Manuel Silva Acevedo: el premio nacional de Literatura que no encuentra dónde publicar
En 2026 se cumplen 50 años de la publicación de Lobos y ovejas (1976), el poemario que inauguró la obra del premio nacional de Literatura 2016. El escritor, de 83 años, planeaba extender su carrera con un nuevo manuscrito, pero no ha encontrado casa editorial. Silva sostiene que hay un problema mayor: "La poesía es un riesgo, y las editoriales son reacias a correr riesgos".

“Yo en este momento tengo un inédito”, confidencia desde el Tavelli de La Reina, donde es cliente habitual. De voz afable, boina y barba bien cuidada, Manuel Silva Acevedo rememora y aún agradece el Premio Nacional de Literatura que obtuvo en 2016, aunque algo lo mantiene inquieto: desde hace varios meses busca una casa editorial para publicar su nuevo libro, pero hasta ahora solo ha recibido portazos. Autor de textos como Mester de Bastardía (1977), Día Quinto (2002) y Lazos de sangre (2011), asume que el panorama literario local ha cambiado. “La poesía es un riesgo y las editoriales son reacias a correr riesgos”, denuncia.
“Toqué las puertas de varias editoriales”, relata Silva Acevedo, de 83 años. “Tres se negaron, pero con puras excusas. Me dijeron que tenían comprometido todo el año”, afirma. Para el poeta santiaguino, detrás de este argumento se evidencia un cambio en las prioridades de la sociedad: “Yo creo que es la economía de mercado, el libro no es una mercancía que sea muy solicitada, por lo tanto, la editorial se queda con ediciones que no se mueven”.
La obra del poeta supera los 15 títulos, sin considerar antologías y traducciones a otros idiomas, como francés y alemán, pues en ese caso supera la veintena. Estas obras son los pilares de una trayectoria que en 2016 fue merecedora del Premio Nacional de Literatura, el máximo reconocimiento del Estado de Chile a un escritor. Al zanjar este galardón, el jurado consideró la obra de Silva como una “presencia poética clave en nuestra literatura, desde su profético y multivalente poema Lobos y ovejas (1976).

El premio le significó a Silva 18 millones de pesos y una pensión vitalicia, aunque ahora piensa que el galardón no implicó algo más relevante: el resguardo de su obra. “La verdad es que, primero, no lo esperaba para nada. El premio fue una sorpresa muy grata. También es como una jubilación. Todos los meses tienes un depósito. Entonces, en ese sentido, me vino como anillo al dedo. Además, se difunde más tu obra y hay más comentarios, pero no demasiado tampoco”, dice. “Debería haber una colección de premios nacionales. Que el premio nacional quede inmediatamente incorporado a esa colección y esa colección se renueve anualmente o bianualmente. Eso significaría que hay un Estado verdaderamente interesado en la poesía y en la cultura en general. O sea, difícil”, apunta.
Desde la perspectiva del escritor, hay poetas chilenos cuya obra se desaprovecha por la falta de iniciativas estatales: “Neruda se ha reeditado ya hasta 500 mil veces, pero a Nicanor Parra no lo reeditan, ni a Pablo de Rokha”. Por esta razón, Silva opina que “el Estado se priva de una facultad que es enaltecer las voces de sus poetas”.
Manuel Silva demoró cuatro años en elaborar Esquirlas y desparpajos, su libro de 50 poemas que ha sido rechazado por diversas editoriales. Según él, esta obra introspectiva se relaciona con el “racconto de los 80 y tantos años”. “Yo comprendí que los tiempos cambiaron y que ahora la parte comercial impera, y que las editoriales para sobrevivir tienen que ser reacias a correr riesgos, y la poesía es un riesgo. Yo tengo esa sensación, cuando estoy escribiendo tengo la sensación de que estoy corriendo un riesgo”, comenta.

La respuesta de las editoriales
Marisol Vera es la directora de Cuarto Propio, una de las editoriales independientes donde hace cuatro meses Silva acudió con su libro inédito. Esta editora y traductora sostiene que la poesía “no es rentable”, a pesar de su valor literario, aunque de todos modos el catálogo de su editorial sí cuenta con unos 80 títulos de este género, que en algunas ocasiones le han significado pérdidas monetarias. De todos modos, Silva afirma que Cuarto Propio le respondió “muy bien, con mucha cortesía”.
Vera conoce bien a Silva: “Él era muy amigo de Gonzalo Millán, que era un muy buen amigo mío también. Lo habría publicado encantada”, pero “publicar poesía en un país que tiene como base que toda actividad es rentable es dificilísimo, porque la poesía, incluso de poetas renombrados, no da réditos económicos”. Vera recuerda que desde la fundación de Cuarto Propio en 1984, “el único libro (de poesía) que ha pagado sus costos y ha generado ingresos para la editorial ha sido, y en el último tiempo, la obra de Stella Díaz Varín”.
“A las editoriales les cuesta mucho sobrevivir, tienes que juntar el dinero para poder publicar libros”, dice Vera, que explica que Silva le ofreció su manuscrito justo cuando su editorial se encontraba en plena mudanza. Eso sí, reconoce que el principal motivo pasa por un asunto económico. Silva comenta que también le ofreció su libro a Editorial Universitaria.
60 años de poesía
Al rememorar su vida, el primer recuerdo que se le viene a la mente a Manuel Silva Acevedo es el barrio donde creció, en calle Sazié, entre Carrera y Almirante Latorre, “donde jugué mis primeras pichangas y fumé mis primeros cigarrillos”. Hijo de un abogado que se desempeñaba como funcionario público y “una dueña de casa perfecta”, dice que su papá lo “celebró y lo apoyó” cuando se dio cuenta de que le “salió un hijo loco, un hijo poeta”.
Su vocación literaria comenzó en el Instituto Nacional, donde formó parte de la Academia de Letras junto al escritor Antonio Skármeta y el ensayista y crítico literario Grínor Rojo, que lo superaban en edad, y luego serían dos “amigos entrañables”.

En la biblioteca del establecimiento escolar el poeta encontró una de las figuras más importantes para su desarrollo como escritor, “el bibliotecario Ernesto Boero, que era un hombre que dejaba florecer los talentos sin intervenir”. Él “se sentaba al fondo, fumaba su cigarrillo y no abría la boca, pero nosotros sabíamos que nos estaba apoyando para que nos atreviéramos a escribir nuestras cosas”, rememora.
Esa infancia donde el poeta y sus amigos leían sus escritos a “niñas del Liceo 1 o del Liceo 3” fue decantando en una carrera de escritor. Al igual que Skármeta, llegó a ser presidente de la Academia de Letras del Instituto, con la salvedad de que el presentador de “El Show de los Libros” estaba más ligado a la narrativa y él, a la poesía.
Skármeta escribió sobre esos años en la Revista Chilena de Literatura: “El Instituto no sólo prohijaba altos funcionarios, sino también artistas rebeldes. Recuerdo a Manuel Silva Acevedo como un príncipe de esas sombras. Parecía vivir siempre en invierno. Vestía un raído sobretodo que empujaba levemente hacia adelante su flaco esqueleto, y los ojos le brillaban bajo sus pestañas cargadas de humo de cigarrillos y de noches de insomnio. Todo lo que decía era poesía”.
Su primera publicación fue Perturbaciones, en 1967, “una edición muy modesta” de textos “más bien experimentales”. En 1972 ganó el Premio Luis Oyarzún, y en 1976 publicó Lobos y ovejas, que recibió una reseña favorable de parte del crítico Ignacio Valente y a la fecha ha sido reeditado más de cinco veces. Este año se cumplen 50 años de su publicación.
Andrés Gómez, crítico de libros de La Tercera, plantea que “de los poetas de los 60, Silva Acevedo es, eventualmente, el más conectado con la tradición de cierto misticismo poético, que viene de Gabriela Mistral y que puede rastrearse hasta San Juan de la Cruz”. En su obra, asegura, “hay algo bíblico, íntimo y también social en su poesía, que se mueve entre la ironía, la transgresión y el misterio, especialmente en Lobos y ovejas, uno de los grandes y feroces poemas de la literatura chilena”.
Valeria Escobar, académica del Instituto de Estética de la Universidad Católica y doctora en Filosofía de la Universidad de Cornell, añade que la obra de Silva está en sintonía con el trabajo de Enrique Lihn y Nicanor Parra: “Es un continuador de esas tradiciones, pero con su propia singularidad”. Además, destaca que su trabajo está marcado por “el contexto de la dictadura”, la “poesía erótica”, con algunas obras “más bien autorreflexivas sobre la escritura” y referencias al mundo animal como un “reflejo simbólico de lo humano”.
Entre sus publicaciones recientes, Silva afirma que su favorito es Lazos de sangre (2011). Sobre esta publicación afirma que, “para mí, es el libro clave”, porque “tiene que ver con mis raíces familiares, pero también mis raíces generacionales y todo lo que nos tocó vivir, incluido el golpe de Pinochet y la represión más brutal”, añade.

“Estoy contento, tengo una buena vida y estoy casado”, dice. Por estos días, Silva está enfocado en acompañar “lo más posible” a su esposa Sabine, con quien lleva más de 30 años de matrimonio. Sobre su libro inédito no se resigna a que no sea publicado: “Me pillas en una etapa de la vida en que ya estoy más bien de salida que de entrada”.
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