El argentino que une el arte, la ciencia y la tecnología

Joaquín-Fargas

Joaquín Fargas, ingeniero industrial argentino que participó en el Congreso Futuro, busca a través de instalaciones artísticas que su audiencia se cuestione acerca del cambio climático, la inteligencia artificial o la supervivencia humana, con el objetivo de concientizar sobre el futuro.


Robotika es una Nannybot, una máquina desarrollada con inteligencia artificial y que cuida niños con el objetivo de preservar la raza humana. Cada ejemplar portará embriones en criopreservación, con el fin de llevar la vida humana a algún otro lugar en caso de que la población esté en peligro. Pero este robot es solo una excusa para hablar del futuro, explica Joaquín Fargas, ingeniero industrial argentino y director artístico del Laboratorio de Bioarte en la U. de Maimónides, en Buenos Aires.

"¿Estamos en condiciones de garantizar la perpetuidad de nuestra especie? ¿O dispuestos a delegar en una inteligencia artificial nuestro futuro?". Esas son algunas de las preguntas que Fargas hace a su público para que se cuestione y tome conciencia del futuro en relación a la tecnología y la ciencia.

"Mi problema es que me gusta todo, lo que también es un beneficio. Pero todo me viene bien y me cuesta elegir. Pareciera que todos los días estoy en una juguetería con 10 años, y me dicen que tome lo que quiera. Y yo no sé qué elegir", cuenta Fargas a Qué Pasa.

Pero Fargas recuerda que cuando era niño, lo que más disfrutaba era del arte. A los 16 años empezó a tallar en madera, después fue artesano y a la par, como también le gustaba mucho la tecnología, empezó a estudiar ingeniería. Por otro lado, siempre le gustó la ciencia y se dedicó a la divulgación de esta. "Pero llegó un momento en que me dediqué más al arte que a otra cosa y hoy mi trabajo tiene que ver con proyectos artísticos que tienen una base conceptual o filosófica. A través de alguna materialidad, como una escultura, o una instalación, busco expresar conceptos que de alguna forma interpelen, con los que la gente que los ve pueda interactuar, y se hagan preguntas", señala.

Y las preguntas que se hacen para ciencia, son las mismas que se pueden hacer desde el punto de vista del arte, explica. "Las preguntas que se hacen sobre Robotika tienen que ver con el comportamiento que tenemos los seres humanos, que somos seres violentos y estamos buscando la excusa para ejercer nuestra violencia, algo que es innato".

-¿Por qué dice que los seres humanos somos violentos?

La historia del hombre, o lo que nos enseñan de ella, es la historia de las guerras. Somos más la historia de nuestras guerras que la historia de nuestros logros.  De hecho, la tecnología se ha desarrollado justo para la guerra. Hace 500 años, Da Vinci ofrecía su capacidad para desarrollar material bélico, era eso con lo que convencía. Hoy nos preocupamos que la inteligencia artificial se parezca más a los humanos, que pueda tener esa capacidad de empatía. Yo digo, ¿sería bueno? ¿O lo ideal sería que tomara lo bueno de nosotros y no las cosas malas? ¿Qué pasaría si le confiamos a la inteligencia artificial la preservación de la especie y esta decidiera que hay que terminar con parte de la población para que haya continuidad de la especie?

-¿Cómo logra unir estas preguntas filosóficas con la ciencia y el arte?

Es que está todo unido. Nosotros somos un todo y no podemos separar las distintas disciplinas tan fácilmente. Lo ideal es que todos comencemos a hacer esto y que si alguien estudia una especialidad, no deje de pensar que tiene mucha relación con el resto de las áreas. Desde el punto de vista científico, artístico y tecnológico, estoy siempre en una ida y vuelta.

-¿Qué proyecto podría explicar esta unión de disciplinas?

El Proyecto Biósfera, por ejemplo, tiene cero tecnología, es un ecosistema dentro de una esfera y de ahí se empiezan a desarrollar preguntas. Sí he trabajado con robots y la idea es seguir trabajando, me interesa mucho el futuro de la  inteligencia artificial. Por eso ahora estamos armando otro Laboratorio de Bioarte Latinoamericano con la colaboración de la U. Abierta Iberoamericana que no solo engloba el área dela tecnología, sino que también las la expresion artística promoviendo este enlace.

Otro de los proyectos que lidera Fargas se encuentra en Chile, en el desierto de Atacama. Un robot llamado Rabdomante, que funciona con energía solar y busca agua subterránea en los más áridos lugares.

Cambio climático

Los efectos del cambio climático están a la vista de todos, y uno de ellos es el rápido derretimiento de los hielos en la Antártica. Como respuesta a aquello, Joaquín Fargas creó el proyecto Glaciator. Instaló robots en ese continente -que también funcionan con energía solar-, los que dan  pasos que ayudan a compactar y recristalizar la nieve para que se convierta en hielo, para que así se adhiera a los glaciares.

-¿Cómo reaccionas ante el calentamiento global y cómo generas conciencia a través de tu arte?

Hemos arruinado tanto el planeta que nuestra propia capacidad nos limita y tenemos que recurrir a una instancia superior para ver si lo podemos resolver.

En mi presentación de Temuco mostré una foto mía con una mascarilla y pregunté por qué la tenía puesta. Esa foto me la tomé en Beijing, en China. Una mañana desbloqueé mi celular, que me mostraba las condiciones climáticas de la ciudad, y decía que ese día era peligroso, que era mejor no salir de casa, y si tenía que salir, debía usar mascarilla porque el aire no estaba en condiciones de ser respirado.

Entonces yo me pregunto ¿qué pasa?, ¿por qué la gente no hace algo? Y es porque la gente se adapta, como en la teoría de la rana: Uno pone la rana en una olla con agua y la empieza a calentar, la rana siente un calorcito que es agradable, pero cuando el agua ya está hirviendo, es muy tarde, la rana ya no puede saltar porque ha quedado anestesiada por ese proceso. Probablemente, eso es lo que nos pasa con el cambio climático. Tenemos que reaccionar antes de que el agua esté hirviendo.

-¿Cómo ve que Chile está lidiando con este fenómeno climático?

Me pregunto, ¿por qué hacemos el Congreso Futuro en un lugar cerrado, con un consumo energético fabuloso? Esto lo podríamos hacer en una plaza, en un anfiteatro, pero no sé si estaremos a la altura de las circunstancias para conseguir eso. Tal vez los invitados no querrían ir. ¿Por qué en vez de tener comida para 40 personas cuando somos 10 no tenemos lo justo que necesitamos? Esta es una crítica a todo, a uno mismo, tenemos que ser más conscientes.

Creo que es un problema global donde tenemos que aprender a lidiar con la realidad. La entendemos, pero no la vivimos.

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