David Bowie no se mancha: la biopic que hoy todos odian en Inglaterra

Johnny Flynn como David Bowie. Foto: Vertigo Releasing

Tras su paso por festivales, la cinta que explora la gira del músico en 1971 llega a plataformas digitales este viernes sin poder ocupar las canciones del cantante y con las críticas de casi toda su familia. El punto de ellos es clave: un alma camaleónica como Bowie jamás habría aceptado una película biográfica.



¿Cómo adaptar a uno de los artistas más icónicos de la historia de la música sin tener los derechos de sus canciones ni la aprobación de su familia?

Fue la pregunta que tuvieron que resolver los productores de “Stardust”, la primera película biográfica de David Bowie, que bajo la dirección de Gabriel Range llega a plataformas digitales este viernes 15 de enero en Reino Unido.

Coincidiendo con el quinto aniversario de la muerte del artista, acontecido ayer, la cinta pone en la piel de un joven Bowie a Johnny Flynn (”Emma), actor que asumió la responsabilidad de protagonizar un cuestionable biopic de corte independiente que la crítica especializada ha destrozado sin demasiados matices tras sus proyecciones en distintos festivales de cine, como los de Roma, San Diego y Austin. Estos días, los medios británicos han vuelto a lanzar dardos contra el proyecto, casi como una manera de alertar el poco brillo que espera a los televidentes interesados este viernes.

Basada en su primera gira por Estados Unidos, la historia se sitúa en 1971 y explora el viaje del cantautor, junto al productor Ron Oberman (Marc Maron) a una nación que aún no conocía de forma masiva su música y su figura. Fueron de hecho los instantes previos a que se convirtiera en Ziggy Stardust, quizás su personaje musical más influyente, en una época donde su popularidad aún no explotaba pese a que estaba promocionando su tercer álbum, “The man who sold the world”.

¿Qué hicieron entonces los mentores de la película si no podían contar la historia de un héroe musical a través de su propia música? ¿Cómo sortearon el acertijo? El protagonista en sus shows canta covers de otros artistas, como Jacques Brel o Scott Walker, admirados por Bowie en esos años.

A ello se suma otro truco que, aunque sucedió en la vida real, terminó favoreciendo a la cinta casi 50 años después: al personaje se le prohíbe actuar sobre escenarios estadounidenses debido a un error en su documentación. No tenía el permiso de trabajo correcto. Por tanto, termina realizando presentaciones para audiencias improvisadas o de poca monta, sin apelar a sus temas originales. Fue el mal rato que el Duque Blanco debió enfrentar cuando se lanzó a la conquista del mercado norteamericano.

En la vida real, tanto el hijo del cantante, Duncan Jones, como la primera esposa del músico, Angie Bowie, se negaron a la realización de la cinta y, naturalmente, a la utilización de las canciones para el largometraje: según la prensa inglesa, consideraban que el filme no estaba a la altura y que se trata de un producto desprolijo.

También han asegurado que el propio artista jamás hubiera querido verse retratado en una biopic: su leyenda camaleónica lo hacía optar por las múltiples versiones de sí mismo antes que por un sólo relato uniforme y salpicado de clichés.

De hecho, el reputado director Danny Boyle (Slumdog Millionaire) fue rechazado varias veces por el cantante ante diversos proyectos cinematográficos o artísticos. El realizador pretendía llevar a la pantalla grande a The Thin White Duke, una historia centrada en la vida del músico a mediados de los 70 en Los Angeles y con un guión de Frank Cottrell, pero todo quedó en nada. Se tuvo que conformar con canalizar todo su esfuerzo en un nuevo proyecto con el nombre de Steve Jobs, la película con Michael Fassbender en el rol del fundador de Apple y con Aaron Sorkin en la escritura.

Boyle también intentó que Bowie participara en la obertura de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres, pero también le dio un portazo.

Derechos de autor, el problema usual

Pero el caso de la cinta no es el único que ha debido ingeniárselas para adaptar a la pantalla un material cuyos derechos no fueron otorgados. Muy contrario a “Bohemian Rhapsody” o “Rocketman”, que no solo tuvieron los temas originales, sino que también se hicieron con galardones importantes de la industria cinematográfica, adaptaciones como “Stardust” se sitúan en la cuerda floja.

“Nadie está interesado en que yo cante canciones de David Bowie, al igual que no estoy interesado en que Rami Malek cante canciones de Queen”, declaró Johnny Flynn, quien escribió también sus propias canciones para la película, sorteando una vez más el problema de derechos.

En otros ejemplos, “Backbeat” de 1994 retrata los primeros años de The Beatles pero en ella no se escuchan las canciones de la banda mientras Stuart Sutcliffe aún era parte de la agrupación.

A lo anterior también se suma Jimi Hendrix, con su llegada al cine en “Jimi: All is by my side”, cinta que no solo fue acusada de ser poco apegada a la realidad, sino que también es un ejemplo de pantalla y líos autorales: la producción no presenta un solo track del guitarrista estadounidense.

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