Culto

El libro recomendado: el sólido retorno de Alberto Fuguet

Tras Ciertos chicos, Alberto Fuguet entrega su primera novela centrada en una voz femenina. A través de un complejo puzzle de testimonios, Ushuaia recorre la vida de una farmacéutica argentina en Maipú y la desaparición de su hijo.

Ushuaia

Alberto Fuguet

Tusquets

Desde 2024, cuando publicó Ciertos Chicos, Alberto Fuguet se mantuvo trabajando en una nueva novela. Y ya la tenemos, se llama Ushuaia, la segunda que publica tras su regreso a la casa editorial Planeta. Si en la anterior buscó contar una historia al mismo tiempo que exploraba a sus personajes, ahora retoma un formato que le hemos conocido anteriormente. Como en Por favor, rebobinar, en Ushuaia la historia la cuentan varias voces. A través de testimonios, notas periodísticas, entradas de blogs, documentos médicos y hasta cuentos nos relata la historia de Leticia Lucero, una argentina de la provincia de San Luis que se instaló en Maipú, con su farmacia de barrio, en 1985. Tiene un hijo chileno, Bruno, un adolescente con quien mantiene un vínculo algo complejo. El muchacho es gay, solitario e inadaptado, y tras acudir a una fiesta, su rastro se pierde. Si bien, Fuguet vuelve a dos de sus zonas de confort -la historia contada en voces y un personaje entrañable- lo cierto es que acá le da una interesante vuelta de tuerca: el centro de la historia es Leticia, y se transforma en su primera novela con protagonista femenina (descontando los relatos Amor sobre ruedas y Pelando a Rocío, de Sobredosis) y además, extranjera. Ushuaia tiene el mérito de ser una novela de voces sin fallar en el intento, los formatos de los diferentes registros funcionan, y sobre todo, tiene la virtud de que la historia no decae en ningún momento. Cuando un escritor logra que el lector le crea, su narrativa funciona, y en este caso, Fuguet lo consigue. Pese a su forma de ser tan avasalladora, Leticia conecta con el lector porque también conocemos sus miedos, sus contradicciones, sus zonas vulnerables. Ello la humaniza y la acerca más. Y cuando Fuguet logra que sus personajes muestren efectivamente sus heridas y sus discordancias (como Matías Vicuña, de Mala Onda; o Saúl Faúndez, de Tinta roja) sin caer en lo cliché, es cuando se revela como el escritor sólido que es.

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