Culto

Esteban Düch sepulta el fantasma de George Harris y triunfa en Viña 2026 con rutina sobre la migración venezolana

El comediante venezolano realizó una rutina efectiva donde se mofó del choque cultural que significó como venezolano llegar al país hace una década: mencionó a Nicolás Maduro, al Tren de Aragua, al propio George Harris, y se llevó todos los premios del certamen.

24 de febrero de 2026/VIÑA DEL MAR El comediante venezolano, Esteban Düch, se presenta en la Quinta Vergara, durante la tercera noche del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026. FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO Hans Scott

No era una faena fácil para el comediante venezolano Esteban Düch.

Fue elegido para protagonizar el casillero del humor en la tercera noche del Festival de Viña 2026, justo entre el dúo mexicano Jesse & Joy y el conjunto de k-pop NMIXX, ambos con gran arrastre juvenil, demostrado en el furor que generaron este martes 24 en la Quinta Vergara: la sola mención de ambos en un inicio detonaba un estruendoso griterío de devoción como no se había escuchado hasta ahora en la cita (sobre todo con los asiáticos).

En cambio, cuando se anunciaba a Düch, sobrevolaba una preocupante indiferencia. Un silencio frío y generalizado, quizás en sincronía con un nombre más asociado a un circuito standupero de bares, poco reconocido por el gran público y sólo con atención mediática hace un año, cuando el fiasco en el certamen de su compatriota George Harris lo puso en los titulares como una alternativa mucho más chistosa y conocedora del país (vive en Santiago hace una década).

25 DE FEBRERO DEL 2026 ESTEBAN DUCH DURANTE SU SHOW EN EL FESTIVAL DE VIÑA 2026. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

Sin embargo, el humorista partió sepultando fantasmas y un contexto que podía parecer adverso. Recurriendo al recurso habitual de la ola de un lado a otro en el público, se hizo cargo de su condición de inmigrante y, de hecho, partió aludiendo a su malogrado colega Harris: comentó que se había sorprendido de que lo llamaran de Viña porque el año pasado “pasaron cositas” y que, cuando lo hicieron, se contactaron con “su teléfono de disco”, en un guiño al “memorable” aparato en que se centró la rutina del venezolano que estuvo en 2025. “Y yo estaba jalándome el muñeco”, siguió.

Luego, mencionó su experiencia llegando al aeropuerto de Santiago en 2015, cuando la migración venezolana aún era una realidad esporádica. El PDI que lo interrogó se sorprendió, según su relato, y le preguntó de dónde venía: “de Maracaibo”. Ahí el profesional le respondió que el único de Maracaibo que conocía era Luciano Bello. “Él es familiar mío”, le respondió Düch con gracia.

Tras ello, hilvanó un relato donde tropezaba con la experiencia de partir del terminal aéreo de la capital en un taxi, con un chófer hablando en acelerado acento chileno.

FOTO: VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO VICTOR HUENANTE

El código de Düch quedó de manifiesto de inmediato: a diferencia de Harris, él se ríe de las diferencias culturales y del choque social entre venezolanos y chilenos. De cómo los chilenos hoy vemos a los venezolanos, de la estigmatización mutua que existe entre ambas partes, y de cómo aquello ha generado casi un universo y un lenguaje aparte. Es rápido y efectivo en su relato y no naufraga en el humor anticuado que presentó Harris.

De hecho, se hizo cargo de la actualidad y mencionó “lo difícil” que es ser venezolano hoy: las deportaciones desde Estados Unidos, la crisis política en Venezuela y “lo que viene en Chile” en un tiempo más. “Lo que va a pasar en 15 días”, soltó, en alusión a las políticas en torno a la migración que ha anunciado el presidente electo José Antonio Kast. “Menos mal alcancé a presentarme aquí en Viña”, dijo generando las risas masivas.

25 DE FEBRERO DEL 2026 ESTEBAN DUCH DURANTE SU SHOW EN EL FESTIVAL DE VIÑA 2026. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

El público ya estaba en el bolsillo y se entregaba a una presentación donde incluso se atrevía a nombrar al Tren de Aragua y a la dictadura de Nicolás Maduro, en unos de los pasajes donde su tono se volvió más serio y solemne. “Fue impactante ver a los aviones bombardeando Caracas esa mañana”, narró en su rutina. “Yo llamé a mi papá en Venezuela y me dijo ‘hello’”.

“Si está consciente el pueblo chileno es de lo mal que le hace la dictadura a un país, ¿si o no Quinta Vergara? Mucho aplauso allá arriba y poco allá abajo", comentó después, detonando los aplausos del “Monstruo”.

“Me he chilenizado mucho”, repetía para insistir en cómo se ha ido mimetizando con la realidad local, con sus hábitos y su acento. Quizás ahí el show entró en una zona algo árida y difusa, el ritmo se puso más lento, pero la audiencia juvenil seguía riendo y gozando del relato, sin dar espacio a la indiferencia o a la pifia.

“Soy de los venezolanos que tomó la valiente decisión de quedarme hasta el final de mi vida en Chile. Ahora que decidí quedarme en Chile, lo que me queda es vender mi mierda en Santiago e irme lo más al sur que pueda. Quiero ser un señor del sur”, soltó, repitiendo su fórmula, para después hilvanar cómo era participar de una celebración de 18 de septiembre siendo extranjero. Y por supuesto, la particularidad de conocer las marraquetas.

En síntesis, un comediante que comprendió la clave de cómo hacer reír desde su posición foránea, de cómo mofarse de costumbres locales desde otra óptica y de cómo entender la idiosincrasia nacional desde la realidad venezolana.

“Cuando uno quiere a Chile, Chile te quiere de vuelta”, fue su corolario, una máxima de agradecimiento, pero que también retrata su acertada performance viñamarina. Como premio, se llevó las dos gaviotas. Hasta invitó a Rodrigo “Guatón” Salinas para una canción final, como homenaje a 31 Minutos. Y de pasó, sepultó toda clase de presencias fantasmales. Incluyendo el teléfono de disco de George Harris.

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