Habitar el cargo

SEÑOR DIRECTOR:
Presentar como una pérdida de autenticidad el hecho de moderar el propio estilo al asumir responsabilidades de gobierno revela una confusión sobre la naturaleza del poder. Quien llega a un cargo público no está llamado a prolongar indefinidamente la lógica de la campaña ni a preservar intacto el personaje que pudo resultar eficaz para conquistar adhesiones.
Gobernar exige algo distinto, exige comprender que el cargo transforma las obligaciones de quien lo ejerce. La verdadera prueba del liderazgo no consiste en conquistar el poder, sino en habitar el cargo: entender que la institución impone deberes que trascienden el estilo, el temperamento e incluso la identidad personal.
Edmund Burke afirmaba que la prudencia es la primera virtud de la política, no porque gobernar implique renunciar a las convicciones, sino porque exige subordinar el protagonismo personal al interés general y medir las consecuencias de cada palabra y cada decisión.
Confundir esa necesaria transformación con una renuncia a uno mismo es desconocer que el poder no amplía la libertad para actuar como siempre se ha actuado, sino que impone mayores exigencias de responsabilidad. Comprender esa diferencia no es un detalle del oficio político: es una de las condiciones esenciales para estar a la altura del gobierno.
Juan Pablo Caneo
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