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“Plantado” por Benjamín Vicuña Mackenna y famoso por su “sangre de dragón”: el mítico árbol del cerro Santa Lucía

Conocido como Drago de Canarias, fue sembrado en 1874 durante la transformación del cerro. Puede vivir hasta 500 años y es famoso por una resina que se vuelve roja al contacto con el aire.

Drago de Canarias. FRANCISCO FARIAS

Se trata de una especie muy poco frecuente en Chile, un árbol patrimonial que está en el corazón del cerro Santa Lucía. Conocido como Drago de Canarias, fue plantado en 1874 durante la transformación del cerro que hizo Benjamín Vicuña Mackenna en el siglo XIX.

Es una especie exótica capaz de vivir hasta 500 años, famosa por su “sangre de dragón”, una resina que se vuelve roja al contacto con el aire. El ejemplar se encuentra en el acceso norte del cerro, en la esquina de Merced con Victoria Subercaseaux y José Miguel de la Barra, a pasos del barrio Lastarria.

Imagen del árbol. FRANCISCO FARIAS

Juan Jiménez, encargado de Extensión Cultural del Museo Casa Colorada, es la persona que más sabe del ejemplar en Chile. Detalla que el histórico Drago de Canarias, que mide nueve metros de altura, fue plantado en octubre de 1874 en el contexto de la gran transformación impulsada por el entonces intendente Benjamín Vicuña Mackenna, que convirtió este antiguo peñón rocoso en un paseo, jardín y parque público para la ciudad.

Savia del árbol (imagen referencial).

“La incorporación de especies de alto valor natural y cultural, tanto nativas como exóticas, fue uno de los sellos de ese proyecto, por lo que este ejemplar representa fielmente el espíritu con que se concibió la renovación del cerro y el legado paisajístico que aún conserva”, añade Jiménez.

Desde el punto de vista patrimonial, el Drago de Canarias responde precisamente al criterio con que fueron seleccionadas muchas de las especies que integrarían los jardines del cerro Santa Lucía. “Se trata de un árbol de gran valor cultural para las poblaciones de las Islas Canarias y del noroeste de África, donde históricamente su savia fue utilizada para la elaboración de tintes y con fines medicinales“, sostiene Jiménez.

Imagen del árbol. FRANCISCO FARIAS

Desde la perspectiva medioambiental, el ejemplar comparte con otras especies propias de regiones insulares y desérticas la característica de tener una distribución natural muy restringida.

“Es una verdadera joya de la evolución, presente solo en determinados lugares del mundo. Por ello, contar con un ejemplar de estas características en pleno centro de Santiago constituye no solo una curiosidad botánica, sino también un importante valor para el patrimonio natural de la ciudad”, indica el encargado de Extensión Cultural del Museo Casa Colorada.

El árbol puede vivir hasta 500 años. FRANCISCO FARIAS

Con respecto a sus características, Jiménez señala que su principal rasgo, la denominada “sangre de dragón”, le ha dado fama desde la antigüedad y ha contribuido a su relevancia cultural e histórica.

En Chile existen otros ejemplares en ciudades como La Serena y Viña del Mar. “Sin embargo, el ejemplar ubicado en el cerro Santa Lucía destaca por ser, sin duda, el más imponente y de mayor belleza”, concluye Jiménez.

El rol de Vicuña Mackenna

Benjamín Vicuña Mackenna es una figura que puede abordarse desde múltiples dimensiones, debido a su activa participación en distintos ámbitos de la vida pública. En materia de urbanismo, y desde su labor como intendente de Santiago, “fue el primero en proponer un plan integral destinado a enfrentar diversos problemas que afectaban a la ciudad durante las últimas décadas del siglo XIX”, según explica Jiménez.

Entre las principales obras contempladas en ese plan se encontraban la canalización del río Mapocho en su tramo central y la transformación del cerro Santa Lucía en un paseo público. Ese es, a juicio de los entendidos, uno de los principales legados urbanos de Vicuña Mackenna.

El aporte fue la visión de convertir un espacio marginal en un gran espacio público y un pulmón verde en pleno casco histórico de Santiago.

Benjamín Vicuña Mackenna.

En Santiago existen otros árboles que, además de su valor botánico, poseen un importante valor histórico y simbólico. En el cerro San Cristóbal, junto al Santuario de la Inmaculada Concepción, en la denominada Plaza Vasca, se encuentra un retoño del Árbol de Guernica, de gran significado para el pueblo vasco. En Maipú, en la esquina de Avenida 5 de Abril con Pajaritos, permanece un antiguo pimiento que ha sobrevivido a las sucesivas transformaciones del sector. La tradición señala que bajo su sombra habrían descansado soldados del Ejército Libertador, un episodio relevante del proceso de Independencia.

Asimismo, en el sector de remodelación del parque Quinta Normal se conservan antiguas sequoias que superan los 30 metros de altura, junto con cipreses calvos que alcanzan cerca de un metro de diámetro.

Incluso, el encargado de Extensión Cultural del Museo Casa Colorada señala que Vicuña Mackenna no fue el único artífice de la fisonomía verde de Santiago. Desde 1853, Claudio Gay y Rodolfo Philippi consolidaron en la Quinta Normal un banco de especies nativas y exóticas con fines científicos y de aclimatación. “Posteriormente, el paisajista francés Georges Dubois proyectó el Parque Forestal sobre los terrenos ganados al río Mapocho tras su canalización, en 1891. Asimismo, el presidente Manuel Bulnes inauguró hacia 1842 el parque Quinta Normal, considerado el primer gran parque público de Latinoamérica”.

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