El enorme riesgo de seguir con altas tasas de desempleo
El gobierno debe diseñar medidas urgentes que permitan en el corto plazo contener el fuerte desempleo, para evitar que cunda el descontento. Aumentar la contratación no depende de voluntarismos, sino de medidas concretas que alivianen los costos para las empresas.

Las noticias en el plano económico han resultado especialmente preocupantes esta semana, pues además de conocerse que el Imacec de mayo experimentó una contracción de 0,9% -sumando cinco meses consecutivos en terreno negativo, lo que nos acerca a una recesión técnica-, en materia de empleo los números han continuado deteriorándose, anotando una tasa de desocupación de 9,4% para el trimestre marzo-mayo, la cifra más alta desde junio de 2021, cuando el desempleo escaló hasta 9,5%, en plena pandemia.
El país no puede seguir soslayando que la combinación de bajísimo crecimiento y un sostenido aumento en el número de desempleados está creando las condiciones para fraguar un cuadro social muy complejo, por lo que urge tomar medidas rápidamente que permitan contener este peligroso derrotero, antes de que sea demasiado tarde. El último estudio de opinión de Cadem -publicado el jueves pasado- no solo dio cuenta de una abrupta caída en los niveles de aprobación del Presidente Kast, sino que además reveló que el 80% estima que se vive una emergencia laboral, lo que es consistente con otro dato del estudio: a juicio de la mayoría de los encuestados (67%), ahora la primera prioridad del gobierno debe ser el empleo y el crecimiento, desplazando la seguridad, delincuencia y narcotráfico a un segundo lugar (61%).
El deterioro de nuestro mercado laboral se traduce en que hay casi un millón de chilenos que no logran encontrar un empleo -el mayor nivel desde fines de 2020-, golpeando sobre todo a las mujeres -cuya tasa de desocupación sigue en 10,5%- y a los trabajadores más jóvenes, con un desempleo sobre el 11% para el segmento entre 25 y 34 años. Es evidente que ante esta realidad la sociedad está acumulando niveles de frustración cada vez mayores, porque más allá de que se puedan implementar políticas puntuales para aliviar los períodos de cesantía, es un hecho que la imposibilidad para muchos de poder encontrar un empleo estable menoscaba su autoestima, daña la salud mental, resiente sus habilidades laborales e impide -sobre todo a los más jóvenes- poder proyectarse en el tiempo. El paso para que estos sentimientos deriven en abierta insatisfacción o en un malestar mayor es muy corto, y de allí que resulta correcto concluir que el gobierno y todos los sectores políticos deben tomar seriamente y sin demora estas advertencias.
Naturalmente que el país está viviendo en toda su intensidad el negativo legado que la administración anterior dejó en materia de crecimiento y empleo, donde pese a que ambas variables venían experimentando evidentes retrocesos -cabe tener presente que en la mayor parte del gobierno del Presidente Boric la tasa de desocupación se mantuvo por sobre el 8%-, aun así ello fue ignorado y no se tomaron medidas a tiempo que permitieran reactivar la economía, prefiriendo descansar en el facilismo de expandir irresponsablemente el gasto público, que hoy nos tiene además sumidos en un gigantesco déficit fiscal.
Con todo, el expediente de seguir culpando al gobierno anterior definitivamente ya está agotado como excusa o estrategia comunicacional, y lo que ahora se espera de esta administración es que lidere las soluciones, sobre todo cuando ya está claro que el solo advenimiento de una administración de signo político distinto no bastó para generar un cambio de expectativas. La interrogante que se abre es hasta dónde el gobierno ha tomado conciencia sobre la urgencia de contar cuanto antes con un plan de shock que permita reactivar el empleo, atendidas las señales que ha entregado.
No cabe duda de que la reactivación de la economía y la generación de nuevos empleos forman parte central del quehacer de este gobierno, lo que se traduce en el proyecto de ley sobre Reconstrucción Nacional. También es valioso que una mesa técnica convocada por el Ministerio del Trabajo haya entregado esta semana una batería de propuestas consensuadas transversalmente para perfeccionar nuestro mercado laboral, agenda que debería ser asumida por todos los sectores políticos. Pero ambas iniciativas -en caso de prosperar- solo generarán efectos en el largo plazo, y lo que se requiere es un plan que permita en el muy corto plazo quebrar la tendencia en materia de desempleo. El Ministerio ha anunciado por estos días un plan de subsidios con el que espera generar más de 50 mil empleos en los próximos meses. Si bien es un anuncio que cabe valorar, también es claro que esa meta sigue siendo insuficiente atendida la magnitud de la crisis.
El Presidente Kast -quien ya adelantó que el segundo semestre será “crítico” en materia de empleo y crecimiento- ha hecho recientemente un llamado al empresariado para que hasta donde sea posible contrate trabajadores, o al menos evite despedir en esta etapa, apelando a razones patrióticas. Dicho llamado no deja de resultar desconcertante, porque supone que la contratación depende de una cuestión caritativa, cuando lo cierto es que si las empresas no están reclutando trabajadores se debe en buena medida al encarecimiento de los costos laborales, los cuales han experimentado un aumento del orden de 24% en muy corto tiempo, producto fundamentalmente del aumento del salario mínimo, las “40 horas” y los mayores costos que para el empleador representa la reforma previsional. Tampoco podría pasarse por alto que la rigidez que impone la actual indemnización por años de servicio -que encarece fuertemente el despido- hace muy difícil para las empresas poder reemplazar por trabajadores más jóvenes o con mayor nivel de productividad, por lo que no debería llamar la atención la alta tasa de desempleo juvenil.
Este cuadro no solo debería servir para tomar conciencia de que reformas que han sido presentadas como grandes conquistas sociales no son inocuas y de hecho han conllevado costos muy relevantes para el empleo -lo que inevitablemente termina impactando a toda la sociedad-, sino también para darse cuenta de que apelar a un espíritu “patriótico” o de buena voluntad resulta voluntarista cuando en realidad el problema de fondo radica en la pesada carga que las empresas arrastran en materia de costos. Por ello si el Mandatario quiere generar un rápido cambio de expectativas debe empeñarse en diseñar incentivos focalizados que alivianen fuertemente dicha carga y den algo de margen para contratar -por ejemplo, postergando determinadas obligaciones tributarias-, porque es un hecho que no se puede seguir recargando al reducido segmento de contribuyentes que paga impuestos en Chile, sin perjuicio de que además se avance en una agenda de reformas laborales a más largo plazo.
Actuar rápido y audazmente no solo es necesario para contener el desempleo que ya tenemos, sino porque además el acelerado advenimiento de la IA también irá sustituyendo una serie de empleos, agravando el cuadro en que ya nos encontramos, algo que el gobierno debería tener muy presente.
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