Confesiones y descargos: libro de entrevistas reconstruye la carrera de James Cameron
Publican compilado de entrevistas con el exitoso director de Titanic, Terminator y Avatar.

James Cameron ha dicho más de una vez que su interés por el cine ha corrido en paralelo al que tiene por el mundo submarino: que tras quedar boquiabierto con 2001, a los 14 años, ya tenía su carnet de buzo.
El director, guionista y fanático de los efectos especiales ha conciliado estos mundos de modos tan inhabituales como vistosos. Como cuando usó un reactor nuclear inconcluso para ambientar El secreto del abismo (1989). O cuando dedicó la primera parte de Titanic (1997) a mostrar los restos del gigante siniestrado gracias a un par de navecillas rusas especialmente equipadas. O ahora, hace muy poco, cuando llegó al fondo de la Fosa de las Marianas, cámara en mano.
Pero, si ha de perfilarse al realizador de Avatar a partir de lo que él mismo cuenta, puede terminar uno concluyendo que, en términos generales, lo suyo es llegar al límite. E ir más allá. Sea por sus récords históricos de presupuesto y de taquilla, o por su costumbre de mirar al espacio, al punto de haber solicitado rodar en la central espacial de la Nasa cuando eso sea posible. Eso sí, lo haría él mismo y no mandaría a nadie a hacerlo por él. Y no se contentaría con registrar imágenes inéditas: contaría con ellas una historia provista de los resortes clásicos de la narrativa.
Lo anterior se deduce de lo que el realizador ha venido contando desde principios de los 80, material compilado en James Cameron: Interviews. El reciente volumen permite apreciar la evolución de un creador que fusionó arte, relato y tecnología para convertirse en uno de los directores más poderosos de la industria. También se aprecia la leyenda que ha creado de sí mismo, así como la que otros han pretendido escribir.
Pelambres y descargos
Ya se trate de fanzines para iniciados, de revistas como Premiere (que lo llamó "Iron Jim") o diarios como The Guardian, los medios se han acercado a este canadiense con distintas ópticas en distintos momentos. Y de él han recibido una versión estándar acerca de los orígenes: su padre, ingeniero eléctrico, fue un señor más bien severo que proveyó disciplina y curiosidad para acercarse al mundo. La madre, dueña de casa y artista, puso el resto. "Ahí tienes un choque entre el lado derecho y el izquierdo del cerebro", diría Cameron en 1999. "Creo que recibí partes iguales de ambos".
Y si 2001 le dio vuelta la cabeza y lo puso a estudiar fotografía, no impidió que entrase a estudiar física en la universidad ("No sabía si quería ser científico o artista"). Eso sí, confiesa que las matemáticas se le hicieron cuesta arriba y que tuvo que dejarla. Dedicado a oficios varios, entre ellos la conducción de un camión, plantea que La guerra de las galaxias fue decisiva. Fue tras verla que se metió a hacer un corto de ciencia ficción con amigos, experiencia que le permitió acceder a la factoría del legendario productor Roger Corman. "Desde allí escalé tan brutal y cruelmente como pude", señala.
De alguna forma consiguió dirigir una primera película de cuyo rodaje fue despedido (Piraña II, 1981) y escribir guiones mientras soñaba con hacer Terminator. La cinta con Arnold Schwarzenegger se convertiría en fenómeno, y la secuela de Alien, dirigida por Cameron en 1986, haría otro tanto para consolidarlo. Eso sí, sólo Terminator 2 (1991) y el contrato firmado con Fox en torno a ella lo harían jugar en las ligas mayores.
La escuela del hágalo-usted-mismo-con-dos-pesos, propia de Corman, ayudó mucho. Pero también, según Cameron, incidió su propia formación como espectador de a pie: "Me crié como miembro del público y trato de recordar eso; debemos estar en sintonía con la audiencia o las películas no funcionarán". La mayor meta de un cineasta es entretener, agrega. "Y si tienes algo que decir, dilo de tal forma que no eche a la gente de la sala". Eso sí, remata, "si sólo vas a entretener, ¿por qué lo estás haciendo? (…) El cine es más que vender cabritas".
Asentado ya en su oficio, se tejerían historias sobre el hombre rudo que busca adrenalina de diversos modos y que en el set exige lo imposible, al punto que sus propios técnicos se hacían poleras que rezaban "No le temo a nada - Trabajo para Jim Cameron".
En las entrevistas, Cameron desvirtúa los pelambres y dice que exige a los suyos como lo haría el coach de un equipo de béisbol. Y añade que lo realmente difícil es "preservar tu visión frente a la visión de los demás. Si tienes cinco productores, tendrás cinco conceptos completamente distintos, frecuentemente inconciliables. Ahí tienes que seguir tu propio instinto. A veces, lo más difícil es confiar en ti mismo".
Confianza y visión no le han faltado a Cameron. Y acaso lo más vistoso vaya por el lado de sus búsquedas tecnológicas. Campeón de la más reciente hornada de cintas en 3D, es de los que cree ciegamente en la utilidad del procedimiento y hasta fustiga a sus colegas presionados por los estudiados a hacer películas en este formato: "Las decisiones deben ser tomadas por los cineastas", dijo en 2010. "Ahora, las están tomando los estudios porque los cineastas dijeron, 'Bueno, veamos si Cameron se suicida. Después nos olvidaremos del 3D'. Pero eso no pasó".
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE













