Manifiesto de Álvaro Espinoza, actor: “Me gusta hacer de malo”


Hace tiempo empezó a correr el rumor de que era peruano. No entiendo bien cómo empezó. Me enteré después de una entrevista, cuando la leí decía: “Álvaro Espinoza, actor peruano”. Estuve al frente del periodista y no me preguntó. Luego supe que, según Wikipedia, soy peruano. Lo gracioso es que no conozco Perú.

Estudié teatro por una epifanía. Era bien pastel en el colegio. Recién cuando postulé se me ocurrió que podía entrar a teatro. Recordé una obra que había ido a ver. Me impactó ver a estos tipos disfrazados y la certeza que luego salían del escenario y eran seres humanos comunes y corrientes. Esta vida absurda y gratuita del actor. Algo me hizo entender que ese tipo de vida era acorde a mi forma de ver el mundo.

Estoy cansado, mi personaje en Pacto de Sangre ha sido una carga emocional muy fuerte. No es que me esté volviendo loco ni nada de eso. Me gusta hacer de malo. El problema no es el personaje en sí mismo, sino que hacer tantas escenas cargadas de tanta emoción. Es enorme. Al principio te gusta, pero después de ocho meses terminas hecho bolsa. Ahora me voy de vacaciones.

Más de una vez he reaccionado mal con la gente que me va a saludar.
Me ha pasado que un día que estoy pasándola pésimo, comiendo y alguien me dice: “Perdona, no te quiero molestar”. Y uno piensa, “puta, entonces fin de la conversación”. Pero siguen adelante. Uno es las mil caras que tiene, como todo el mundo. En general tengo superbuena onda.

Me acuerdo que en TVN me enteré de que una gran actriz ganaba menos que yo. Era una actriz de más trayectoria y con más talento que yo. Quedé para adentro, lo encontré abusivo. Encuentro que las mujeres deberían estar por sobre los hombres en todo ámbito.

Cuando chico escuchaba a Slayer y Silvio Rodríguez.
Soy supervariado. Tocaba guitarra y piano. Podía pasar de canciones de Metallica a Soda Stereo o Sol y Lluvia.

Me gusta ser maestro. Como mi trabajo no es tangible, me gusta maestrear y hacer cosas. Hago mesas, muebles, de todo.
No tengo un candidato presidencial, creo que estamos en un desierto enorme. No hay líderes que realmente se vayan posicionando con sus ideas o por su carisma. Hoy no votaría por nadie.

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