“Pensé que mi padre era el enemigo”: qué es la alienación parental que puede surgir tras un divorcio y cómo afecta a los hijos

Autor: BBC Mundo

Cuando los padres se separan, determinar el tiempo que cada uno pasará con los niños puede convertirse en un infierno. Es uno de los temas más espinosos sobre los que ponerse de acuerdo.


Y, a veces, un niño se niega a ver a uno de sus progenitores, y los servicios sociales tienen que averiguar qué está pasando.

Las autoridades cada vez se fijan más en un patrón de comportamiento denominado “alienación parental”.

Se da cuando uno de los padres pone deliberadamenteal niño en contra del otro.

La corresponsal de Educación de BBC, Branwen Jeffreys, encontró algunos adultos que cuando eran pequeños quedaron atrapados en separaciones difíciles y que querían contar su historia de forma anónima.

La historia de Mary

“Es una forma de controlar a tus hijos. Así fue para mi madre”.

Mary era una adolescente cuando sus padres se separaron después de algunos años de tormentosa relación.

Mirando hacia atrás, piensa que su madre trató de atar emocionalmente a sus hijos, en parte como una forma de sentirse segura.

“Mi madre nos dijo que él la había engañado con otra mujer, que nos había abandonado y que no nos amaba”.

Y aunque nunca le dijeron que no podía quedarse con su padre, a menudo era alentada a sabotear el tiempo destinado a estar juntos.

Después de unos años, Mary dejó de hablar con su padre y estuvo sin contacto con él durante un año.

“Pensé que él era el enemigo. Sentía que estaba en medio de una guerra. Nosotros estábamos a un lado y él en el otro”.

Pasado un tiempo, Mary volvió a ponerse en contacto con su padre.

Si le contaba a su madre que se lo había pasado bien con él, la atmósfera en casa cambiaba: o bien la madre de Mary dejaba de hablarle o le negaba completamente el afecto y se alejaba.

“Me divertía con mi papá, pero gradualmente me di cuenta de que si no me divertía con él, me ahorraba muchos castigos”, cuenta.

Hubo otras complicaciones. La madre de Mary bebía demasiado y algunas veces descuidaba a sus hijos.

Como adulta Mary dice que todavía está lidiando con el daño emocional, un daño que le generó dificultades para confiar en sus parejas.

Hoy día está en contacto con su padre, pero apenas habla con su madre.

Está tratando de superar las consecuencias de estos años a través de la terapia a la que acude.

“Todavía tengo pesadillas sobre aquellos años. Ahora son menos frecuentes, pero las tengo de vez en cuando. Acepté que siempre estarán conmigo”.

La historia de Louisa

Louisa tenía 7 años cuando sus padres se separaron y ella se fue a vivir con su madre.

“Siempre recuerdo la culpabilidad de dejarle solo el día que nos marchamos”, dice en alusión a su padre.

Louisa tenía una buena relación con su padre, a quien “amaba con locura”.

Y la ira de su madre la asustó. Recuerda que buscó el número de teléfono del servicio Childline (de asistencia a menores), pero que estaba demasiado asustada para llamar.

Su madre le dijo a sus hijos que la razón por la que carecían de algunas cosas era que su padre no quería pasarles dinero.

Con el tiempo, Louisa descubrió que esto no era cierto.

Siempre que le nombraba lo hacía como algo negativo, y alguna vez le llegó a decir a ella: “Eres como él”.

Su vida estaba llena de chantajes emocionales.

“¿No sabes lo que he hecho por ti? ¿No sabes lo que me ha hecho?”, gritaba su madre.

La madre de Louisa tuvo una relación con un hombre violento que la amenazó físicamente.

“No me permitían hablar con mi papá por mi cuenta. Tenía que poner excusas para pasear al perro y llegar a una cabina telefónica para hablar con él.

“Estaba aterrorizada por las consecuencias. Ella podía ir comprobar si le había llamado”, cuenta.

Su madre mudó a la familia tan lejos que se hizo aún más difícil ver a su padre.

Por lo general, su padre le enviaba tarjetas de cumpleaños a través de su abuela, pero un año una de las cartas fue enviada directamente a su casa.

“Eso provocó que mi madre no me hablara el día de mi cumpleaños”.

Siempre recuerdo la culpabilidad de dejarle solo el día que nos marchamos”.

En sus últimos años de adolescencia, Louisa se fue a vivir con su padre.

Al principio no fue fácil reconstruir la relación, porque el contacto durante todos aquellos años había sido intermitente.

Hoy en día, Louisa lucha por recuperar algún sentimiento por su madre. “Es un espacio en blanco”, relata.

Su mayor tristeza es que sus hermanos menores no tengan un recuerdo claro sobre su padre.

Seguir adelante

Andrew Reeves, presidente de la Asociación Británica de Terapia y Psicoterapia, dice que las personas que han pasado por estas experiencias acumulan una ira sin resolver y arrastran dificultades en su etapa adulta porque no pueden confiar en sus parejas.

“No hay una única solución para eso. Es importante poder darle sentido como adulto, y buscar apoyo para tomar las decisiones que sean mejores para la persona”, aconseja.

Reeves sugiere que tratar de tener una perspectiva de lo que sucede entre dos adultos puede ayudar a progresar hacia una posición de neutralidad al pensar en lo que ha sucedido.

Algunas personas buscan ayuda especializada, otras intentar encontrar soluciones apoyándose en personas cercanas.

De cualquier manera, dice, la decisión de volver a ponerse en contacto con uno de los padres es muy personal.

“Es algo que tiene que abordarse con expectativas realistas sobre lo que podría pasar”, afirma.

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