El laberinto del general Ricardo Martínez

El comandante en jefe del Ejército, general Ricardo Martínez, sabe -y así lo ha reconocido- que enfrenta una compleja situación interna. Dentro de su propia institución hay sectores que buscan desestabilizarlo.


El martes 20, el Aula Magna de la Escuela Militar estaba prácticamente llena. Novecientos oficiales del Ejército ocupaban la totalidad de los asientos de la platea baja y la mayoría de las localidades del balcón esperando escuchar las palabras de su comandante en jefe. Solo un centenar de butacas, al fondo del segundo piso, quedaron desocupadas.

Ese día, el general Ricardo Marcelo Martínez Menanteau no subió al escenario con decorado de madera y pesadas cortinas rojas. Tampoco pidió un podio para dirigirse a sus subordinados. En manga de camisa y con un micrófono inalámbrico en la mano, el militar se ubicó junto a sus subalternos. Tal como lo había hecho en abril pasado, cuando sostuvo dos encuentros masivos similares -primero con oficiales y al día siguiente con suboficiales-, la idea era romper por un momento la verticalidad del mando y sostener un diálogo franco con los miembros de una institución golpeada por varios escándalos de corrupción. Apenas 11 días antes, 21 generales habían sido pasados a retiro, el mayor remezón para el Ejército en tres décadas, lo que se sumaba a la reciente detención y procesamiento del general John Griffiths -hasta ese momento el número dos de la institución castrense- acusado de fraude al Fisco en la arista viáticos y pasajes que lleva la ministra de la Corte Marcial Romy Rutherford.

Martínez pensaba que ese momento de intimidad con su gente en el Aula Magna de la Escuela Militar le permitiría reforzar un liderazgo interno golpeado desde varios flancos.

Deben apagar sus celulares y guardarlos, se les ordenó antes de iniciar la conversación. Era la misma instrucción que había dado en abril pasado. Pero esta vez, uno de los oficiales no obedeció.

Recién habían pasado las 18 horas del martes 22 cuando el ministro de Defensa, Alberto Espina, recibió un llamado a su celular mientras estaba en La Moneda. No lo sorprendió que el comandante en jefe del Ejército lo llamara -en los últimos meses ambos hablan casi a diario-, lo que lo pasmó fue lo que el militar le dijo.

En grandes trazos, Martínez le explicó la filtración a The Clinic del audio con sus declaraciones en la reunión con un grupo de oficiales en la Escuela Militar, donde aseveró que había oficiales que compraban armas particulares, las que luego declaraban perdidas, pero que terminaban siendo vendidas al narcotráfico; o que las irregularidades en el uso de pasajes y viáticos era una práctica que también se extendía a las otras ramas de las Fuerzas Armadas, y que había que aceptar la prolongación de la carrera militar, proyecto que planea llevar adelante el gobierno, porque lo importante era defender “con dientes y muelas” el sistema previsional que favorece a los uniformados.

A Espina, Martínez también le indicó que había agendado entrevistas para aclarar sus dichos.

Fuentes de gobierno aseguran que el titular de Defensa no daba crédito a lo que oía. En círculos políticos y castrenses, Martínez ha tenido fama de “rústico” y “poco cuidadoso en la forma de expresarse”. De hecho, hay una anécdota que lo retrata y que nunca lo ha abandonado. Cuentan en el Ejército que uno de los apodos con que lo llaman a sus espaldas es “Me felicito”, mote que le pusieron cuando era alférez en la Escuela Militar y, como primera antigüedad, reunió a todos los cadetes en el patio de la escuela para darles un discurso, el mismo que empezó con esa frase. Pero esta vez, la evaluación del gobierno era más severa: el jefe castrense había sido extremadamente imprudente y parte de sus dichos rozaban en la deliberación.

Aunque Martínez le aseguró que se trataba de un hecho antiguo que había sido puesto en conocimiento de la justicia castrense -que involucra a cinco cabos de la Escuela Militar-, Espina le ordenó al comandante en jefe hacer la denuncia ante el Ministerio Público sobre el eventual desvío de armas particulares a bandas criminales. También le instruyó que no diera más entrevistas y que se presentara a las 9 horas del día siguiente en el Ministerio de Defensa con un informe detallado de todos los hechos.

Martínez así lo hizo. En el oficialismo aseguran que el general llegó en la mañana del viernes 23 al piso 4 del edificio de calle Zenteno, donde está el gabinete del ministro de Defensa, con la sensación de que se le pediría la renuncia. Aunque la conversación fue directa y dura, la salida del comandante en jefe no estuvo en la mesa. Para el gobierno, Martínez “giró todo el crédito político que tenía en su cuenta”. En otras palabras, el general no tiene margen para otra imprudencia.

Sin embargo, el gobierno decidió darle un fuerte respaldo para no debilitar al Ejército.

Un factor que jugó esta vez a su favor: a juicio de Defensa, sacar al comandante en jefe en estos momentos, tras la salida de 21 generales, solo profundizaría la crisis dentro del Ejército y no resolvería el problema.

Además, reconocen en La Moneda, con varias investigaciones en curso por irregularidades, en las que se habla de al menos otros cuatro generales en servicio activo involucrados, no hay, en estos momentos, nombre para un eventual sucesor.

El riesgo es grande, sin embargo. Martínez sabe -y así lo ha reconocido- que enfrenta una compleja situación interna. Al interior de su propia institución hay sectores que buscan desestabilizarlo.

La inédita filtración del audio, hecho por el cual el comandante en jefe anticipó que presentará una denuncia en contra de quien resulte responsable, lo ha obligado a dar explicaciones públicas toda la semana ante las comisiones de Defensa del Senado y de la Cámara de Diputados, y también ante la ministra Romy Rutherford, quien investiga las aristas del llamado “milicogate”. Pero esa filtración es solo uno de varios golpes internos que ha recibido de sus propios compañeros de armas desde noviembre de 2017, cuando la Presidenta Bachelet optó porque fuera él quien dirigiera el Ejército.

Flanco interno

En la institución castrense, al menos a nivel de mandos superiores, es un secreto a voces que el favorito de los uniformados para llegar a la Comandancia en Jefe era el general de división John Griffiths.

En el gobierno de Bachelet, admiten fuentes de Defensa de la época, las dudas entre Martínez y Griffiths eran intensas. En el Ejército estaban al tanto de esa situación, lo que propició una pugna de alta intensidad que dejó muchas heridas que hasta hoy no han cicatrizado.

Un personero del gobierno de Bachelet que se desempeñó en el área de la Defensa asegura que optaron por Martínez luego de que se filtrara un encuentro del general Griffiths con el excomandante en jefe Juan Manuel Fuente-Alba, cuando este último ya estaba siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito.

Para un grupo de generales y coroneles cercanos a Griffiths se trató de una operación interna para favorecer a Martínez. Y algunos, al parecer, no la han perdonado.

Entre las varias cosas que, de manera anónima, algunos militares en retiro y en servicio activo han filtrado desde que Martínez asumiera como comandante en jefe, figura la idea de que él era el “delfín” de Fuente-Alba.

Martínez es consciente de que se ha tratado de instalar esa idea, la que refuta con su currículum militar. En toda su carrera, sostienen sus cercanos, no ocupó un puesto de confianza de designación directa del general Fuente-Alba.

Ese, en todo caso, es solo uno de los varios rumores, filtrados desde sectores castrenses, que ha tenido que enfrentar el actual comandante en jefe.

Hace solo unos días, en internet aparecieron blog que reflotaron la noticia del fallecimiento del chofer de Martínez, quien fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza el 12 de marzo en el estacionamiento del edificio Bicentenario del Ejército, en Blanco Encalada. Sin ninguna información nueva, sólo los imprudentes dichos de Martínez en la Escuela Militar respecto de que algunos oficiales compraban armas particulares en el mercado legal, las que después daban por perdidas, las que podían terminar siendo vendidas a narcotraficantes, especularon con el caso para golpear al comandante en jefe.

Fuentes del Ejército indican que la investigación de la muerte del sargento José Urzúa Melo está próxima a cerrar en la Fiscalía Militar y que la indagación es por suicidio.

El general Ricardo Martínez no niega la existencia de una campaña en su contra. A sus cercanos y también a quienes no lo son tanto les ha dicho que siente que han sido muy duros con él. Mucho más que con los últimos comandantes en jefe.

¿A quiénes se refiere el uniformado con esas palabras? Tanto en el Ministerio de Defensa, como parlamentarios de la ex Concertación coinciden con las sospechas de Martínez. “Hay un grupo muy duro de exgenerales y mandos superiores activos que no toleran que el Ejército tome distancia de Pinochet”, señala una alta fuente de Defensa.

Desde el mundo político califican al general Ricardo Martínez como el primer “comandante en jefe republicano”. Aunque el jefe castrense no se refiere a ese calificativo, desde el inicio de su gestión está trabajando en sacar adelante en todos los regimientos y unidades militares un “profundo proceso de reflexión del rol del Ejército en los últimos 50 años”. Su meta es que ese proceso decante el año 2020 en un documento doctrinario que permita modificar la malla curricular de los centros de formación militar, entre otras medidas concretas.

Plantear una revisión de los últimos 50 años no es casual, pues fija como fecha de inicio de este replanteamiento el 21 de octubre de 1969, cuando un grupo de oficiales liderados por el general Roberto Viaux protagonizaron el “Tacnazo”.

“Martínez es crítico de cómo Pinochet metió a los militares en tareas represivas, pero también es crítico del rol político que asumieron con el ingreso de generales al gabinete en el gobierno de Salvador Allende”, explican cercanos al comandante en jefe.

Por lo mismo, tal vez, Martínez se ha cuidado de no explicitar cercanía con ninguna tendencia política. Pese a que en el gobierno de Piñera y en la oposición lo sitúan como un hombre de centro, sus cercanos plantearon que no es cierto que juegue tenis con el exministro Jorge Burgos, ni con el senador Jorge Pizarro. Los dos personeros políticos han jugado con el hermano del comandante en jefe, el general en retiro Leonardo Martínez.

En el entorno de Martínez están convencidos de que algunos militares y exmilitares no verían con buenos ojos el proceso de reflexión que pretende llevar adelante. En ese sentido, creen que la filtración del video de la clausura de la primera olimpíada intergeneraciones en la Escuela Militar, en octubre pasado, en la que se leyó una carta del exagente de la Dina Miguel Krassnoff Martchenko y su hijo, el coronel Krassnoff Bassa, agradeció “la valentía y hombría” de quienes recuerdan a su padre, fue parte de una campaña interna de sectores pinochetistas para perjudicar el mando de Martínez.

A estas alturas, la inteligencia militar ya sabe que el video fue grabado por la esposa del coronel Miguel Krassnoff Bassa, quien lo envió a su suegra y cuñados, quienes lo viralizaron.

Tras ese hecho, Martínez ordenó hacer inmediato el pase a retiro que estaba cursando el coronel Krassnoff y la salida del director de la Escuela Militar, el coronel Germán Villarroel Opazo, hijo del exvicecomandante del Ejército en tiempos de Pinochet, “por faltas a la disciplina que generaron una gran daño al Ejército”.

Un mes antes de ese incidente, sin embargo, Martínez ya le había avisado al coronel Villarroel que lo sacaría de la dirección de la Escuela Militar, la que había asumido recién en enero de este año, y que sería redestinado a otra repartición en diciembre.

Detrás de esa inusual decisión, afirman cercanos a Martínez, habría estado el interés del comandante en jefe de no tener al mando de la emblemática escuela matriz del Ejército, justo cuando se debe llevar adelante el proceso de reflexión, a alguien vinculado, aunque sea por nexos familiares, con lo que representó el Ejército de Pinochet.

Viajes y patrimonio

Hay otro flanco que ha dejado expuesto a Martínez. En las filas castrenses, aseguran oficiales de Ejército que pidieron reserva de sus nombres, molestó la forma en que se desmarcó del resto del alto mando y de los oficiales de Estado Mayor en el tema de los pasajes aéreos y viáticos irregulares, arista que tiene en sus manos la ministra Romy Rutherford.

“Todos mis viajes están regulares”, dijo Martínez el 23 de octubre, en Iquique, cuando asistía junto al Presidente Sebastián Piñera y al ministro de Defensa, Alberto Espina, a un ejercicio militar.

El general respondía así a otro rumor que han hecho circular sus detractores. “Pero si es el general más antiguo en servicio activo y uno de los que tiene más viajes al extranjero y en Chile”, comentaban por los chats de WhatsApp, que comparten oficiales, tanto en servicio como en retiro, según sus promociones y grados.

Según una investigación de Radio Bío Bío publicada el 4 de enero pasado, en el período en que Martínez se desempeñó como subjefe del Estado Mayor (2014-2015) con el grado de general de brigada, registró 30 viajes a distintas regiones del país y al extranjero, con destino a Estados Unidos, África, Europa y América Central. El costo de estos viajes fue de 120 millones de pesos, incluyendo el pago de viáticos y los tickets aéreos.

En Defensa aclaran, sin embargo, que cinco de los viajes que se le adjudican se deben a que por su cargo él habría firmado, pero corresponden a comisiones de servicio que incluían a otros uniformados.

El enojo, señalan los detractores del actual comandante en jefe, apunta a una supuesta falta de liderazgo de Martínez, por no defender a los oficiales que se habrían visto involucrados en irregularidades por el uso de pasajes y viáticos institucionales. Para estos sectores, el comandante en jefe debió haber manifestado con más firmeza que se trataba de una práctica común y extendida dentro del Ejército, debido a que se consideraba como “el pago de un derecho” lo que hoy es cuestionado por la justicia.

En el entorno de Martínez, sin embargo, aseguran que el comandante en jefe cree que hubo oficiales que fueron más allá en términos de irregularidades.

Desde su llegada a la comandancia en jefe, el patrimonio de Martínez ha estado en la mira. Según la actualización voluntaria de su declaración de patrimonio, la que presentó el 20 de julio y que está disponible en la web de Infoprobidad, el general Martínez declara la propiedad de dos vehículos, una Nissan Pathfinder del 2005 -cuyo evalúo fiscal es de $ 4.000.000-, una moto Suzuky V-Strom 1000 del año 2010 -con avalúo fiscal de $ 3.200.000-, además de dos propiedades, una casa en Las Condes, cuyo avalúo fiscal es de $ 120.441.301, y una vivienda en copropiedad con su esposa en el barrio Los Frailes, en Las Condes, la que adquirió en marzo de este año, en UF 26.520 (equivalente a más de 715 millones de pesos), según consta en la escritura en el Conservador de Bienes Raíces.

Sin embargo, en su nueva declaración de patrimonio ya no figuran la inversión que el oficial tenía en la Jefatura de Ahorros para la Vivienda, que depende del Comando de Bienestar del Ejército, y donde tenía depositados poco más de $ 403 millones. Además, incluyó como pasivo un crédito hipotecario en el BCI por 107 millones de pesos.

El general Martínez declara dos inversiones en fondos mutuos, una por 138 millones de pesos en el Bci y otro en el banco Santander, por US$ 21.132.

En el Ministerio de Defensa señalan que el general Martínez comunicó al gobierno su total disponibilidad para abrir sus estados financieros para que estos fueran auditados por las autoridades de gobierno.

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