Álvaro Varela, exabogado de la familia Frei: “Frei Montalva no creía que le fueran a hacer algo así… hubo ingenuidad”

Durante casi diez años fue el abogado de la familia Frei en la investigación por el homicidio del expresidente Frei Montalva. A él se le atribuye el descubrimiento de los antecedentes que son clave en el fallo del juez Alejandro Madrid. “Es cierto que es difícil de creer, pero cosas como estas pasaron en Chile... pasaron cosas brutales”, dice Varela.


La noche del 22 de enero de 1982 un grupo de abogados de la Vicaría de la Solidaridad esperó el féretro del recién fallecido expresidente Eduardo Frei Montalva en la Catedral Metropolitana. “Aunque Frei Montalva murió cerca de las 17.30 horas el ataúd debe haber llegado pasada la medianoche. Y nos preguntábamos ‘¿qué pasará?’, aunque sin siquiera pensar nada cercano a lo que con los años se descubrió”, relata Álvaro Varela, uno de esos abogados, quien 20 años después presentó la querella por asociación ilícita y obstrucción a la justicia en el crimen del químico de la DINA Eugenio Berríos, la puerta de entrada para establecer el homicidio de Frei Montalva, cuyas condenas dictó el juez Alejandro Madrid esta semana.

¿Cómo se puede explicar que la muerte de Frei Montalva nunca haya estado bajo sospecha durante casi 20 años?

No diría que nunca estuvo bajo sospecha, siempre hubo un ámbito enrarecido en torno a su muerte. Y, particularmente, porque al Presidente le advirtieron que no era conveniente operarse en Chile, consejos que él desoyó. En esos días hubo una llamada telefónica que recibió un muy amigo suyo, Hernán Elgueta, a quien llamaron a su casa. Contestó su señora y le dijeron que a don Eduardo Frei lo estaban envenenando en la Clínica Santa María. Elgueta fue, contó esto y causó preocupación en el entorno. Pero quienes la conocieron, familiares y gente de la DC, no tuvieron mayor capacidad de reacción frente a eso. Lo único que se hizo fue poner a más jóvenes DC en el hall central de la clínica, para estar atentos al ojo, pero claro, no sabían que algunos médicos vinculados a organismos de seguridad ya eran parte de la misma clínica. Tampoco sabían, como se demostraría después con el tiempo, que personal auxiliar del Hospital Militar fue trasladado a la Clínica Santa María los días previos a la hospitalización del Presidente Frei. Fue muy ingenuo el sistema de vigilancia que se implementó.

De esa llamada en que se advirtió que Frei Montalva estaba siendo “envenenado”. ¿Se supo quién fue esa persona?

No, nunca se supo. Con el tiempo y tratando de indagar quién podría haber sido, creo que tuvo que ser alguien que participaba en el círculo de seguimiento a Frei, porque él compartía bastante con Elgueta. Él tenía una casa en Papudo y a Frei le gustaba ir algunos fines de semana. Debió ser alguien que lo siguió, que estuvo tras él y que eligió a la persona adecuada para que el mensaje llegara. Y el mensaje llegó y se transmitió, pero no hubo capacidad de respuesta.

En los años previos figuras connotadas de la oposición sufrieron atentados, algunos mortales. Orlando Letelier, Bernardo Leighton, el general Prats. El modus operandi era más bien violento, ¿no?

Era más bien violento y, sabe, con motivo de esta investigación encontramos entre los documentos un antecedente de que también se intentó instalar una bomba en el auto de Frei, un par de meses antes del crimen de Orlando Letelier. Un día en la noche salió a comer Frei en su auto a la casa de un amigo en Las Condes, Óscar Pinochet de la Barra, y como se pasó y se equivocó de casa, estacionó un poco más allá y al poco rato llegó un vecino y tocó el timbre. Le preguntó si el auto pertenecía a alguien de esa casa porque había visto a algunas personas poniendo algo extraño abajo del auto. Y se determinó que era una bomba. Llegó Carabineros y personal especializado de la comisaría del sector y retiraron el artefacto. Se hizo una denuncia.

¿No fue público?

No, pero sí hubo una investigación. Eso fue en 1976, quizás entre julio y agosto, poco antes del atentado a Letelier. Y encontramos el expediente correspondiente a esa indagación, que no prosperó mayormente, pero sí quedó acreditado que el hecho había sido así. Ahora, qué pasa: a pesar de eso, Frei rechaza el consejo de operarse en el extranjero y, bueno tampoco sabían que Becerra, que iba regularmente a su casa, le entregaba información a los órganos de inteligencia. Había cierta ingenuidad. Creo que él mismo, en 1981, cuando se interna en la Clínica Santa María, era miembro de la Comisión Brandt, una comisión internacional presidida por Willy Brandt que le daba una connotación mundial.

¿Se sentía protegido por eso?

Yo creo que se sentía más seguro. Y esto a pesar de que ya había ocurrido el atentado a Leighton y a Letelier. Pero como que no creía que le fueran a hacer algo así a él. Tenía una especie de autoconvencimiento, porque no había ninguna base real. Frei se hospitalizó en noviembre de 1981 para la primera operación, y si uno lee la prensa, particularmente en los meses previos, agosto o septiembre, están ahí los mensajes de que algo importante iba a pasar.

¿A qué se refiere?

Declaraciones de Pinochet. Había ciertas oportunidades donde él aprovechaba de hacer ciertos discursos que eran bien potentes desde el punto de vista de las medidas que anunciaba respecto a los opositores. Generalmente, cuando celebraba en agosto el natalicio de Bernardo O’Higgins o para el 18 de septiembre cuando celebraba las Fiestas Patrias en el Club de la Unión, ahí un poco de tiempo antes decía que ‘no vacilará en tomar medidas, aunque se trate de grandes’. Frases de ese tipo están en la prensa de la época.

Usted ahora tiene convencimiento de que fueron mensajes, señales…

Exacto. Además, Pinochet tenía el impulso de exteriorizar sus cosas con cierta brutalidad. Esa frase fue dos o tres meses antes de que Frei se internara en la clínica. Hay que saber leer y en esa época no era factible. El 80 y el 81 fueron años de mucha convulsión política y social en relación al régimen. Estuvo el plebiscito de septiembre y las actividades previas, y el 81 se empezó a dar un fenómeno en el que por primera vez comienza a haber reuniones y actividades políticas y sindicales en las que participa gente de todas las agrupaciones políticas, de todos los orígenes.

Una novedad desde 1973…

Claro. Quienes concentraban el liderazgo eran dos personas: en el referente político estaba Frei y en el referente sindical, Tucapel Jiménez. Y ese año ocurren también dos hechos bastante sustanciales. Se organiza y se apresa a la Coordinadora Nacional Sindical, donde había dirigentes sindicales DC y comunistas, dirigidos por Manuel Bustos. Ellos son apresados y Frei sale públicamente a condenar su persecución y a apoyarlos. Y poco después ocurre la expulsión del país de cuatro dirigentes políticos elegidos de los distintos partidos: Jaime Castillo Velasco (DC), muy cercano con Frei; Orlando Cantuarias (PR); Carlos Briones (PS); y Alberto Jerez (IC).

Usted era abogado de la Vicaría de la Solidaridad. ¿Nunca hubo rumores o que alguien les haya advertido de tener cuidado con Frei Montalva?

No. Nosotros, al integrarnos como abogados de la Vicaría recibíamos una reprimenda y una advertencia muy categórica: nos desvinculábamos totalmente de la actividad política que, casi todos, habíamos tenido antes. Y cortamos todo vínculo con los partidos políticos. Si hubiésemos recibido una cuestión precisa y concreta respecto de Frei Montalva, la habríamos comunicado, pero teníamos reuniones periódicas con el cardenal quien nos recordaba: “Ustedes no se vayan a meter”, “no vayan a hacer esto”, “no vayan a hacer lo otro”, y que nos mantuviéramos en lo que era esencial nuestro, en la actividad de defender a las personas.

Pero tenían contacto con víctimas, gente que estuvo en los lugares de tortura y quizás alguien pudo haber escuchado algo…

No, a ese nivel no. Incluso este antecedente de la bomba en el auto de Frei lo vi recién en la causa durante la investigación, no lo conocía de antes. En la DC ellos no habían sido objeto de la represión desde el día uno, a pesar de que hay varios casos de DC, como el atentado a Bernardo Leighton.

¿Cómo se detonan las dudas sobre la posibilidad del homicidio de Frei Montalva?

Hay un hecho que detona el tema, y que es una biografía de don Eduardo Frei que escribió Cristián Gazmuri, el historiador de la UC. Él desarrolla varias tesis de la relación política de Frei en relación a Allende y al Golpe. Para este efecto entrevistó a miembros de la familia, y cuando publicó su libro causó tremenda indignación en los Frei porque no se correspondía con lo que habían conversado. Pero uno de los capítulos, o una de las frases del libro, planteaba que había dudas sobre la muerte, y que una era si se había hecho o no autopsia. Y que esa autopsia la habían practicado médicos de la UC. Él cuenta en su libro que consultó y trató de buscarla, y que preguntó en la Clínica Santa María y le dijeron que no había nada. Eso es relacionado con la muerte. Lo otro es relacionado con el factor político. Eso motivó y llevó a Carmen a juntarse con Mónica González, y ella empieza a recopilar antecedentes, y entre esos está el libro de Mariana Callejas Siembra vientos, que contiene una referencia muy específica a que estando en su casa de Lo Curro, Berríos llegó con un frasquito y le dijo: “Con una gota de esto puedo eliminar a un indeseable”. Y abajo había una nota al pie donde decía: “Me acordé de esto cuando murió Frei”. Y ahí se empiezan a juntar esas referencias. Eso influyó en el inicio de la investigación.

¿Usted ve en eso el punto de partida para que las sospechas tomaran más cuerpo?

Claro, ahí es donde se produce el discurso de Carmen en el Senado, en el año 2000. Pero como te digo, el detonante es el libro de Gazmuri.

¿Cómo vivió la investigación ya una vez abierta la causa?

El ambiente general era frenar la investigación o de que no se avanzara. Era la meta general, uno no encontraba respaldo en ninguna parte. Ni en la Universidad Católica, ni en la Clínica Santa María, ni en el Ejército.

¿Es justo sostener que Carmen Frei impulsó en soledad esta investigación?

Mi experiencia personal es que todos han estado en el interés. Quienes estaban en el día a día era la Carmen y Eugenio, pero cuando hubo algún hito muy importante, todos estaban.

Dada su experiencia como abogado de DD.HH. y su conocimiento de los organismos represivos de Pinochet, es posible que una actuación de esta naturaleza se haya hecho sin su autorización?

Esta es una operación militar y el Ejército es una organización vertical y no es posible que miembros intermedios hayan tomado de motu proprio una acción así.

Usted fue el gran gestor de la investigación, quien descubrió los hitos principales, entregó los mayores antecedentes…

Lo que pasa es que yo estuve… claro… desde el día 0 y con cero antecedentes procesales, gruesos. Cuando fue el procesamiento después de 10 años dije que ya estaba absolutamente todo encaminado y dejé la causa.

¿Qué opina de la sentencia del juez Madrid?

Creo que es un fallo que remece al país. Es cierto que es difícil de creer, pero cosas como estas pasaron en Chile… pasaron cosas brutales. Esta sentencia debe ser un llamado a reflexionar para los que aún no creen. El expediente del ministro Madrid investiga un periodo histórico muy relevante y creo que se va a construir en un documento histórico, una fuente de investigación. La reflexión y lo que nunca debemos olvidar es que no es posible pensar que para combatir a un opositor político se deba usar la violencia. Lo que se reunió en ese expediente dice todo lo contrario. Es cierto que esta sentencia aún puede ser modificada, yo tengo la esperanza que no, porque sería doloroso.

¿Cree que aún hay tiempo para que alguien confiese?

Yo creo que sí. Aquí hay un personaje clave: Raúl Lillo. Él tiene una baja graduación en el Ejército, pero su participación en relación al Presidente Frei Montalva es vital. Nunca ha confesado, nunca colaboró, pero él fue encargado de la Operación Frei. Ese es el hombre clave.

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