The Strokes en MTV por dos dólares: difícil de explicar

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Mientras Estados Unidos acaba de reponerse de los atentados a las Torres Gemelas, los críticos de música alucinan con el disco debut de la banda neoyorkina. Durante la gira promocional graban un especial para la cadena televisiva en un concierto que pretendía una mayor cercanía con la gente. Esa noche el grupo suena arrollador, compacto, aceitado, con un fuerte acento en sus ritmos. La grabación es el documento de una era en que la retromanía garagera parecía una fuerza imparable.




En Conciertos de Culto revisamos música en directo disponible en YouTube, el repositorio casi infinito de momentos y emociones con horas y horas de conciertos de todas las épocas y estilos. Una selección del periodista Felipe Retamal Navarro.

Difícil de explicar

En el verano austral de 2002, todos querían ser uno de los Strokes. No solo porque eran exitosos gracias a un fulgurante debut con Is This It?, en que a punta de canciones tan frenéticas como frescas, consiguieron montones de portadas y comentarios elogiosos. No solo porque eran cool, con pintas perfectamente desaliñadas y tocaban hermosas guitarras boutique. El quinteto era ante todo una pandilla que se hacía fuerte en lo colectivo. Parecían el grupo de amigos que se junta a tocar después de clases en la casa del final del pasaje, y que sí eran realmente buenos.

No en vano, el disco fue registrado casi en directo, con pocos overdubs y una microfonía muy simple. La idea era sonar compactos, crudos, abrasivos. Un cruce entre la escuela de los Ramones, las guitarras de Sterling Morrison y Lou Reed en The Velvet Underground y el optimismo de los Beach Boys. Semanas de ensayo -a veces dedicaban días completos a pulir una sola canción- y una regular agenda de conciertos, le dio al conjunto una excitante potencia en vivo. El mérito está en que fueron capaces de plasmarla en su obra prima.

Por eso es que en esos días sus directos eran arrolladores. Una gran masa sonora de distorsión controlada, crujiente y brillante que coloreaba un set de canciones con intención pop. De allí a que pronto se les invitase a programas televisivos y a especiales. Uno de ellos resultó especialmente inolvidable, por captar la energía del momento. El 2 febrero de 2002 se grabó su participación en el especial $2 Dollar Bill Concert, creado por MTV como una de sus ideas para rellenar programación.

La premisa era simple. Un recinto no muy grande que permitía ver a una banda en un contexto distinto y más cercano, con entradas a solo dos dólares. Eso sí, cada persona podía adquirir máximo dos boletos. En este formato se presentaron proyectos que estaban en la discusión, como Radiohead, Coldplay, My Chemical Romance, y por supuesto, los nuevos favoritos de la corona, The Strokes.

Hoy en YouTube hay varias versiones de la actuación, porque no se ha editado de manera oficial en gran calidad. Casi como una referencia a la fibra lo-fi de la banda. Una lástima, porque se trata de un material de buena factura que el fan militante y nostálgico seguro va a valorar.

Esa jornada en el Zoetrope Studio de Los Angeles, los neoyorkinos tocaron al completo su primer disco y un par de temas que luego fueron a parar a Room of Fire, como "Meet me at the Bathroom" y "Between Love & Hate". También incluyeron "When I Started", la canción que en la versión americana del LP reemplazó a "New York City Cops", retirada convenientemente para evitar cualquier controversia tras el atentado del 11-S.

Apenas arrancan, el grupo deja en claro lo suyo. Con "When I Started" e "Is This It?", hay una declaración: evitar el clásico cliché del concierto de rock con gran artificio. Mientras tocan al ritmo casi de metrónomo de la canción que da nombre al debut, no hacen mayor aspaviento. Julian Casablancas, vestido con una ondera chaqueta militar, canta con su voz saturada como si recién se hubiera levantado, tal como en el LP (piensen cuántos copiaron ese sonido después). El público los sigue de forma expectante.

La banda prefiere que su música lleve el espectáculo. Pero de cuando en cuando se permiten algunos arranques. Apenas suena el riff saltarín de "New York City Cops", Casablancas se gira hacia el baterista Fab Moretti, da la espaldas a parte del público y enciende un cigarrillo. Hacia la parte final del tema, el guitarrista Albert Hammond Jr. se lanza a tocar de rodillas, de frente a su equipo. Moretti machaca el ride. Casablancas canta la frase "but they ain't too smart" alargando un poco las palabras. El final es intenso a la vez que sobrio. La gente aplaude a rabiar. Ya entraron en el juego.

Es difícil no reparar en la similitud del pequeño cuadrilátero en que toca el grupo, con el escenario en que cantó un Elvis enfundado en cuero en su célebre Comeback Special (1968). Pero los Strokes le aportan una fibra punk y garagera. En "Barely Legal", el juego de las guitarras de Hammond y Nick Valensi son unos propulsores hirvientes de overdrive. Ambos atacan los instrumentos con furia, como aserruchando las cuerdas. Tanto, que en un momento Valensi está a punto de caer sobre la batería. El bajista Nikolai Fraiture alcanza a darle una mano.

El intento de balada en clave CBGB que es "Someday", permite apreciar el enfoque rítmico de la música del conjunto. Las melodías en la Fender Stratocaster del crespo Hammond Jr, van colgadas de la batería, mientras Valensi martillea su Epiphone Riviera y sigue el ritmo con leves movimientos de cabeza. El cigarrillo entre sus labios baila con la música.

"Soma", cuya introducción es una relectura de Chuck Berry, "Revolution" de los Beatles y "Anarchy in the U.K", es un tema que crece en intensidad mientras avanza. Valensi termina inclinado con la guitarra colgando mientras machaca los acordes. Casablancas marca el ataque final con sus manos y queda tan embalado que hasta choca los hombros con Valensi. Energía a tope de unos veinteañeros que se saben buenos y disfrutan de su momento en la cima.

Como la última gran pareja de guitarristas del rock, Hammond Jr. y Valensi sostienen la actuación con poco, pero bueno. Sus amplificadores Fender Hot Rod DeVille están a tope, como si quisieran replicar la sensación de una banda de pub. Las tomas desde arriba ponen en evidencia que ambos no usan más de cuatro pedales cada uno. Un par de overdrives, un preamp para el volumen de los solos, afinador y sería todo. La destreza con las perillas de tono y volumen de las guitarras hacen el resto.

En vivo ambos guitarristas replican sus partes con precisión. No se extraña nada, no falta nada, no hace falta agregar nada. Lo interesante es que evitan los clichés: no hay guitarras gemelas ni armonizaciones a lo Iron Maiden, lo suyo es rítmica pura: riffs muy simples, frases que caminan sostenidas en los patterns de batería. Con eso más las estudiadas entradas de Fraiture, que a veces toca alguna contramelodía, basta y sobra.

Mientras Casablancas canta cada parte como si fuera un mero trámite, la banda ataca "Hard to Explain" con una eficiencia demoledora. En este punto el manejo de la dinámica del grupo es simplemente notable. Cada sección tiene una identidad, y va acumulando tensión hasta explotar cuando Julian lanza "I missed the last bus/I'll take the next train/I try, but you see/It's hard to explain".

En general el vocalista habla poco con el público. Alguna broma ocasional y basta. Para cuando tocan "Last Nite", Casablancas sube al escenario a un tipo vestido casi tan cool como él: vestón, camisa de inspiración psicodélica, un sombrero vistoso y una bufanda blanca. Al abrazarlo, el invitado le deja un misterioso paquete en el bolsillo de su chaqueta. Luego, este se planta delante de Moretti, pero antes de ser un Bez, prefiere simplemente seguir la música con los brazos abiertos y simular unas alas con la bufanda. Mientras Hammond Jr, se despacha el solo, Julian bromea con las chicas guapas de la primera fila.

La toma de "Modern Age", es la que se usará para el video oficial del single. Ahí está Moretti martillando el tambor y el timbal de su Classic Maple, mientras Valensi se despacha las frases que parce aguijonear a lo largo del mástil de su Epiphone. Como una suerte de progresión dramática, Casablancas canta de rodillas y luego se tira al suelo. Al caer patea el atril de micrófono, pero alguien del público se lo sostiene. No durará mucho así.

Para el final queda el doblete de los temas que luego grabarán en Room of Fire. Son prácticamente iguales a las versiones finales. En especial "Meet Me at the Bathroom", es una muestra de la manera en que los Strokes comprenden el rol de sus instrumentos. Hay un juego en que el bajo y la batería llenan los espacios que a veces dejan la guitarras y entran en momentos claves para crear la sensación de lleno. Y con frase melódica de Fraiture, al estilo soul. El truco lo explotarán en todo su potencial en "Reptilia", pero ya suena en "Hard to Explain". Porque la grandeza de The Strokes, está que muy pronto definieron un sonido y lo exprimieron todo lo que pudieron. Y probablemente, en ello se exprimieron a sí mismos.

Quizás sin pretenderlo fueron canonizados como los patronos de una era que comenzaba su tránsito firme hacia el revisionismo. Y por cierto, cargaron con la infaltable etiqueta de salvadores del rock, que de cuando en cuando le cae a cualquiera que le insufle cierta actualidad a la vibra rockera. Pero esa noche en California, los neoyorkinos demostraron de qué estaban hechos: la atronadora simpatía por el ritmo.

The Strokes. 2 de febrero de 2002. Los Angeles, California.

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