No es tan claro como el agua

Es importante que nosotros como consumidores, podamos adquirir un producto sin saber exactamente qué es, porque la prístina transparencia de las botellas no especifica con qué composición química estamos apagando nuestra sed.


Cuando compramos una botella de agua, nos queda claro que no tiene calorías, no tiene proteínas, grasas, ni hidratos de carbono, pero ¿qué tiene en verdad? Las etiquetas de agua embotellada en Chile no declaran los elementos que están en su interior, no hay regulación que las obligue a ello.

Los chilenos debieran saber que existen dos normativas que regulan las aguas con las cuales interactuamos a diario: el agua de la llave (NCH409) y el agua embotellada (DS106).

Es esta diferencia normativa, del Ministerio de Salud, la que permite que las aguas envasadas puedan tener valores que, de repente, nos parecen elevados como ha sido el caso del arsénico de los últimos días, cuando se dio a conocer en la prensa un estudio que realizamos hace algunos años en la universidad.

En Chile, la ausencia de los componentes en el etiquetado nos impide saber cuánto arsénico u otros químicos tienen las aguas envasadas. A partir de este hecho, decidimos hacer un estudio para conocer la composición química de estos productos. Nos motivaba la idea de desarrollar un proyecto para nuestros estudiantes que fuera sencillo, pero que a la vez generase nuevo conocimiento y los acercase a temas donde la geología y la sociedad se cruzan.

Utilizando instrumentos de alta tecnología, disponibles en nuestros laboratorios, capaces de analizar cantidades iónicas muy pequeñas, analizamos 32 elementos químicos. Los resultados que encontramos fueron que las 10 aguas analizadas (hemos analizado una botella de cada marca) cumplen con el DS106 que las regula. Pero en la comparación con la NCH409 algunas presentan concentraciones de arsénico más altas (pero no peligrosas) de lo establecido en esta última.

En resumen, las aguas embotelladas que analizamos cumplen la norma con la que son fiscalizadas y, el foco tiene que ser puesto en el reglamento que permite las diferencias, es antiguo y no conversa del todo con los requisitos del agua potable. Quizás más importante que esto está el hecho que nosotros como consumidores, podamos adquirir un producto sin saber exactamente qué es, porque la prístina transparencia de las botellas no especifica con qué composición química estamos apagando nuestra sed. Los siempre escasos fondos para la investigación científica limitan los avances importantes para la sociedad en su conjunto y nos exponen a la incertidumbre y a la desinformación con los cuales debemos convivir diariamente.

Por Linda Daniele, Claudia Cannatelli y Jamie Buscher, investigadores del Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes y Departamento de Geología de la U. de Chile.



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