Madre Migrante: la historia de una foto sobre el fin del sueño americano

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En 1936, por encargo de la Farm Security Administration, la fotógrafa Dorotea Lange tomó unas fotografías a una madre y sus hijos que se encontraban en un refugio improvisado en la carretera. La imagen se transformó en un ícono sobre los estragos que la Gran Depresión causó en EE.UU. Pero también abrió una inquietud sobre el uso de las imágenes para sensibilizar a la población.



Es una tarde perdida de 1936. La fotógrafa Dorotea Lange conduce por la carretera 101 rumbo a su hogar en las colinas de Berkeley. Desde el comienzo de la Gran Depresión, se interesó por fotografiar a marginales, campesinos, migrantes en la mendicidad, y todo aquel dejado de lado por el "american dream".  Justamente, en esa jornada, venía de fotografiar a temporeros agrícolas en Los Angeles, por encargo de la Farm Security Administration (FSA), un organismo creado para combatir la pobreza rural en el marco del New Deal, impulsado por el presidente Franklin Delano Roosvetl. Pero lo que ella no sabía, es que habría espacio en el rollo para unas fotos más.

Un cartel llamó su atención. Cuando pasó cerca de la localidad de Santa María, en las afueras de Nipomo, Lange notó una aglomeración de gente. Se trataba de un campamento para agricultores. Era un grupo de trabajadores hambrientos y agotados. Muchos habían atravesado el país a duras penas en busca de una oportunidad de trabajo en los campos de guisantes. Eran los días de la Ley de Ajuste Agrícola, en que el gobierno de Roosvelt intervino en la producción, comprando o destruyendo parte de las cosechas, a fin de regular los precios, y de esta forma dinamizar la productividad. La FSA buscaba visibilizar la dura realidad de los campos y por ello desplegó a lo largo del país a un grupo de fotógrafos. Lange era una de ellos.

Cámara Graflex en mano, la artista comenzó a caminar entre los improvisados refugios de madera y otros materiales que los migrantes habían levantado. Ocurrió que las fuertes lluvias de la temporada arrasaron con las cosechas, y para cuando los desesperados llegaron al lugar, ya no había campo en el cual trabajar. Sin dinero, sin comida, sin esperanzas, muchos se quedaron en el lugar abandonados a su suerte. Una de ellas, era una mujer junto con sus hijos. Lange se fijó en ella y se le acercó.

"Vi y me acerqué a la famélica y desesperada madre como atraída por un imán. No recuerdo cómo le expliqué mi presencia o mi cámara a ella, pero recuerdo que no me hizo preguntas. No le pedí su nombre o su historia. Ella me dijo su edad, que tenía 32 años. Me dijo que habían vivido de vegetales fríos de los alrededores y pájaros que los niños mataban. Acababa de vender las ruedas de su coche para comprar alimentos. Ahí estaba sentada reposando en la tienda con sus niños abrazados a ella y parecía saber que mi fotografía podría ayudarla, quizás por ello me ayudó. Había una cierta equidad en el momento", contó la fotógrafa en 1960.

Madre Migrante

Fueron seis disparos con la cámara. Una vez que las tomó, Lange se retiró.

Le fotógrafa prometió a la mujer que no publicaría las fotos, pero no cumplió. Primero las envío a las oficinas de la Farm Security Administration en Washington, quienes, conmovidos, enviaron una partida de alimentos al campamento de recolectores de guisantes en Nipomo. Pero cuando la ayuda arribó, la mujer y su familia ya se habían marchado.

Lange no se detendría. También le pasó las fotos al editor de San Francisco News , que publicó dos de las imágenes el 10 de marzo de 1936, bajo el título: "Ragged, Hungry, Broke, Harvest Workers Live in Squalor". No tardaría en ser usada por otros diarios a lo largo de la Unión. Un ícono de la Gran Depresión había surgido. La principal, en que la mujer sale pensativa, se le llamó "Madre migrante".

La fotógrafa retocó las imágenes. Le pidió a su asistente que eliminara el dedo pulgar de la mujer porque sobresalía demasiado, en su opinión. En la FSA no les gustó esa decisión pues sentían que le quitaba realismo. A fin de cuentas, para ellos se trataba más de un documento, que una expresión artística. Por más que el blanco y negro, la expresión tensa y preocupada de la mujer y los cuerpos de sus hijos, le dieran un especial dramatismo a la historia.

Otra de las fotos tomadas por Lange

Recién en 1970 se conoció la identidad de la mujer. Se llamaba Florence Owens Thompson, hija de nativos americanos. En 1936 trabajaba en los campos de remolachas y, en busca de mejores condiciones de vida, se trasladó junto a su esposo e hijos hacia Watsonville. El auto en que se trasladaban se averió, por lo que debieron detenerse en la carretera. Mientras el padre, Jim, con dos de su hijos, caminaron con el radiador averiado hacia algún punto en que pudieran repararlo, la madre se quedó con el resto de la prole en el improvisado campamento. En eso estaba cuando apareció Lange.

Años después, cuando la lograron ubicar, la mujer comentó que la foto no le había traído beneficio alguno, incluso señaló que le habían prometido una copia, pero nunca le llegó. Sentía que esa imagen le ataba a un estereotipo. He allí un límite difuso. Como plantea Fienkelkraut en La sabiduría del amor (2009, Gedisa) el defender la diferencia y la diversidad tiene algo en común con la exclusión de la misma. En ambos casos el otro permanece encadenado a su manifestación. Si el otro es lo que es, deja de ser otro. Es decir, de alguna forma al identificarlo con su diferencia, se le despoja de su alteridad. Por ello, de alguna forma, esa foto dejó estampada la alteridad de Thompson en ese momento. Y ello otorgó la posibilidad de cuestionar la visión con que la Farm Security Administration, generó campañas de sensibilización -como en la que trabajaba Lange- a partir del uso de imágenes de personas en situación vulnerable.

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