Aumenta popularidad del taca-taca entre los más jóvenes

Autor: Carlos Montes

Uno de los partidos del Campeonato Nacional, cuya final se disputó el martes.

Solo en el último torneo nacional hubo casi 3.000 inscritos y la industria que crea las mesas crece a tasas de dos dígitos.


Surgido en Inglaterra en la década del 20, los primeros taca-tacas llegaron a Chile en los años 30. Pese a la irrupción de una amplia gama de juegos y pasatiempos digitales, la tradicional mesa de madera sigue ganando adeptos en el país, especialmente entre los más jóvenes.

Solo en el último torneo nacional de la especialidad, que se desarrolló por séptimo año consecutivo, hubo casi 3.000 jugadores inscritos, el doble que en el torneo de 2017.

Su creciente popularidad permitió el nacimiento del Club Nacional de Taca-Taca, una especie de federación de este pasatiempo en el país, pues es el único representante de Chile ante la International Table Soccer Federation (ITSF), la Fifa del rubro, que alberga a 60 países. Julio Campos, presidente del club, dice que el organismo nació en 2014, gracias a la idea de Jorge Barriga y Felipe Rivera, que hasta hace poco fue su presidente. Poco a poco empezaron a sumar amigos, hasta llegar a ser cerca de 15 personas que se reúnen periódicamente.

Fue el presidente de la Federación Argentina, que llevaba cerca de 20 años en este cargo, quien fue el que los invitó a profesionalizarse y ser reconocidos por la ITSF.

Selección de taca-taca

Explica que por su afiliación con el organismo internacional, el club es el encargado de nominar a la selección chilena de la especialidad en los distintos torneos internacionales que se disputan.

El próximo desafío es la Copa América que se disputará en Costa Rica,

“A la fecha se ha hecho una sola versión de la Copa América, que fue en Perú el año pasado, en octubre. No nos fue muy bien, salvo resultados aislados. La primera mesa internacional recién nos llegó en septiembre, por lo que no tuvimos mucho tiempo de preparación. Actualmente nos juntamos los martes a entrenar y prepararnos para la Copa América de Costa Rica, que se realizará en octubre”, explica Campos.

La mesa que hace mención es la que tiene los estándares internacionales y que se utilizan en estos torneos, muy distintas a las que hay en Chile, especialmente en las manillas -la internacional tiene mangos como de raqueta de tenis, incluso tiene grip- y los jugadores, que son de plástico duro y nivelados, con contrapeso. “La cancha también es más grande, de ancho y de largo. Se juega estratégicamente con muchas reglas, desde cómo se parte, cuánto tiempo puedes tener la pelota, qué pasa si sale afuera de la cancha, qué pasa si la pelota queda muerta, no se puede hacer remolino, entre otros. La ITSF te entrega 10 reglas más básicas, pero son muchas”, dice Campos.

Explica que a diferencia de países como Argentina, Perú o Bolivia, Chile compite como club, no como federación. “Aún no lo somos, porque hay ciertos pasos y reglas que cumplir. Primero, debemos ser parte del Instituto Nacional del Deporte (IND), y acá el taca- taca no es reconocido como deporte. En segundo lugar, debe haber cierta cantidad de clubes en el país y actualmente no los hay. Estamos trabajando con universidades, nuestra intención es incentivar la creación de clubes y transformarnos en una federación”.

Campeonato

Parte de este trabajo se logró con el Campeonato Nacional de Taca-Taca, pues la mayoría de los inscritos fueron estudiantes universitarios y la final se desarrolló en la sede de Inacap en Vicuña Mackenna.

Francisca Wright, jefa de Producto Canada Dry Limón Soda, organizadora del evento, señala que año a año aumenta la cantidad de inscritos y que el torneo nace por la necesidad de los jóvenes de tener un minuto de distensión en la universidad.

Estima que la principal virtud del taca-taca es que se trata de un juego que no pasa de moda. “Es un deporte clásico de jóvenes y adultos que todos saben jugar. Es fácil, se puede jugar en equipo y por todo el tiempo que uno quiera, ya sea un partido al mejor de tres goles o por lo que dure un recreo”, señala.

Industria estima que solo este año se venderán alrededor de 6.000 mesas

Ricardo Martínez es administrador de Entretenimientos Diana. Dice que el taca-taca es parte del catálogo de la empresa desde sus inicios, en 1934. “Es un clásico, con costos de mantención muy bajos. Vienen muchas personas de oficina a la hora de almuerzo, incluso organizan campeonatos. El que pierde, paga el happy hour”, dice. Agrega que su jugabilidad y el hecho de que Chile sea un país muy futbolero también ayudan. “Donde tenemos un local hay un taca-taca, así de importante”.

Jorge Abufom, dueño de Vadell, empresa fundada en 1943 y que entre sus productos comercializa taca- tacas, dice que solo entre 2016 y 2017 su venta creció 35%, y en lo que va de 2018, el alza es de 64% en relación a igual período del año anterior. “Abriremos un nuevo local en junio en Chicureo”. Agrega que son pocos los productos tradicionales que permiten reunir tres generaciones en un mismo juego. “Es entretención sana que se ha mantenido en el tiempo, hemos logrado que nuestros clientes dejen el celular de lado”.

Sebastián Fernández es dueño de Fratello, también dedicada a la fabricación y restauración de taca-tacas. “En los últimos tres años, hemos tenido un crecimiento sostenido de entre 15% a 17% en promedio. Vendemos 1.100 unidades anualmente y como industria estimo unas 6.000. Esto ha ido en aumento en el último tiempo, sobre todo por la selección chilena. Para 2018 proyectamos vender 2.000 taca-tacas”.

Dice que los precios van desde los $ 119.000 (modelo para dos personas con tres manillas por lado), y $ 359.900 para el modelo de ocho jugadores.

Rodrigo Gómez es otro fabricante, pero dedicado a hacer modelos de estadios a escala. Su primer trabajo fue San Carlos de Apoquindo “Empecé haciendo maquetas del estadio, una me la compró Miguelito. Luego quise hacer algo más grande. Se me ocurrió hacer un taca-taca de San Carlos de Apoquindo y cuando lo terminé lo publiqué en redes sociales. A las pocas horas me escribió José Pedro Fuenzalida. Nos juntamos después de un partido y vino a mi casa a comprarlo”. Hoy trabaja en otro de San Carlos de Apoquindo y en uno del Monumental.

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