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Científicos identifican la edad en la que comenzamos a envejecer más rápido

Un nuevo estudio publicado en Cell Press reveló que distintos órganos del cuerpo no envejecen al mismo ritmo y que, en un punto clave de la vida adulta, varios de ellos comienzan a deteriorarse con mayor rapidez.

Científicos identifican la edad en la que comenzamos a envejecer más rápido

Un nuevo estudio científico podría cambiar la forma en que entendemos el envejecimiento humano.

Aunque solemos pensar en el paso del tiempo como un proceso lineal, investigaciones recientes muestran que nuestro cuerpo a partir de cierta edad empieza a envejecer más rápido.

Según un trabajo publicado en Cell Press y difundido por ScienceAlert, existe un punto de inflexión en la vida adulta en el que el deterioro físico se acelera claramente.

El medio científico explica que el envejecimiento “no es una transición gradual”, sino un recorrido marcado por etapas.

Crecimiento rápido durante la niñez, una relativa estabilidad en la adultez temprana y, finalmente, una aceleración del deterioro conforme pasan las décadas.

Este nuevo estudio identifica con precisión el momento en que esa pendiente se vuelve más pronunciada: a los 50 años.

Científicos identifican la edad en la que comenzamos a envejecer más rápido. Foto: Getty Images.

¿Qué dice el estudio?

La investigación fue liderada por científicos de la Academia China de Ciencias, quienes analizaron cómo cambian las proteínas del cuerpo –esenciales de la salud de los tejidos– a lo largo del tiempo.

Para ello, recolectaron 516 muestras de 13 tipos de tejidos provenientes de 76 donantes de entre 14 y 68 años, todos fallecidos por traumatismos. También incluyeron análisis de sangre.

Los tejidos estudiados abarcaron siete sistemas corporales: cardiovascular, digestivo, inmunológico, endocrino, respiratorio, tegumentario y musculoesquelético.

Este catálogo permitió observar cómo varían miles de proteínas conforme avanza la edad.

Científicos identifican la edad en la que comenzamos a envejecer más rápido

Según detalla ScienceAlert, el equipo desarrolló relojes de edad específicos para cada tejido, lo que ayudó a delinear trayectorias de envejecimiento órgano por órgano.

Una de las conclusiones más relevantes es que los cambios más marcados ocurren entre los 45 y los 55 años, periodo en el que muchos tejidos experimentan una “remodelación proteómica sustancial”, en palabras de los investigadores.

Entre todos, la aorta –una de las arterias más importantes del cuerpo– fue el tejido que mostró la mayor susceptibilidad al envejecimiento.

El bazo y el páncreas también exhibieron transformaciones notorias. En este último caso, el deterioro puede tener consecuencias directas en procesos como la digestión y la regulación hormonal.

Envejecimiento acelerado

Para validar sus resultados, los científicos aislaron una proteína vinculada al envejecimiento vascular en las aortas humanas y la inyectaron en ratones jóvenes.

Los animales tratados mostraron menor fuerza, agotamiento más rápido y deterioro físico generalizado, además de señales claras de envejecimiento de los vasos sanguíneos.

Científicos identifican la edad en la que comenzamos a envejecer más rápido.

Estos efectos refuerzan la importancia de comprender cómo se degradan las proteínas en tejidos específicos y cómo este proceso se vincula con enfermedades cardiovasculares, fibrosis, problemas hepáticos y otros males asociados a la edad.

Un proceso más complejo de lo que creíamos

Un estudio estadounidense citado por ScienceAlert ya había identificado otros dos “picos” de envejecimiento, cerca de los 44 y los 60 años, relacionados con cambios metabólicos y disfunciones en la piel, músculos y sistema inmunológico.

Los autores del nuevo artículo creen que avanzar en la identificación de estos hitos permitirá desarrollar intervenciones médicas más precisas para mejorar la calidad de vida en la vejez.

Su objetivo final es construir un “atlas proteómico” del envejecimiento a lo largo de 50 años, una herramienta que podría revelar tanto patrones universales como cambios específicos de cada órgano.

Según el equipo, estos hallazgos “pueden facilitar el desarrollo de intervenciones específicas para el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad”, ayudando a que el proceso sea más llevadero y a prolongar la salud durante los años posteriores a los 50.

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