La inesperada víctima de la acidificación del océano chileno

Autor: Pamela Silva

Pixabay.

Que los océanos se vuelven más ácidos producto de la contaminación que provocan los gases de efecto invernadero está generando múltiples problemas.


El Mytilus chilensis (conocidos popularmente como mejillones o choritos) son una especie muy relevante en la industria de la pesca nacional. De hecho, según datos del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) en 2017, el 28% del desembarque anual de productos del mar corresponde a acuicultura de moluscos.

De ese porcentaje, un 98% son mitílidos, especialmente choritos. Y un reciente estudio del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) y del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas (ICML) de la Universidad Austral de Chile (UACh) reveló que esta especie, junto a otros tipos de moluscos, podría estar en grave peligro debido a la acidificación de los mares.

El Dr. Jorge Navarro del Centro IDEAL explica que la “acidificación del agua de mar” es un fenómeno, tal como su nombre lo indica, en el que los océanos se vuelven más ácidos producto de la contaminación que provocan los gases de efecto invernadero.

“Del 100% (de gases) que llega a la atmósfera en exceso por todas nuestras actividades humanas, hay un 25% de eso que que llega al océano.  Afortunadamente, uno podría decir, el océano lo absorbe, pero produce una reducción en el pH del agua haciendo que se vuelva más ácido y eso afecta a los organismos que viven ahí”.

La investigación, que fue publicada en la revista científica Science of the Total Environment,  explica que la acidificación del agua de mar afecta principalmente a los organismos que son calcificadores y que tienen estructuras de carbonato de calcio, que vendrían siendo las conchas de animales como los choritos, pero que también incluye a otros organismos como ostras o caracoles.

Algunos de los choritos estudiados. Foto: Jorge Navarro

El problema en específico que sufren estos organismos cuando el pH de agua de mar baja, es que “reduce la capacidad para la formación de estructuras de carbonato de calcio, que es la concha. También afecta la capacidad de absorber alimento, por lo que tienen menos energía para que puedan crecer, lo que se reduce su tamaño”, explica Navarro.

Y no es esto en lo único que afecta la acidificación de los océanos, sino que también exacerba “la producción de toxina paralítica por parte de los dinoflagelados causantes de la marea roja”. Y organismos como los choritos se alimentan de estos fitoplancton, por lo que aumentaría los efectos negativos tanto en ellos como en los humanos si llegan a consumirlos.

No es el fin

La acidificación de los océanos no es algo que ocurrirá dentro de unos años si la contaminación continua en los niveles que tenemos actualmente, sino que ya está pasando. Navarro lleva estudiando este fenómeno desde 2010, cuando “la concentración de CO2 en la Tierra era de 380 ppm, mientras que ahora ya va en 407 ppm”.

Y el estudio proyecta que de aquí a un siglo los efectos podrían ser devastadores en la población de organismos calcificadores como los choritos, pero que eso no implica que sea el fin de esta y otras especies.

“Estos efectos pueden ser no tan negativos a fin de siglo simplemente por la capacidad que tengan estos organismos de adaptarse a este aumento gradual de la acidificación. Esto es lo que pasa actualmente, pero no sabemos qué capacidad de adaptación tienen o cómo van a llegar a 2100”.

Navarro explica que la única forma en que organismos como los choritos sobrevivan a los cambios que están ocurriendo en el agua oceánica, radica en su propia capacidad de evolucionar. Principalmente, por la otra solución es que la contaminación disminuya drásticamente y que los humanos dejemos de emitir los gases que producen el efecto invernadero, algo que no parece muy probable.

Aunque el futuro es incierto, Navarro se muestra optimista en cuanto al futuro de los choritos en particular porque “cuantas más generaciones tengan, cuanto más corto sea el tiempo generacional -de una generación a otra- van a tener más posibilidades de ir modificando sus estructura genética”.

Y los choritos son un organismo que tiene una nueva generación cada dos años aproximadamente, así que hay posibilidades de que logren evolucionar y adaptarse a un nuevo ambiente más hosco.

 



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