De Arequipa a Cusco: guía esencial para conocer el Perú profundo

La entrada a Machupicchu para los extranjeros parte en 152 soles, unos 36 mil pesos chilenos y, por octubre, los pases están agotados.

La propuesta es esta: recorrer en al menos ocho días la ruta Arequipa-Puno-Cusco; una colección de sitios históricos y arqueológicos de atractivo para cualquier viajero, que se corona con la visita obligada a Machupicchu. Aunque, luego de armar el itinerario, asoman dos dudas: ¿Y si se destinan más días a conocer la zona? ¿Y qué tal si se cambia Machupicchu por Choquequirao, la –todavía– joya oculta de este trozo del mundo?




La ruta Arequipa-Puno-Cusco, que recorre unos 515 kilómetros a través del sur del Perú, es de esas que ocupan los primeros lugares entre los destinos por conocer de los viajeros de todos los continentes. Las razones sobran: desde la infinidad de lugares históricos por conocer, pasando por grandes escenarios naturales y de aventura, además de una gastronomía para todos los gustos y bolsillos.

Algo de suerte tenemos los chilenos: no necesitamos atravesar el planeta para conocerla. Si se parte por el departamento Arequipa, el viaje en avión hasta esta ciudad –la segunda más importante del país– desde Santiago no toma más de tres horas, ya que hay vuelos directos, sin escala en Lima; el comienzo de una expedición que promete una buena cantidad de experiencias concentradas en pocos metros cuadrados.

A la luz de estos datos, la única duda posible es: ¿por dónde empezar? Sabemos que hay imprescindibles –Machupicchu, el casco histórico arequipeño, el cañón del Colca, por nombrar algunos–. Pero, ¿cómo maximizar la estadía de tal forma de convertir el viaje en una vivencia inolvidable? Aquí proponemos un itinerario que permitirá en ocho días no solo hacer un check list eficiente: también empaparse de la esencia de uno de los lugares de mayor riqueza cultural del continente, más allá de las visitas obligadas que podría incluir cualquier paquete turístico.

En la web Peru-aventura.com –cuyo lema es “Comienza tu aventura en Perú”, hay un completo buscador de lugares y actividades para realizar en el país vecino según intereses y días de viaje. Acá, sugerimos una ruta que puede ayudar a identificar lugares indispensables para incluir en el itinerario.

Día 1 – 2 en AREQUIPA: Comer, rezar, fotografiar

Suponiendo que el viaje considera como hito inicial la ruta en avión directa Santiago-Arequipa (Latam, SKY y Jet Smart tienen varias alternativas de itinerarios que parten al comenzar el día), no es difícil planificar un itinerario que permita comenzar la experiencia en esta ciudad a partir del mediodía.

Lo más recomendable es partir por una visita al casco histórico. Hay varios city tours que incluyen la experiencia de recorrerla en los típicos buses de dos pisos que concentran paradas en todos los lugares icónicos de la ciudad (incluso hay algunos que paran en boutiques para comprar tejidos finos de alpaca, un imperdible y, además, una gran compra).

Pero, dado que Arequipa es una ciudad muy amigable, personalizar el recorrido según los intereses propios también es una buena alternativa. ¿Sugerencias? No dejar afuera la Basílica Catedral de Arequipa (frente a la Plaza de Armas), construcción que data del siglo XVII y que fue reconstruida en el XVIII, una de las edificaciones religiosas más lindas de Sudamérica; tampoco el Monasterio de Santa Catalina (Santa Catalina 301), una verdadera ciudadela que data del siglo XVI y que hasta la década de los 70 fue habitado por monjas de clausura.

El casco histórico de Arequipa está lleno de hitos para recorrer a pie, como la Basílica Catedral de la ciudad o el monasterio Santa Catalina.

Si hay interés por fotografiar vestigios de la arquitectura típica de la zona –donde predomina el blanco y los techos de adobe (por algo le llaman la “Ciudad Blanca”)–, las casas Tristán del Pozo, Goyeneche y Del Moral son una buena opción. También lo es el Museo Santuarios Andinos de la Universidad Católica de Santa María (calle De la Merced 110), donde está Juanita, una momia inca con más de 500 años de antigüedad en excelente estado de conservación, o la Casa-Museo Mario Vargas Llosa (Av. Parra 101), lugar donde nació y que narra la vida del Premio Nobel peruano, además de exhibir objetos de su colección personal.

Un espectáculo natural cerca de la ciudad –que quizá puede ameritar más de un día de visita, si hay tiempo– es el famoso Cañón del Colca, desde donde se pueden avistar cóndores volando a muy poca distancia. Es un lugar muy turístico, especialmente durante las mañanas, y sí, puede ser que la cantidad de visitantes a veces disuada a las aves de dejarse ver muy de cerca (es cuestión de suerte), pero la experiencia de caminar por un lugar con una profundidad de más de 4.000 metros –es el cuarto cañón más hondo del mundo–, y en medio de un paisaje que pocas veces podrá verse en otra parte del planeta, vale la pena por sí misma más allá de si se ven o no cóndores. ¿Recomendación? Llevar binoculares, por supuesto; también dinero en efectivo para comprar las artesanías típicas que se ofrecen en la zona.

En Colca, la experiencia de caminar por un lugar con una profundidad de más de 4.000 metros y en medio de un paisaje que pocas veces podrá verse en otra parte del planeta, vale la pena por sí misma.

El viaje desde la ciudad hasta Colca toma tres horas. Esta vez, es recomendable tomar un tour por el día -que considera traslado, almuerzos y un guía por los lugares que sí o sí hay que visitar- o, mejor aún, uno que considere pasar una o dos noches en la zona, ya que las actividades que se pueden realizar son tan variadas como entretenidas: desde conocer los pueblos aledaños –como Chivay, que tiene un particular paseo con estatuas de personajes populares de la localidad en tamaño humano, o Coporaque, que tiene varios proyectos de turismo rural, con la posibilidad de alojarse en casas particulares y recorrer la zona bajo su guía-; hasta conocer las Termas de La Calera o alimentar a alpacas bebés en lugares como Las casitas del Colca.

Día 3, 4, 5 en PUNO: Navegar en el lago más alto del mundo

Lo primero que hay que considerar es que el tiempo en bus entre Arequipa y Puno es de ocho horas; esto significa que el primer día prácticamente será de viaje por tierra. No importa; los paisajes de Puno lo valen, como también el hito geográfico más importante por conocer en estas tierras: el lago Titicaca.

La mayoría de los buses disponibles tienen opciones para partir a Puno antes de las 5 de la mañana o bien viajar durante la noche; como sea, pasar tantas horas arriba de un automóvil da para tomarse la llegada con calma y, si hay tiempo y ganas disponibles, invertir el primer día en conocer esta ciudad cuyo principal tesoro son sus paredes que destilan historia.

Hay que considerar que Puno está sobre los 3.800 metros de altura, lo que puede provocar una pequeña “puna”. Los hoteles más caros tienen servicio de oxígeno en sus habitaciones, pero siempre la mejor recomendación será tomarse el viaje con calma: no sobreexigir las caminatas, comer muy liviano, evitar el consumo de alcohol y, como hacen los locales, tomar agüita de coca para aliviar posibles molestias.

¿Qué visitar del casco histórico? Una tranquila visita por la Plaza de Armas y sus cercanías permite conocer su Catedral, la Casa del Corregidor –una construcción colonial típica de la zona que hoy funciona como centro cultural (Jr. Deustua 576) – y el Museo Municipal Carlos Dreyer (Jr. Conde de Lemos 289), espacio indispensable para empaparse de la cultura preincaica y sus objetos, textiles y esculturas.

También es interesante considerar una visita al Museo de la Coca y Costumbres (Jr. Ilave 581) para conocer el significado de este vegetal en la cultura incaica; al Cerro Huajsapata (a cuatro cuadras de la Plaza de Armas), desde donde se pueden obtener grandes vistas de la ciudad, o al malecón Bahía de los Incas (a 12 cuadras), que está a las orillas del lago Titicaca y que tiene varios vestigios de las culturas preincaicas.

A la mañana siguiente, con el cuerpo más descansado y habituado a la altura, se puede considerar una excursión a la Reserva Nacional del Titicaca, con una de las biodiversidades más ricas de la zona: más de 100 especies de aves y 12 variedades de plantas acuáticas que se reparten en este, el lago navegable más alto del mundo, a 3.810 metros de altura sobre el nivel del mar. También se pueden visitar las Islas Flotantes de los Uros, Taquile y Amantaní, sectores muy turísticos donde se puede acceder a navegación por el lago y actividades de pesca y caza tradicionales, siempre bajo la consigna de que esta es un área protegida por el Estado. Los operadores turísticos ofrecen visitas por el día, pero también planes de dos jornadas que incluyen alojamiento con habitantes de las islas.

La visita a las Islas Flotantes de los Uros permite acceder a navegaciones por el lago Titicaca y actividades de pesca y caza tradicionales.

La entrada es gratuita, pero incluye un registro previo en la zona de control para turistas. Por ser un lugar con tantas alternativas, es recomendable ver la opción de contratar un servicio turístico que provea de guía y traslado. Si la visita es por el día hay que considerar que el lugar está abierto hasta las 16.00h.

Si se considera una tercera jornada de visita a la zona –previa continuación del recorrido hasta Cusco- se puede agregar a la lista de lugares realizar un “tour arqueológico”, que incluya conocer el Complejo Arqueológico de Sillustani, que resguarda arquitectura y tradiciones de la etnia Colla, Tiahuanaco e Inca; además, se pueden realizar paseos en bote por la laguna Umayo. Sillustani se encuentra a 34 km de Puno, lo que significa una media hora de viaje por tierra.

Otra alternativa es llegar al Complejo Arqueológico de Cutimbo (a unos 20 minutos de viaje por tierra desde la ciudad), donde se pueden ver pinturas rupestres de más de 8 mil años de antigüedad; o al Complejo Arqueológico de Molloco (unos 45 minutos de viaje por tierra), donde se pueden ver más de 20 tumbas subterráneas. Si hay tiempo para trasladarse por distancias más largas, a poco menos de dos horas de Puno está el Complejo Arqueológico de Pukará, centro ceremonial construido por esta cultura –con pirámides incluidas- y que tuvo vigencia hasta el año 380 de la actual era.

DÍA 6, 7, 8 en CUSCO: Machupicchu (pero también puede ser Choquequirao)

Por vía terrestre, la distancia entre Puno y Cusco se cubre en unas siete horas (aprox. 400 km). Por eso, para este tramo corre la misma recomendación que para el anterior: ojalá elegir desplazarse muy temprano en la mañana o viajar de noche y así maximizar los días de estadía.

Probablemente este destino amerite una visita larga y profunda a sus distintas ciudades más allá del paso obligado por Machupicchu; sin embargo, considerando que en esta ruta forma parte del tramo final, las coordenadas básicas deben llevar el mayor tiempo posible a la ciudad sagrada.

¿Por dónde partir? El primer día, como siempre, conviene empezarlo con la visita a los sitios históricos más importantes de la ciudad, como la Plaza de Armas –donde Francisco Pizarro proclamó la conquista del Cusco-, la Catedral, el Museo de Historia Natural, la Basílica y Convento de La Merced o el Convento de Santa Catalina.

A dos cuadras de la Plaza de Armas está el museo Machupicchu de la Casa Concha, que puede funcionar como una especie de preámbulo a la visita a la zona y que tiene en exhibición varios objetos que el explorador estadounidense Hiram Bingham –descubridor de las ruinas en 1902- encontró en sus expediciones. También vale la pena recorrer el Mercado de San Pedro –construido por Gustav Eiffel en 1925- y donde se puede ver la gran variedad de productos frescos que se venden en la zona.

El arribo a Machupicchu contempla un viaje de dos horas en bus o tren desde Cusco, más un recorrido de 8,5 km en bus. Es decir, no es un viaje que se pueda improvisar. Foto: Juan Puelles.

Al día siguiente, una visita imperdible debiera ser al Complejo Arqueológico de Saqsaywaman (a media hora de Cusco caminando; a 15 minutos en transporte por tierra); una ciudadela con templos sagrados y una gran explanada donde se celebra cada año el Inti Raymi o Fiesta del Sol. También Pukapukara (a 25 minutos por tierra desde Cusco), una ciudad-fortaleza de color rojizo con plazas interiores, caminos, edificios, escaleras e intrincados caminos, a la que se puede llegar a partir de la mayoría de los city tours que se ofrecen en la Cusco. Si se elige esa opción, se pueden visitar además los Baños de Tambomachay, los vestigios de un balnerario con canales, piletas y fuentes de agua, donde se recreaban quienes estaban reunidos en la fortaleza de Pukapukara; incluso, varias investigaciones sugieren que Pukapukara servía como alojamiento para quienes viajaban a Tambomachay. Por último, para completar el circuito, muy cerca de allí se encuentra Qenqo –palabra que significa ‘laberinto’–, con sus elaborados pasadizos en forma de zig-zag y galerías subterráneas, que dan cuenta de la importancia estratégica de este conjunto de lugares históricos en la cultura inca.

Otra alternativa es elegir una visita al Centro Arqueológico de Chinchero (en el Valle Sagrado), construido por Tupac Yupanqui en 1480 y cuya arquitectura ceremonial es tan sorprendente como compleja, con un especial trabajo de piedra labrada para construir escalas, alacenas y canales.

Si hay ánimo para una caminata de una hora y media, desde aquí se puede llegar a la Catarata de Poc Poc, con 20 metros de caída y una rica flora y fauna para hacer un alto a la observación histórica y dejar un espacio para contemplar la naturaleza.

Organizar una visita a Machupicchu requiere pagar un boleto que debe reservarse con anticipación. El arribo a las ruinas contempla un viaje de dos horas en bus o tren desde Cusco, más un recorrido de 8,5 km en bus para llegar a las ruinas. No es un viaje que se pueda improvisar; es la parte de este itinerario más compleja de coordinar, por lo que se sugiere hacerlo con cuidado, contratando servicios autorizados y revisando toda la información disponible en www.machupicchu.gob.pe. La entrada para los extranjeros parte en 152 soles, unos 36 mil pesos chilenos y, por octubre, los pases están agotados.

Es muy importante revisar esta web, donde, entre otros datos, despliega el reglamento de visita a Machupicchu, las acciones prohibidas -25 puntos que contemplan, entre otras cosas, portar mochilas, bolsas o bolsos de más de 40x35x20 cm, ingresar con alimentos, portar trípodes, paraguas, bastones y otros soportes para tomar fotografías o realizar ruidos molestos- y los cinco circuitos oficiales que se pueden recorrer. Para cada uno de ellos hay disponible para descargar un completo mapa que demarca los sitios de interés más importantes y el tiempo de recorrido aproximado, que va entre la hora y media y las tres horas.

¿Qué hacer fuera de la ciudad sagrada? Aún hay joyas escondidas por descubrir. Una de ellas es Choquequirao, que significa “cuna de oro” en quechua y que algunos llaman la hermana menor de Machupicchu; sin embargo, otros viajeros se atreven a decir que es incluso mejor que las famosas ruinas, ya que es menos demandada y su valor patrimonial es tan contundente como el de su “competidora”.

La única opción de conocer Choquequirao es a través de una caminata que se extiende por 32 kilómetros.

Este centro urbano inca tiene una estructura similar a Cusco y Machupicchu; sin embargo, tiene una diferencia: aquí no se puede llegar en transporte, sino que debe recorrerse a través de una caminata que se extiende por 32 kilómetros. Por lo mismo, si se quiere conocer hay que considerar destinar al menos dos días a esta ruta, que impresiona por sus estructuras –que van desde plazas a templos, pasando por fuentes, canales, residencias comunes y otras de lujo, paisajes y vistas.

Ojo: Choquequirao no es un recorrido para cualquiera, pero quienes lo han visitado dicen que el esfuerzo físico –un trekking que se realiza a 3.100 metros de altura- vale absolutamente la pena. La ruta se puede hacer por si solo o con una agencia turística; quizá esta segunda alternativa sea más conveniente, ya que tiene incluido el servicio de alimentación y camping en esta área protegida por el Estado.

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Quay Quarter Tower, un edificio de 59 pisos, fue construido sobre otro edificio de la década de los 70, manteniendo el 90% del núcleo y un 65% de la estructura.