Piñera, como embajador en Argentina. Así, agregan que recién la próxima semana, cuando vean nuevos sondeos de opinión, sabrán las repercusiones que tuvo.

La resistencia inicial

Antes que Rojas decidiera dar un paso al costado y que llegara a La Moneda, pasadas las 11.00, a presentar su renuncia, en el gobierno había resistencia a esa alternativa.
De hecho, Blumel defendió a Rojas el domingo en TVN, asegurando que “despejó el problema” con las aclaraciones que había dado horas antes en Twitter.

Hoy por la mañana, sin embargo, el titular de la Segpres endureció su discurso y señaló a Radio Duna que “falta precisar y aclarar las razones de por qué sostuvo lo que sostuvo y, en el fondo, por qué constituye un error”.

Asimismo, eran varias las autoridades de gobierno que creían que todavía era posible superar el problema si es que Rojas pedía disculpas públicas.
Incluso, según fuentes del oficialismo, el Mandatario a primera hora seguía consultando opiniones. Y durante una actividad pública, comentaría -aunque sin mecionar la situación de Rojas- que “la labor de un gobierno es preocuparse de mejorar la calidad de vida de la gente, y, a veces, el mundanal ruido busca apartar a los gobiernos de lo que realmente le importa a la gente”.

Pero durante el transcurso de la mañana las críticas de figuras del mundo de la cultura se agudizaron y terminaron, dicen en La Moneda, haciendo que la permanencia de Rojas en el gabinete fuera “inviable”, porque era precisamente con el sector que tenía que dialogar.

De hecho, a los cuestionamientos de la oposición se sumaba la fuerte ofensiva lanzada por el poeta Raúl Zurita llamando a bloquear al entonces ministro. Hoy, adempas, escritores y artistas ofrecieron una conferencia de prensa, que terminó produciéndose al mismo tiempo en que se dio a conocer la renuncia de Rojas.

En La Moneda explicaron que la inviabilidad de su permanencia en el puesto se midió por tres principales elementos: las críticas del mundo cultural; el hecho de que reabrió un debate en materia de derechos humanos que divide a la coalición y complica al propio Presidente (ver secundaria); y que la polémica desviaba nuevamente el foco de la agenda, justo en una semana en la que la encuesta Cadem mostraba que se frenó la baja en la aprobación a Piñera.

Ahora, con su rápida salida del gabinete -a diferencia de la prolongada situación de Varela- se busca contener una nueva crisis e intentar retomar el objetivo de reimpulsar la agenda al que se apostó tras el ajuste ministerial del jueves pasado.

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