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El aterrizaje forzoso de One Airlines, la aerolínea de los contratistas

<P>La compañía, en la que el empresario Claudio Fischer trabaja junto a la Sinami, enfrenta las consecuencias de la paralización y retraso de proyectos de minería y energía. </P>

El proyecto que hace algunos años impulsaron dirigentes del mundo contratista relacionados a las faenas de iniciativas mineras y energéticas está atravesando dificultades.

En 2012, el boom que vivía la minería, con un precio promedio del cobre de US$ 3,6 la libra y una judicialización menos presente en los proyectos de energía, hicieron posible que la idea de conformar una línea aérea, que mejorara las condiciones laborales de los contratistas que vivían desde Valparaíso al sur del país y se trasladaban al norte, tomara fuerza, dado el ahorro en los tiempos de viaje.

Así, ese año, el Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores de Montaje Industrial, Obras Civiles y Anexas (Sinami), logró establecer una sociedad con Río Baker -del empresario Francisco Rodríguez- y se dio origen a Sinami-RBK.

En la sociedad, Río Baker realizaba las inversiones y el trabajo técnico, quedándose con las utilidades del negocio, mientras que Sinami se preocupaba de reclutar a los pasajeros, siendo su beneficio el acceso de sus socios a pasajes más baratos, que eran financiados por quienes los contrataban, en el marco de acuerdos de negociación colectiva.

Sin embargo, al poco tiempo RBK no fue capaz de "soportar" la inversión que requería la línea aérea, por lo que se puso término a la sociedad en julio de 2013, rememora el asesor de Sinami e impulsor del proyecto, Miguel González.

"El negocio no estaba resultando rentable. Hay mucho riesgo. Sinami tiene una tarifa plana de Antofagasta a Santiago, que considera ida y vuelta y está situada en $ 135 mil. Con un pequeño inconveniente, esa tarifa hace que las posibles utilidades caigan de una vez", explica.

La aerolínea en su primer año de funcionamiento transportó a más de 60 mil pasajeros y consideraba itinerarios desde Santiago a Iquique, Antofagasta y Calama, y también desde estas últimas ciudades a Concepción.

En medio de ese panorama, la Sinami logró un acuerdo -bajo la misma modalidad que se empleo con RBK- con un nuevo socio: el empresario salmonero y de la industria de casinos, Claudio Fischer, con quien dieron inicio a One Airlines, en agosto de 2013.

La nueva compañía inició así la operación de vuelos charter para transportar trabajadores asociados al sindicato y consideró, en un primer momento, las rutas desde Santiago a Antofagasta, a Calama y a Copiapó y desde éstas últimas a Concepción.

González, quien también tiene un sillón en el directorio de One Airlines, dice que la compañía alcanzó su peak en el mismo año en que inició su operación. Esto a través de diez vuelos diarios, trasladando hasta 25 mil contratistas al mes y utilizando hasta 10 aviones, de los cuales algunos provenían de otras empresas.

Pese a eso, los nubarrones provenientes del retraso de iniciativas, alzas de costos y paralizaciones, complicaron el negocio, ya que la menor mano de obra solicitada disminuyó la cantidad de socios de Sinami, y con eso, la demanda de vuelos.

A lo anterior se sumó que a fines de 2014 se concluyó la construcción de algunas iniciativas mineras como Ministro Hales de Codelco, Sierra Gorda y Cerro Negro de CAP.

Con eso, actualmente, la Sinami tiene alrededor de 15 mil socios menos que en 2012, y la aerolínea cesó sus viajes que incluían a Copiapó.

Además, está operando un solo avión, y ejecuta en promedio 1,5 vuelos diarios, con el traslado de unos 5 mil contratistas al mes.

"Hoy la actividad minera está muy reducida. Tenemos un florecimiento de proyectos en el sector eléctrico, principalmente en la zona de Mejillones, pero no logra compensar a la minería. El tema de los márgenes de utilidades tiene a nuestro socio complicado", dice González, quien añade que lo que se intenta es "sobrevivir".

Los meses de enero y febrero serán decisivos para la aerolínea, pues durante este lapso se evaluarán los pasos a seguir.

Se espera que por lo pronto proyectos de Codelco como la concentradora de Radomiro Tomic y Chuquicamata Subterráneo generen movimiento. A ello se sumarían iniciativas de generación de energía como la central a gas de ciclo combinado Kellar, de BHP Biliton, y la planta termoeléctrica Cochrane de AES Gener, junto a otros proyectos de menor escala.

Si es que la situación no mejora, deberán subir los precios, proceso que sería complicado ya que las compañías que contratan pagan tarifas según lo acordado en cada una de las negociaciones ya pactadas.

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