Martin Wolf: "No veo por qué el público en general, muchos de los que no son ricos, debería subsidiar la educación universitaria"
Martin Wolf es uno de los hombres más influyentes del mundo de las finanzas modernas. De hecho, fue nombrado por la revista Foreign Policy como uno de los 100 pensadores globales. Su influencia llega a tal punto que entre sus amigos se encuentra Mohamen El-Erian, CEO de PIMCO, el ex secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King. Pero pese a estas conexiones, el público valora su independencia y ojo crítico, sobre todo con las medidas de austeridad fiscal impulsadas en la eurozona, atrapada en un tercer año de crisis de deuda.
Wolf estuvo la semana pasada en nuestro país en la cuarta conferencia anual del banco BCI, en la que compartió la exposición con el Ministro de Hacienda de Chile, Felipe Larraín. Como columnista del diario británico Financial Times, da a conocer cada semana su visión sobre la economía mundial y sobre los distintos actores que moldean las finanzas internacionales. Es el comentarista económico jefe del periódico británico y es autor de los libros Fixing Global Finance y Why Globalization Works.
Llegó al FT en 1987, tras haber sido economista senior del Banco Mundial. Destaca también en la trayectoria de Wolf su participación como miembro de la Comisión Independiente de Bancos del gobierno británico entre 2010 y 2011 y del Foro Económico Mundial que se realiza en la ciudad suiza de Davos.
En su última columna, se refirió al legado de la ex premier británica Margaret Thatcher en la economía del país europeo, destacando cómo los gobiernos que la sucedieron no cambiaron las principales directrices fijadas por la Dama de Hierro. Dijo que cuando se hicieron pequeños cambios, las medidas estuvieron cuidadosamente calibradas, saliendo a defender la herencia de Thatcher.
Respecto a la economía global es más crítico. Tras la revolución monetaria que lanzó el central japonés, dijo que su debutante gobernador, Haruhiko Kuroda, había terminado con dos décadas de cautela, en las que el Banco de Japón se declaró inútil ante la deflación, pero que su meta de inflación de 2% era ambiciosa y que Kuroda tenía una política valiente que defender. "La pregunta es si la política funcionará. Mi respuesta es que: por si sola, no", dijo.
¿Qué piensa de nuestro perfil como exportadores principalmente de cobre?
Es difícil, siempre es difícil diversificarse de un productor dominante. Mi visión tiende a ser que hay que ahorrar gran parte de los ingresos generados por el sector dominante, e invertirlo. Puede ser invertido afuera, lo que reduce el tipo de cambio, pero en mejores formas invertir en capital humano, en educación, en ciencia y tecnología y en instituciones que generen ideas científicas y tecnológicas; cultivar un ambiente de apertura a nuevas ideas emprendedoras e instituciones que las respalden y menos importante invertir en infraestructura física.
Como dije, utilicen los recursos del productor dominante. Es un capitalizador, no es el flujo de ingresos. Hay que transformar el capital que se está generando. La venta de un capitalizador hay que transformarlo en otro capitalizador, sino te haces más pobre. No sé que hacen, pero no deberían tratar las ventas de cobre como un ingreso, sino venderlo como un activo. Si hacen eso, de una manera reflexiva e inteligente, obviamente acumulando grandes fondos de riquezas, que entiendo que hacen algo en esa área, entonces podrían generar otras actividades lentamente con el tiempo, pero es difícil.
Otro de nuestros problemas, es el debate por educación gratuita...
En Reino Unido en los '80 introdujimos tarifas a los extranjeros, luego en la década de 2000 bajo un gobierno laborista introdujimos tarifas a estudiantes nacionales y las acabamos de subir. Creo que esto es justo y necesario. Es justo, porque los estudiantes en todos los países son los privilegiados. Van a ser los que obtengan los mejores trabajos, serán la elite de la sociedad. Dar educación universal completamente gratuita es obviamente justo, porque todos deberían tenerla, es un compromiso nacional en cualquier sociedad civilizada. Y ahí deberían ir los recursos.
¿Algún sector en particular?
Sabemos que lo más importante que se puede hacer en la educación es estimular a los niños en sus primeros cinco años de vida, particularmente si vienen de un trasfondo relativamente en deterioro. Ahí es donde el dinero del gobierno debiera ir, subsidiar investigaciones de educación primaria y pagar parte de las universidades, porque traen enormes beneficios sociales.
Pero ir a la universidad también genera beneficios privados. La persona que va a una buena universidad y obtiene un buen grado, tendrá un mejor resultado. No veo por qué el público en general, muchos de los que no son ricos, tendría que subsidiar la educación universitaria. En mi visión, el modelo correcto para la educación terciaria es mixto. En parte el gobierno y en parte solidario. Debería haber grandes fomentos para que la gente adinerada dé fondos, como los hay en Reino Unido y en EEUU. Por último, creo que es razonable esperar que los estudiantes contribuyan. Podemos debatir cuánto pueden contribuir; en Reino Unido hay un esquema en el que los estudiantes pagan, pero no cuando están en la universidad, sino que contraen una deuda. Luego, cuando trabajan la pagan, pero sólo en proporción a lo que ganan. Entonces, si ganan debajo de un cierto nivel nunca la pagan de vuelta. Hay un poco de riesgo moral. Sin embargo, si terminan trabajando en un banco y son increíblemente exitosos la pagan entera. Eso parece lo correcto.
¿Qué le parece, en una economía emergente como la chilena, el envejecimiento de la población?
No soy experto, pero el hecho de vivir más, por sí solo, es algo bueno. Deberíamos estar felices de vivir más. Estoy seguro de que cualquier persona preferiría vivir hasta los 80 o 90 años en lugar de morir mañana. Hace 200 años la expectativa de vida, hasta donde sabemos en cualquier sociedad, era menos de 30 años. Hoy en día, la expectativa en casi todos lados está sobre los 60 años y en el mundo desarrollado está sobre los 80 años. Entonces, esto es una gran mejoría. En segundo lugar, la fertilidad se ha derrumbado y eso es en parte porque los niños ahora sobreviven más y por supuesto, porque las mujeres tienen una libre elección. Eso también es algo bueno. Es preocupante cuando la tasa de fertilidad colapsa demasiado, pero los principales factores del envejecimiento, que son la longevidad y la libertad de las mujeres para escoger el tamaño de sus familias, me parecen muy positivos.
Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?
Primero, hay que aceptarlo, porque va a suceder. No vas a matar gente, así es como es. También, tiene que influir en las políticas, en mi visión, en tres dimensiones. Primero, hay que acostumbrarse a la idea de que trabajaremos más. Eso no debería ser un problema, porque en todos los países más avanzados el trabajo se está haciendo menos demandante físicamente; demanda más energía del cerebro que física y así se puede trabajar más. Será bastante normal, creo, que la gente trabaje hasta principios de sus 70 años. Segundo, se necesitan programas que ayuden a las mujeres a combinar tener familias con su vida laboral. No hay forma de hacer que las mujeres dejen de trabajar, entonces, es muy importante diseñar una política apropiada que las ayude a trabajar. Los países en Europa, lo que también es verdad en EEUU, que han sido los más exitosos en mantener las tasas de fertilidad altas, son los países cuya sociedad y gobierno han apoyado a las mujeres cuando están trabajando, incluso si son madres. Lo tercero a lo que hay poner atención es la inmigración. Chile tiene la ventaja de que es un país muy grande y bastante vacío. Hay mucha gente hispanoparlante en el mundo, como muchos de sus vecinos, entonces no me parece imposible en el caso de Chile resolver el problema del envejecimiento a cierta extensión -porque nunca se podrá resolver completamente- importando gente. La sociedad en envejecimiento resultará ser perfectamente manejable.
¿Algún otro consejo?
Sería una muy buena idea tener fondos de pensiones que inviertan en el exterior, que acumulen riqueza que después pueden reimportar y consumir más tarde.
¿Qué piensa de la escasez energética?
La hidroelectricidad tiene sentido en Chile. La energía solar probablemente les funcione, pero ocupa mucha área. Los países más exitosos, como Alemania, están haciendo un buen trabajo diversificándose. También genera nuevas oportunidades empresariales. La forma de hacer esto es crear un régimen que fomente el desarrollo de estas actividades. Creo que un impuesto al carbono es una buena forma de lograrlo y permitir que el mercado trabaje por ello. También, asegurarse de que tienen financiamiento del sector financiero. Pero promover un mix energético diversificado es la forma en que todos avanzarán. Chile, dada su escala, está en excelente posición para diversificar su economía energética.
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