Diario Impreso

La Prima Donna del rodeo

<P>Michelle Recart tenía 16 años cuando logró el puntaje para competir en el Champion de Chile, la competencia más importante en el rodeo. Una semana antes de la contienda le informaron un cambio de reglamento: ya no podían competir mujeres. Pasaron 29 años para que Michelle pudiera torcer esa discriminación: en 2012 compitió en Rancagua. Esta es su historia. </P>

Tres niñas piropeaban y se sonrojaban al mirar al huaso más joven que corría en la medialuna de Yumbel. El jinete competía junto a su padre, Manuel Recart, y juntos ganaron el rodeo. En la premiación, la pareja se puso con sus caballos frente al jurado y el público. Ambos se sacaron la chupalla y la cabellera de Michelle Recart cayó bajo sus hombros. Se creó un silencio, seguido de murmullos que pasaron a gritos. Por primera vez veían a una niña compitiendo en el rodeo. Michelle tenía 15 años y les había ganado a todos.

Antes de que entraran a la medialuna, Manuel y su hija revisaron el reglamento oficial: en ninguna parte decía que las mujeres no podían correr. Pero sí decía que el pelo de los competidores no podía tocar el cuello de las camisas. Por eso, ella siempre lleva el pelo tirante, amarrado en una cola, y sólo usa sus aros más pequeños. En la medialuna, ella esconde a la mujer.

Mientras las muñecas y juegos de tazas estaban intactos en una repisa, Michelle, hija única, pasaba la tarde jugando con los hijos de los trabajadores de su papá en las 150 hectáreas del fundo San Clemente, en Monte Aguila, VII Región. Se subía a un caballo y correteaba vacas lecheras. Michelle tenía dos años cuando la subieron por primera vez a un caballo. A los nueve comenzó con clases de equitación y tuvo su primer caballo, "Panchito". Cinco años después participaba en su primer rodeo.

En 1983, Michelle y Manuel participaron en todas las competencias que pudieron, durmiendo en los camiones de los caballos, para partir la jornada temprano. "Ganamos el Champion en Coronel. El jurado era Juanito Urrutia. El estaba presionado, porque yo era la única mujer corriendo, y si daba la atajada, iban a reclamar que me daba puntos por ser mujer. Si no me los daba, era un desgraciado y machista", recuerda ella.

Manuel y su hija ganaron corridas, juntaron puntos y clasificaron para la competencia más importante del rodeo en Chile: el Champion de Chile, en la Gran medialuna de Rancagua. Por primera vez, una mujer. Michelle tenía 16 años. "No podía creerlo. Era un sueño ir a Rancagua y correr con mi papá", recuerda.

El sueño duró hasta que un telegrama llegó a su casa en Monte Aguila. Ella estaba lustrando otra vez sus botas de competencia cuando escuchó a su papá leer: "Se cambiaron las reglas, el rodeo es un deporte exclusivo para varones". Quedaba una semana para el torneo. "Por primera vez me sentí discriminada de verdad. Era sólo una niña, qué daño podía hacerles yo a ellos. Buscaron cualquier razón para dejarme afuera".

El golpe fue duro. Michelle abandonó los rodeos. Se enfocó en la equitación, pero nunca se sintió tan bien como cuando estaba en una medialuna. Al salir del colegio, estudió técnico veterinario. A los 20 años se casó y tuvo dos hijos. Su marido y los niños lograron competir en el Champion de Chile. "Pasaba la frustración de no poder correr al ver a mi familia hacerlo. En la medialuna siempre me picaban los pies por entrar", cuenta. A los 31 años se separó y se fue a vivir con su padre a Hualpén.

Es 2 de febrero y Michelle va con su padre a la inauguración de la medialuna de Arauco. Al llegar, ella camina por afuera de la medialuna. Todos los que se le cruzan la saludan y abrazan con entusiasmo. Es la única mujer que va a correr en la medialuna. Cuando llega al camión de su padre, el más grande, se sube rápidamente y se aprieta el pelo en una cola. Cuando nadie la ve, se pinta los labios con un tono rosado. Michelle es pretenciosa, le gusta salir de su casa maquillada y siempre pinta sus párpados con un tono claro, para resaltar sus ojos azules. A los 47 años no se le ven canas. Pero arriba de un caballo, con la manta de huaso, su pelo tomado y una chupalla, es difícil diferenciarla de los hombres que compiten.

El único CD que ella y su padre escuchaban en el auto camino a Arauco es de música folclórica, la misma que suena en todos los rodeos. Manuel cambia las canciones hasta llegar a la número cuatro: El tiempo dio razón a su entereza/ y se rindieron los que criticaron su destreza/ hoy cambiará la historia del gran Champion, será su sello/ la prima donna de este cuento.

El portero del vertedero de Manuel escribió, tocó y grabó una canción para Michelle, contando la hazaña de la hija de su patrón. Proeza que logró el año pasado. Veintinueve años después de aquel telegrama, Michelle participó en el Torneo Nacional en Rancagua.

La llamada telefónica que cambió todo sucedió en septiembre de 2009, mientras Michelle estaba en el criadero de su padre, "Michelita".

-¿Quieres ser mi pareja en el rodeo promocional femenino? -le preguntó Paola Jouannet, a quien había conocido en un rodeo en marzo.

-Paola, hace más de 20 años que no corro -le respondió Michelle.

El 12 de octubre de 2009 se hizo el primer rodeo sólo para mujeres, en Colina. La idea era demostrar que no sólo los hombres podían participar y promover el cambio del reglamento. Ese día se presentaron 33 parejas, y una de ellas eran Michelle y Paola.

"Salimos a correr y el de arriba, Diosito, nos ayudó mucho. Tuvimos tres puntos buenos altiro y la gente gritaba". Esa tarde, Carabineros tuvo que cerrar la medialuna porque no cabían más personas. Después de correr cuatro terneros, Michelle, sobre su yegua "Estelita", y Paola, con el caballo "Más que bueno", ganaron el rodeo promocional femenino.

Desde las butacas, Manuel Recart miraba a su hija con orgullo. En ese momento, él era uno de los directores de la Federación del Rodeo Chileno y llevaba años tratando de integrar a las mujeres en este deporte. "Yo siempre le dije a Michelle que tuviera paciencia, que las cosas se iban a dar, pero a su tiempo", recuerda Manuel.

El 17 de agosto de 2010, la Federación de Rodeo aceptó que las mujeres corrieran en rodeos oficiales. Las mujeres podían correr ahora con su padre, pareja o cualquiera. Junto a Manuel comenzaron a competir en rodeos para obtener puntos, hasta que él tuvo un accidente con su caballo "Choco". El potro se paró de patas delanteras y cayó de espalda sobre Manuel. La nueva pareja de Michelle sería Alfonso Avila, subcampeón del Torneo Nacional.

"La mayor discriminación hacia la señora Michelle no era con palabras, era con miradas. Yo sentía cómo adentro de la medialuna la miraban distinto, pero nunca se atrevían a decir algo", afirma Avila.

En 2011, Michelle y Alfonso corrieron de Copiapó a Punta Arenas para sumar puntos. En marzo de 2012 llegaron al clasificatorio en Osorno. El ganador pasaba al Champion.

Mientras Michelle corría en su caballo, escuchaba las instrucciones de su compañero: "Póngale bueno, apriete las piernas, tírese ahora". Michelle nunca cuenta los puntos que acumula mientras corre. Tampoco los de los contrincantes, porque la desconcentra. En el clasificatorio no sabía en qué posición estaba.

-Estamos premiados, señora Michelle -le dijo Alfonso en el centro de la medialuna.

-Cómo se te ocurre -respondió ella.

-Espere, no más, y escuche.

Por los parlantes anunciaron que había un empate en el primer lugar. Michelle pensaba cuál sería su posición, cuando se dio cuenta de que su collera competía por el primer lugar. Su papá saltaba en las tribunas, sus hijos lloraban y ella no sabía muy bien qué hacer. Se ajustó la cola de caballo y fue al desempate. Logró siete puntos y su contrincante, ocho. "Eso no importaba, había logrado truncar la historia y clasificar de nuevo a Rancagua", recuerda hoy Michelle. Los huasos afuera de la medialuna le pedían besos, abrazos y fotos.

El único vecino que Michelle tiene en su casa en Hualpén es su papá. Ambas casas fueron construidas en un cerro, en el terreno que Manuel le compró a su familia. La casa de Michelle es grande y espaciosa: sólo vive con su hijo menor, Manuel, y su nana. En todas las habitaciones hay, al menos, una figura de un caballo.

"El rodeo es el deporte nacional. Dicen que es muy cruel, pero el reglamento está hecho para que cuando corras, no lastimes al novillo. Lo peor que le puede pasar es que se les rompa el cacho o que una costilla pueda quebrarse, pero eso es lo menos. Si tu caballo está sangrando, te eliminan. Este deporte no está diseñado para lastimar ni al caballo ni al novillo", afirma Michelle.

En una pared del living hay un calendario de 2012. En la fotografía se ve una larga fila de huasos sobre sus caballos. Están en el Torneo Nacional de Rancagua y Michelle es la única que sonríe en la foto.

"Para mí fue como correr un rodeo normal, porque no quería pensar en lo que estaba pasando. No quería ponerme nerviosa, me autoconvencí de que practicaba en la casa".

El 29 de marzo Michelle llegó a Rancagua. Las mujeres se acercaban a felicitarla y más de un huaso le dijo al oído: "Nunca me gustó que hubiera mujeres, pero te felicito".

Avila y Recart lograron correr cuatro animales y pasaron a la final del domingo, donde estaban las 38 colleras más importantes de Chile. "En la final corrimos un toro nomás, porque cometimos el error de que yo fui primero, cuando debería haber ido Alfonso". Cuando ella iba a atajar, el novillo se cayó. "A lo mejor yo empujé el novillo muy fuerte, quizás yo misma lo boté", dice ahora sin culpa. Michelle y Alfonso no se fueron a las tribunas luego de perder. Se quedaron mirando el rodeo, sentados en sus caballos.

Luego de lograr participar en el Torneo Nacional, después de 29 años de espera, Michelle regresó a su casa y a su cotidianidad.

En su campo en Monte Aguila tiene una medialuna, donde ahora ella enseña a los caballos más nuevos a correr. "Soy la encargada del 'kínder' de los caballos, de entrenar a los animales nuevos. Y esa parte me gusta, porque corres menos presionada, disfrutas más".

"En Chile el machismo ha disminuido, hay un avance en eso, pero aún falta. Me costó lograr lo que he hecho, pero mi meta nunca fue llegar al máximo. No me llama la atención ganar, a los otros les importa más que a mí".

Luego de correr en la inauguración de la medialuna de Arauco con su padre, quien ya se recuperó de su accidente, y quedar en cuarto lugar, Michelle camina hacia el camión de sus caballos. Un hombre se acerca: "Yo estaba en contra de que las mujeres corrieran, pero te veo a ti y no veo la diferencia con un hombre". Michelle sonríe con timidez y ajusta su cola de caballo.

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