“La carta” de Violeta Parra: un canto urgente tejido en París

Violeta Parra.

Incluido en el póstumo Canciones reencontradas en París, el tema "La carta" cuenta algunas noticias urgentes desde un Chile convulsionado. Su hermano Roberto se encontraba detenido por participar de una protesta en la población José María Caro. Conmovida, Violeta Parra escribió una denuncia que marcaría un punto de inflexión en su repertorio.



Escrita originalmente por Violeta Parra durante su estadía en Francia, “La carta” fue uno de los tantos temas que aparecieron tras su muerte en 1967. Corresponde a una grabación para el sello Arion incluida en Canciones reencontradas en París (Dicap, 1971), “un disco de cantos revolucionarios compuestos por mí en Europa”, según advierte la artista desde una carta que recoge el libro Canción valiente (Ediciones B, 2013), de la investigadora Marisol García.

Allí la periodista explica que el documento musical, donde aparecen temas como "Arauco tiene una pena", "Arriba quemando el sol" y "Santiago penando estás", es "el único que en su discografía puede considerarse como un trabajo político casi de principio a fin".

Su hijo, el fallecido músico Ángel Parra, recuerda haber conocido —escritas en un cuaderno que su madre le entregó en París— esas canciones en 1964. Violeta las enviaba a Chile para formar parte de la tercera campaña presidencial de Salvador Allende. "Fue un canto atrevido, que de a poco fue encaramándose como una enredadera", dice Ángel Parra en Canción valiente.

En su libro Mi nueva canción chilena (Catalonia, 2016), Ángel Parra asegura que esos temas de Violeta "hoy siguen siendo la base de la Nueva Canción (...) Pero para que ustedes se hagan una idea del estado de la canción chilena en aquellos días, les contaré algo que hoy me parece increíble. Aquello era tan lamentable que el himno de la campaña presidencial se cantaba con la música de la película La marcha sobre el río Kwai, ¡incluyendo su parte silbada!".

Según el músico, "un destacado y longevo dirigente del PC que recibió la banda magnética con todas las maravillas compuestas por mi madre, y que yo entregué como su aporte a la campaña, las guardó en un cajón con llave. Demasiado revolucionarias. De pronto los cajones con llaves pasan a ser importantes cuando se quiere censurar sin que se note".

Entre esas canciones venía "La carta", donde Violeta Parra canta:

por el correo temprano

en esa carta me dicen

que cayó preso mi hermano

y sin lástima, con grillos,

por la calle lo arrastraron, sí.

La carta dice el motivo

que ha cometido Roberto:

haber apoyado el paro

que ya se había resuelto.

Si acaso esto es un motivo,

presa también voy, sargento, sí.

Yo que me encuentro tan lejos

esperando una noticia

me viene a decir la carta

que en mi patria no hay justicia

los hambrientos piden pan

plomo les da la milicia, sí.

De esta manera pomposa

quieren conservar su asiento

los de abanico y de frac

sin tener merecimiento.

Van y vienen de la iglesia

y olvidan los mandamientos, sí.

Habrase visto insolencia

barbarie y alevosía

de presentar el trabuco

y matar a sangre fría

a quien defensa no tiene

con las dos manos vacía, sí.

La carta que he recibido

me pide contestación

yo pido que se propague

por toda la población

que "El León" es un sanguinario

en toda generación, sí.

Por suerte tengo guitarra

para llorar mi dolor

también tengo nueve hermanos

fuera del que se engrilló

los nueve son comunistas

con el favor de mi Dios, sí.

Efectivamente Roberto Parra Sandoval, el aludido músico que escribió las décimas de La negra Ester e inspiró con sus cuecas choras a Los Tres, fue detenido en noviembre de 1962 durante la represión policial contra la población José María Caro en Santiago.

En Después de vivir un siglo Víctor Herrero cuenta que los vecinos de Lo Espejo se habían plegado a la huelga general convocada por la CUT, que exigía mejoras salariales y sociales: "Los pobladores fueron duramente reprimidos por la policía. El saldo de la represión fue de seis muertos y decenas de detenidos, entre ellos Roberto, que vivía ahí".

"La matanza causó un gran impacto en Chile. Al día siguiente el diario El Siglo tituló: 'El pueblo marcha hoy junto a sus mártires'", agrega.

La canción-denuncia

En diciembre de 1961, Violeta Parra había abandonado Chile con destino a General Pico en Argentina, donde se encontraba detenido por un confuso incidente otro de sus hermanos: Eduardo. Luego, viviría en Buenos Aires su primer golpe de Estado cuando las fuerzas armadas argentinas derrocaron el gobierno de Arturo Frondizi en marzo de 1962.

Mientras en Santiago aparecía el disco Toda Violeta Parra, la artista bebía los aires de un país convulsionado y se volcaba por primera vez a las canciones con fuerte acento político.

"La politización de sus canciones se había intensificado. El público del (teatro) IFT y el círculo de amigos y fans porteños fueron los primeros en escuchar temas como 'Mira cómo sonríen' y 'Yo canto la diferencia'", apunta Víctor Herrero en su biografía.

Durante esos meses argentinos Violeta Parra editaría el disco El folklore de Chile según Violeta Parra en el país trasandino. En palabras de Rubén Nouzeilles, director artístico de EMI y responsable de publicar la música de Violeta —citado por Después de vivir un siglo:

Violeta se sensibilizó fuertemente con la situación social y las carencias que experimentaban los más desposeídos. Este nuevo elemento hizo que su voz sobrepasara rápidamente los límites de lo autóctono y costumbrista, y no vaciló en banderizarse con toda reivindicación popular que ella consideraba auténtica. Así se delinea claramente el segundo periodo musical de Violeta, ya que no iba con su carácter la cómoda actitud de la estudiosa e investigadora pasiva, dedicada al culto del pasado. Las creaciones de Violeta revelan ahora una entrega total y apasionada, durante la cual compone canciones-denuncia de gran originalidad y fuerza. Es obvio que la mayor virtud de estas notables creaciones radica en su fuerza expresiva y la sinceridad y valentía de las denuncias que contienen.

Pronto vendría otro hecho importante: Violeta Parra partiría a Europa junto a sus hijos Isabel y Ángel en barco, con Helsinki, ciudad del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, como destino final. Luego de exitosas presentaciones, y tras una breve estancia en Moscú, los hijos se separan de la madre en Italia.

"Desaveniencias y deseos libertarios nos llevaron a separarnos de nuestra madre en el puerto de Génova", evoca Ángel Parra en Mi Nueva Canción Chilena.

Volverían a verse las caras en 1962. Y cabe destacar un contexto: para entonces, la música de América Latina estaba masivamente de moda en París. Particularmente la música andina, que con sus instrumentos sonaba realmente original a oídos europeos y estadounidenses. Esto influenciaría de alguna forma a Violeta Parra, quien aprendería a tocar el cuatro y el charango, instrumentos que luego usaría en temas como "Volver a los 17" y "Gracias a la vida".

Varios meses después, en el folleto de su exposición de arpilleras en el Louvre parisino, la directora del museo —Yvonne Brunhammer— hablaría así de su trabajo musical: "Violeta Parra no es una desconocida en Francia: los aficionados a la música popular conocen sus grabaciones de canciones chilenas, recopiladas recorriendo pueblos y campos, sierras y litorales de su país. Saben también que contribuyó a enriquecer el folclor contemporáneo, creando a su vez cantos y poemas auténticamente chilenos aunque profundamente personales".

Es en este periplo francés donde recibe la carta que cuenta la detención de Roberto Parra. Según investigó Víctor Herrero, “la misiva llevó a la cantante a componer una de sus canciones de protesta más famosas. Violeta tituló ese tema ‘Los hambrientos piden pan’, pero la canción se hizo conocida bajo el nombre de ‘La carta’”.

"En una clara muestra de que Violeta estaba consciente de su época y de la historia reciente de Chile —escribe Herrero—, seguía:

me pide contestación

yo pido que se propague

por toda la población

que 'El León' es un sanguinario

en toda generación.

Con ello la cantante aludía a quien era presidente de la República cuando se produjo la matanza, Jorge Alessandri Rodríguez, hijo del ex mandatario Arturo Alessandri Palma, conocido a su vez como el León de Tarapacá. En otras palabras, la moraleja de Violeta era que esos políticos de derecha siempre iban a ser represivos con el pueblo, porque formaba parte de su ADN", escribe su biógrafo.

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