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Los sicópatas de Viña del Mar: al rescate de un histórico true crime chileno

Editorial La Pollera reedita en un solo volumen la histórica investigación periodística de Alfonso Alcalde sobre los sicópatas de Viña del Mar. Un clásico del true crime chileno que une crónica, misterio y literatura, disponible nuevamente en librerías.

Cuando vio la noticia, el poeta Alfonso Alcalde tuvo una corazonada. Ahí había un libro. Es que no solo era un nombre insgine de la poesía chilena, había trabajado en medios: fue colaborador del diario El Sur de Concepción y de las revistas, Ercilla y Vistazo. Fue jefe de prensa en radio Bío Bío de Concepción, y profesor de Periodismo en la Universidad de Concepción. Sabía que al frente suyo había una noticia tan dantesca como sabrosa. Unos sicópatas en una ciudad populosa (y glamorosa) como Viña del Mar.

Así, Alcalde se trasladó a la ciudad jardín y comenzó a reportear, a hablar con los testigos, con las víctimas sobrevivientes de los sicópatas de Viña, abogados, uniformados, testigos, incluso con astrólogos y brujos. Por supuesto, también con los propios acusados antes que enfrentaran la muerte: los excarabineros Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins.

Así, Alcalde le dio forma a Los sicópatas de Viña del Mar. El club del crimen. Fueron tres minilibros que entre 1984 y 1985 se vendían en los quioscos. Amén de la popularidad del género policial, el título fue todo un éxito y se calcula que alcanzó los 90 mil ejemplares vendidos en conjunto. Incluso, el último de ellos salió pocos días antes del fusilamiento, el 29 de enero de 1985.

Hoy, el volumen vuelve a las librerías esta vez en un único libro que reúne a los tres minilibros en uno solo. Los sicópatas de Viña del Mar. El club del crimen, es un rescate de la casa editorial independiente La Pollera. Y su editor, Daniel Campusano, lo comenta con Culto.

“Desde hace mucho tiempo conocía la poesía de Alcalde y había leído lo que hablaban de su obra narrativa autores como Bisama, Geisse, Mellado y Catalina Porzio. En 2023 leí Vecino, la antología de Lumen trabajada por Vicente Undurraga. Fue un remezón y un envión para investigar más sobre la circulación de la obra de Alcalde. Busqué los tres facsímiles en que se publicó el reportaje en Mercado Libre y les pedí a mi jefe que los comprara. Acá había que hacer algo. Rápidamente nos comunicamos con Hilario, su hijo. Su colaboración fue generosa y entusiasta desde el principio. Postulamos a un fondo público y lo obtuvimos. Ahora había que trabajar, y el desafío partía por releer y escanear página a página. El diseño interior del libro fue trabajado meticulosa y respetuosamente por Pablo Martínez”.

En estos volúmenes, señala Campusano, Alcalde transita entre la crónica periodística, el reportaje novelado, la literatura de investigación y el true crime. Sería algo así como el A sangre fría de la literatura chilena. “Es un ornitorrinco utilizando un concepto de Juan Villoro sobre la crónica bien lograda. El texto es una hazaña de sintaxis, elipsis y tejido narrativo. Nos entretiene, nos detiene y nos impulsa. Las omisiones hablan. Alcalde tiene la habilidad, y no solo en su registro narrativo, de dejar la pelota botando, de mostrar y nunca latearte con exposiciones. Algo que se agradece en un momento donde los opinadores, gritones y explicadores tienen repercusión”.

“Alcalde tiene una capacidad de escenificación muy conveniente para narrar un caso policial. Sabe cuándo entrar y sacar personajes. Cuándo dejar espacio para el siguiente cuadro. De su lado poeta se percibe la fluidez, la falta de ripio, la oreja, el manejo y la ecualización de las voces. No descarta nada, que entiende el caso como un huracán de omisiones y extrañezas y nudos desatados sospechosamente. Hay un cruce de versiones contradictorias y escenas incompletas, enrarecidas, también, por la tremenda mediatización que tuvo el caso. Las investigaciones y las opiniones que extrae Alcalde se pasaban por televisión y ocupaban los titulares. Entonces, con esa inmensa habilidad narrativa, Alcalde tuvo la destreza de atar y encaminar toda la vorágine del caso que, como toda bola de nieve, crece y arrastra muchísima información cruzada. Esto está pasando, escribe; esto dicen los ministros de la corte, esto dicen los adivinos, esto dicen las víctimas. Aunque nada parece tan claro, Alcalde se atreve a dar un montaje, a tirar flechas al aire y, muchas veces, ver dónde estaban cayendo”.

En el libro, Alcalde se hace eco de una tesis que circuló en la época: el rumor, la paranoia y la sospecha de que detrás de los dos ejecutados operaba una red de poder, el llamado “Club del Crimen”, tesis que nunca se esclareció. Sin embargo, lo hace como en la buena literatura, de manera superficial, nunca se juega de modo explícito.

“Si bien no es tan explícito en aventurar una hipotesis definitiva del caso, y nunca señala culpables con nombre y apellido, creo que Alcalde se siente seguro de que los dos carabineros condenados no actuaron solo. No le convence y no lo ve posible. Se siente fascinado por el puzzle frente a sus ojos y, por más que sabe de los vericuentos del caso, más le hace sentido una articulación mayor. Une sus fuentes, no se explica muchos eventos y motivaciones. No le calza la determinación judicial del caso y piensa y sitúa los hechos con sospecha. Pero no vamos a hacer spoiler del final”, dice Campusano.

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