De Violeta Parra a Neruda: los vínculos que unieron a Alberto Cortez con Chile

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El cantautor falleció ayer a los 79 años y dejó un legado de composiciones simples y universales, con capítulos locales que involucran espacios de TV y el Festival de Viña.



Quienes alguna vez tuvieron la posibilidad de estar cerca del cantautor Alberto Cortez coinciden en que era un hombre de presencia imponente y de reflexiones profundas en sus conversaciones.

Algo que el cantante plasmó en sus composiciones que hoy se convierten en eternas, ya que el artista argentino falleció ayer a los 79 años en Madrid producto de una insuficiencia cardíaca.

Una carrera amplia, llena de reconocimientos, de saltos al folclor y a la poesía, de trabajos con compañeros como Estela Raval y Joan Manuel Serrat. En se trayecto, Chile tuvo un casillero, donde sus letras simples y sus melodías austeras llegaron en los 70 y los 80.

El primer show televisado de Cortez en el país tuvo lugar en 1976 en Dingolondango. Su amistad con el conductor del espacio, Enrique Maluenda, facilitó la llegada del cantante, que ya por esa época gozaba de popularidad en suelo nacional. "La gente que le gustaba la buena música quería escucharlo, pero no tenían la oportunidad de haberlo visto y fue así como llegó al programa", recuerda Eduardo Ravani, director del espacio que transmitía TVN.

Tres años más tarde fue el turno del escenario obligado para los artistas internacionales de la época. Desafiando al status quo de una Quinta Vergara que se regía por las restricciones de los años 70, el argentino realizó un homenaje a Violeta Parra para interpretar Gracias a la vida. Ello provocó diversas molestias de las autoridades de la época, según reportaron los medios en ese entonces.

Pero más allá de la seguidilla de visitas, el compositor tenía un importante interés por la poesía nacional, en particular por Pablo Neruda, a quien ya había homenajeado en las canciones Eran tres y Perdí tu dirección. Para su regreso a los escenarios locales en 2008, el artista dio dejó en claro su admiración por el poeta en su presentación en el Teatro Oriente de Santiago y leyó una carta que escribió junto a Facundo Cabral, la que el ganador del Nobel jamás recibió.

"Le encantaba venir a Chile", dice Alfredo Lamadrid, conductor que le realizó una de las últimas entrevistas en la televisión nacional. En esa misma ocasión, en Cada día mejor, el chileno le menciona el nombre de Antonio Prieto y de inmediato Cortez comienza a entonar La novia. Ambos cantantes se conocían de hace años y en ese instante tuvieron su reencuentro antes de que Prieto falleciera.

Ese regreso a Chile durante el 2008 fue muy agradecido por Cortez, quien durante un largo periodo no había concretado visitas y mediante un escrito agradeció al productor Carlos Lara por haber apostado por él. "Le hice una propuesta en la que le dije: 'mira yo creo que la gente te quiere ver en vivo', buscamos la manera de montarlo, lo hicimos y la verdad es que íbamos a hacer un concierto y terminamos haciendo cinco", cuenta Lara.

Entre los chilenos que lograron encontrarse en algún momento con el autor de En un rincón del alma, todos coinciden en que era muy sencillo y cercano. El exdirector de orquesta Horacio Saavedra dice que "no era de parafernalia, era muy simple. Tenía tan claro lo que quería hacer y no le gustaba que le recargaran sus orquestaciones o sus arreglos". Por su parte, el cantante Wildo, quien compartió con el argentino en México, lo señala como perteneciente a una camada de artistas que una tendencia proveniente "de Jacques Brel, corriente del mismo Raphael: de los tipos que actúan las canciones". El músico Fernando Ubiergo comparte, destacando a Cortez como "una pluma estilizada y de una lírica importante".

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