Cuba, ayuda humanitaria y multilateralismo

SEÑOR DIRECTOR:
Naciones Unidas advierte que Cuba está frente a un inminente colapso humanitario con la potencial interrupción de servicios esenciales para la vida de las personas. La población se encuentra sin petróleo, sin electricidad, sin movilización, con interrupciones al suministro de agua potable, con escasez de alimentos, de medicinas, y todo lo necesario para asegurar su subsistencia básica.
Una crisis que sigue siendo analizada bajo los códigos de la Guerra Fría, con discursos bipolares que atribuyen toda responsabilidad a uno u otro lado de la disputa ideológica. Al régimen comunista o a la política de bloqueo norteamericana. Y mientras la realidad puede estar en algún punto entre estas dos visiones extremas, lo urgente hoy es salvar a la población civil de la hambruna.
América Latina, y Chile en particular, tienen una larga tradición de políticas de Estado de ayuda humanitaria. Apoyos como el del Presidente Piñera al régimen de Maduro en Venezuela en 2019 muestran que los gestos humanitarios no son sinónimo de apoyo a un régimen político, sino un compromiso con la solidaridad internacional, tantas veces recibida cuando Chile ha vivido desastres naturales. Hoy, México, Brasil y Chile asumen el liderazgo iniciando un proceso de ayuda humanitaria a Cuba, imprescindible. Pero la magnitud del problema requiere mayores esfuerzos de la región, y el mundo, para evitar un colapso mayor.
Por ello, es la hora de las instituciones regionales y globales, del multilateralismo y la cooperación internacional. La urgencia hoy es que más países se sumen a un esfuerzo conjunto de apoyo humanitario para evitar la pérdida de vidas. Pero ello no implica abandonar la discusión sobre los problemas estructurales; la crisis política interna y las agresiones externas. Una apertura democrática en Cuba no puede empujarse a costa del sufrimiento de su población. La comunidad internacional, respetando el derecho internacional y a través del multilateralismo, debe colaborar con la construcción de una ruta de salida política. Sin bloqueos, sin violación de soberanía, pero con clara apertura de espacios cívicos, garantía de derechos, liberación de la conversación pública y condiciones para que sea su propio pueblo el que decida su futuro.
Marcela Ríos Tobar
Directora de IDEA Internacional en América Latina
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