La segunda vida de Roxette: “Las canciones nunca se equivocan”
Per Gessle, arquitecto sueco del pop detrás de Roxette, revisitará en Chile los clásicos que estampó junto a la fallecida Marie Fredriksson, ahora en la voz de Lena Philipsson. Ambos hablan con Culto sobre la nueva vida del grupo y el espectáculo que los tendrá el 21 de abril en el Movistar Arena.

En la primavera de Estocolmo hay doce grados centígrados y sol. Para Per Gessle (67) y Lena Philipsson (60) es prácticamente una celebración, pues aquel gesto ligero señala que el invierno comienza a replegarse.
Quizás no sea casual que en la música popular sueca —y en particular en la historia de Roxette— siempre parece haber algo de ese tránsito entre frío y deshielo: melodías luminosas que, sin embargo, cargan con una melancolía profunda, anhelando la luz.
En esa tradición, que suele compararse con una fábrica de éxitos de precisión relojera, desde ABBA hasta Ace of Base, The Cardigans o incluso The Knife, el país escandinavo ha producido una cantidad sorprendente de canciones que se han colado en el cancionero inconsciente del mundo.
Desde el lado del metal, propuestas del mismo país conviven con el pop y lo electrónico, resaltando lo más ancestral de esa búsqueda de significado ante la impetuosidad climática, con bandas como Hammerfall, Opeth o para qué hablar de Bathory.
Y, sin querer, Gessle da en el hilo conductor entre ambas vertientes: “La música folclórica sueca está en nuestra sangre”, sentencia amable vía Zoom con Culto. “Es muy melódica y muy triste. Si escuchas la música del norte de Inglaterra, o de Escocia o Irlanda, también encuentras esas melodías hermosas. Nosotros tenemos algo parecido”.
Escuchando al corazón
Gessle fue miembro de Gyllene Tider, uno de los fenómenos nacionales más grandes a nivel nacional en la Suecia de fines de los años 70 y comienzos de los 80. Oriundos de Halmstad —de donde proviene, por ejemplo, Arch Enemy— tuvieron un éxito arrollador en el clímax de la new wave y el postpunk. Eran los más grandes en su momento, y la clave es que el guitarrista sabía dónde apuntar: “Somos mucho más un país de melodías que de ritmo”, explica.
Ese rasgo se mezcla además con otra particularidad cultural que, según él, beneficia a Suecia: el idioma. Se trata de un país pequeño —la mitad de Chile continental— y con una lengua que apenas se habla fuera de sus fronteras, por lo que aprender inglés desde la infancia se vuelve casi inevitable. “Todos los niños suecos aprenden inglés muy temprano”, dice Gessle. “Y eso hace que escribir canciones en inglés sea algo bastante natural para nosotros”.
En su caso, la relación con ese idioma nació a través de los discos. “Aprendí inglés escuchando música”, recuerda. “Cuando era niño eran The Beatles y Simon & Garfunkel. Después, cuando era adolescente, me metí mucho en Leonard Cohen, Joni Mitchell o Crosby, Stills, Nash & Young. Así vas aprendiendo el idioma, y también los trucos de la composición”. El fraseo melódico en inglés fue un molde estructural que su cerebro fue asimilando directo de los grandes.
Mucho antes de que Roxette existiera, Gessle ya había conocido a quien se convertiría en su aliada perfecta: Marie Fredriksson. Ambos crecieron en la misma escena musical de la costa oeste sueca, compartiendo salas de ensayo con sus respectivas bandas. “Cuando terminábamos de ensayar nosotros, entraba la banda de Marie”, recuerda. “Ella tenía el pelo larguísimo y estaba sentada frente a un piano Fender Rhodes, golpeándolo con una energía increíble. Gritaba, cantaba, golpeaba las teclas. Y tenía una voz fantástica”.

Vestidos para el éxito
En ese momento, la historia de ambos avanzaba por carriles distintos. La banda de Gessle tenía consolidado su éxito local, mientras Fredriksson tardaría más en encontrar su lugar en la industria.
Pero el compositor ya tenía claro algo sobre sí mismo: no se sentía realmente un cantante. “Siempre pensé que era mucho más un escritor que un vocalista”, dice. “Empecé a cantar en mi banda porque nadie más quería hacerlo. Pero siempre tuve la sensación de que mis canciones merecían un gran cantante”.
Cuando Fredriksson y Gessle comenzaron a trabajar juntos en 1986, ambos ya tenían algo de experiencia, pero las expectativas eran modestas: “Nuestro objetivo era quizás hacer algunos programas de televisión en Alemania o Bélgica”, ríe Gessle. “Nunca imaginamos el éxito global”.

Y el éxito llegó con fuerza inesperada. “El primer álbum de Roxette en realidad era casi un disco solista mío”, explica sobre Pearls of passion (1986). “Pero el disco realmente pensado para la voz de Marie fue Look sharp! (1988). Ahí ya podías escuchar canciones como Listen to your Heart, Dangerous, The look y Dressed for success. Ella simplemente las interpretaba de una forma increíble”.
Tener su voz a disposición de las canciones cambió la forma de escribir de Gessle. “Para mí, como compositor, fue muy emocionante. Sentía que podía expandir mi imaginación, porque sabía que tenía a esta cantante soñada”.
A la siga de ese álbum que reventó como multiplatino a nivel planetario, vino Joyride (1991), placa con la que visitaron Chile en 1992, trayendo consigo más hits como Fading like a flower, Spending my time, Church of your heart y la misma Joyride. “Fue una locura”, recuerda Gessle.
“No sabíamos qué esperar. La gente nos decía que no fuéramos, que no íbamos a ganar dinero, que otros artistas habían cancelado sus giras en varios países a raíz de los incidentes en Kuwait. Pero dijimos: ‘¿Están bromeando? ¡Claro que vamos!’ Llegamos a Santiago, a Río, a Buenos Aires… y tocamos en estadios de fútbol. Fue increíble, una experiencia inolvidable. Todavía es mi gira número uno, sin dudas”, explica sobre su paso por el entonces Estadio San Carlos de Apoquindo el 25 de abril de aquel año.
Pasando mi tiempo
Tres décadas después, ese mismo pulso de sorpresa y emoción se repite en Lena Philipsson, cantante con la que Gessle volvió a llevar a Roxette a los escenarios tras el fallecimiento de Marie en 2019 después de luchar 17 años contra el cáncer.
Philipsson ha habitado su propio espacio dentro del repertorio de Roxette, respetando a Marie pero haciendo las canciones suyas. “Las canciones me llevan”, dice.

“Hay tantos hits grandes que es difícil que algo salga mal. Yo puedo equivocarme, pero las canciones nunca se equivocan”. La banda tuvo su presentación oficial en Sudáfrica en febrero de 2025 y su paso por Sudamérica es algo que la tiene emocionada. “Nunca he estado allá. Estoy muy curiosa por sentir al público, por ver cómo reaccionan. Para mí, es como sentir esa nitidez del primer momento de Per cuando fue a Chile en 1992, pero ahora lo sentiré en primera persona. Es emocionante y desafiante al mismo tiempo”.
El desafío viene de la mano de lo icónicas que las canciones del grupo se han convertido, atravesando cambios en el formato y la lógica de consumo del entretenimiento —del cassette al disco compacto al streaming — y la persistencia —la capacidad de seguir sonando fieles a esa conexión con los conversos décadas después— sigue siendo un misterio.
“Uno nunca puede dar por sentado tener una carrera tan larga. Pero las canciones de Roxette hoy se escuchan tanto en radio o streaming como en nuestros mejores años”, admite Gessle. La vocalista y él se conocen desde mediados de los años 80, cuando el guitarrista intentaba —tras el quiebre de Gyllene Tider en 1985— abrirse paso como compositor para otros artistas, escribiendo el hit Kärleken Är Evig, canción con la que Lena se presentó en el Melodifestivalen de Suecia en el año 1986, y que le llevó a obtener el segundo lugar.

Más allá del lugar común de la prolijidad y eficiencia sueca en cuanto a producción, la pureza de perseguir canciones que resuenen viene del embelesamiento de Gessle con el romanticismo —como le llama él— detrás de todo lo que rodea la música y lo discográfico como fenómeno cultural en sí. Es algo que él remonta a su propia infancia.
“La música siempre fue como mi mejor amigo. Tenía mi colección de discos, escuchaba las letras, las voces, las guitarras. Cuando empecé a escribir, era solo para mí. Y luego llegó la primera carta de un fan, y no podía creer que alguien estuviera escuchando lo que yo había escrito. Décadas después, esa sensación sigue igual”.
En Estocolmo la primavera escurridiza parece reflejarse en la música que persigue Gessle. Un movimiento equivalente a pasar de la simple nostalgia a la perspectiva de una resonancia compartida. Con Lena al frente y trayendo consigo las canciones esculpidas junto a Marie, Roxette vuelve a Chile (21 de abril en el Movistar Arena) siempre escuchando al corazón.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE
















