Culto

Entre gritos, árboles y agua: la historia que une a Los Jaivas con Country Joe McDonald, el fallecido héroe de Woodstock

El cantautor -fallecido el pasado sábado 7 de marzo a los 84 años- visitó Chile en 1970, en plena efervescencia por el ascenso de la UP. Por gestión de Raúl Ruiz, llegó a conocer al grupo viñamarino, entonces en plena etapa de desarrollo musical a punta de improvisaciones. Surgió así la chance de grabar una peculiar banda sonora. Esta es la historia.

Entre gritos, árboles y agua: la historia que unió al héroe de Woodstock Country Joe McDonald y Los Jaivas

La puerta de la sala se abrió de golpe. Los Jaivas parecieron no notarlo. Concentrado cada uno en arrancar el sonido más extraño posible a su instrumento, estaban inmersos en la cascada sónica que trabajaban en sus improvisaciones. Entonces, se asomó Country Joe McDonald. El gringo los miró y en un atropellado español les gritó “¡árboles y agua!“. Luego cerró la puerta.

Pasmados, los músicos de Los Jaivas se miraron. De alguna manera esa indicación del gringo era un pie forzado. Comenzaron entonces a improvisar. Claudio Parra tocó un trinos en el piano, mientras los otros músicos echaban mano a lo que hubiera. La cosa era crear. Así surgió una pista que llamaron, precisamente, Árboles y agua.

Corría 1970 y aquella era la primera vez que Los Jaivas grababan en un estudio. Habían dejado atrás su reticencia inicial a registrar su obra en formato disco. Aunque aún estaban en una fase experimental, poco a poco, comenzaban a decantar en piezas más parecidas a canciones. “Nos fuimos ablandando porque sentimos que estábamos haciendo una música importante, un arte que debía trascender y ser difundido”, recuerda Claudio Parra en las páginas de La vida mágica de Los Jaivas, la fundamental biografía del grupo de Freddy Stock.

Los Jaivas

Gracias a los contactos que se habían agenciado desde su llegada a Santiago, habían conocido a Raúl Ruiz. Por entonces, este se encontraba trabajando en un filme sobre el proceso de la UP, junto al estadounidense Saul Landau. Se llamaría ¿Qué hacer?

Además de Landau y Ruiz, el filme tendría a otro nombre destacado, el músico Country Joe McDonald. Recientemente fallecido el pasado 7 de marzo, ya contaba por entonces con un nombre como un destacado exponente del folk. Más por su participación en el legendario Festival Woodstock, al que llegó con su repertorio cargado de crítica social y activismo pacifista en plena guerra de Vietnam.

Fue Ruiz quien tendió el puente para vincular a Los Jaivas con Country Joe. Asombrado al ver una presentación del grupo, en que desplegaban su ambicioso y complejo universo sonoro, los invitó a grabar a un estudio profesional en Santiago. Así llegaron al estudio RCA de calle Catedral.

Aquella ventana recién abierta remeció a Los Jaivas. “Nos impactó conocer un estudio de grabación. Ver cómo sonaba todo, los instrumentos que había, las posibilidades que te daba -recordó Claudio Parra a este medio-. Además, veíamos que todo nuestro período de improvisación había madurado mucho, pero se iba a perder, no iba a quedar ningún testimonio. En base a eso nacen las ganas de grabar”.

McDonald se hizo cargo de todo. “Les pagaría un estudio de grabación, el mejor que hubiera en el país, para hacer un álbum que se llevaría a Estados Unidos para mezclarlo y luego lanzar acá y en los círculos alternativos de su país”, detalla la biografía La vida mágica de Los Jaivas.

Country Joe McDonald

En el estudio, Los Jaivas desarrollaron improvisaciones tal como las que desplegaban en sus conciertos. “Sumergidos en los viajes lisérgicos recién descubiertos, Gato y Eduardo comandaron al grupo hacia sonidos extrasensoriales que tenían derretido al gringo al otro lado del vidrio, en las consolas!”, dice el mismo libro. Fue ahí, que entusiasmado, McDonald se metió de imprevisto a la sala a pedir “árboles y agua”.

En la sesión también improvisaron otros temas como la extensa Neruda (ahí gritan “ta’ escuchando el gringo”), Malambo Feo (un malambo experimental que ya mostraba su interés latinoamericano), Cuequita, Viva la gente, Ankatu (como el nombre del hijo primogénito de Gato Alquinta) y otras piezas. Terminaron la grabación, hicieron algunas fotos, le dieron la mano a Country Joe y no supieron nada más. La grabación recién estuvo disponible años más tarde, en el volumen 5 de la colección La Vorágine, que rescató aquellos años formativos del grupo.

De alguna forma se cerraba una época. Un año después, tras vender un órgano adquirido en Japón, el grupo pudo decidió costear la grabación de su primer disco, El Volantín. Pero esa es otra historia.

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