Suspensión del Pase Cultural
Es razonable que el beneficio se suspenda mientras no se resuelvan los problemas que han dado origen a su mal uso, pero también es relevante comprender las razones de su bajo impacto, donde es posible que haya fallas de diseño.

El futuro ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, ha señalado que a partir del 11 de marzo el Pase Cultural será suspendido y desde ya solicitó a la Contraloría la apertura de una auditoría, ello en atención a las denuncias de mal uso del beneficio que se han conocido por estos días, al detectarse adquisiciones con cargo a estos fondos que no tienen relación con productos o actividades relacionadas con la cultura, producto de triquiñuelas. El anuncio ha motivado distintas reacciones en contra, partiendo por el propio Presidente de la República.
El Pase Cultural es una política pública que comenzó a implementarse en 2025, consistente en un aporte por única vez de $50 mil a personas de 18 y 19 años que pertenezcan al 60% de los hogares más vulnerables -inicialmente también se contempló a personas de tercera edad que recibieran PGU-, de modo que estos fondos se pudiesen utilizar en el pago de actividades como cine, teatro, danza, circo, conciertos, festivales y exposiciones, como también en productos como libros, revistas, comics y vinilos, entre otros.
Aunque todavía puede ser temprano para una evaluación definitiva de este programa, los primeros números arrojan que dicha política ha tenido un impacto modesto. De un universo potencial de más de 312 mil personas, las activaciones hacia fines del año pasado apenas rondaron las 63 mil, y hasta octubre se habían ejecutado menos de $2 mil millones, tomando en cuenta que el programa tenía asignado fondos por $15.600 millones. Pese a su bajo impacto, el gobierno había propuesto para este año aumentar los fondos a $26 mil millones, lo que fue rechazado en el Congreso y finalmente se asignaron $8.890 millones, justamente por su baja ejecución.
Es correcto que las nuevas autoridades hayan decidido pausar el programa hasta esclarecer el alcance de lo defraudado y perseguir las responsabilidades que correspondan. También es acertado no haber aumentado los fondos hasta no comprender cabalmente las razones que han llevado a su baja ejecución. Es fundamental que el Ministerio de las Culturas cuente con dicho diagnóstico, pues sin este resultaría precipitado proponer el cierre de este programa, ya que es posible que ello no se deba a una falta de interés, sino a problemas de difusión o un diseño que impide extraer un mayor potencial.
Es importante que el país mantenga políticas de apoyo a la cultura; el sistema de “vouchers” -como es el caso del Pase Cultural- va en esa dirección, y además permite que sean las personas las que decidan qué oferta cultural es la que resulta de su mayor interés, en vez de que ello sea decidido burocráticamente. Es posible encontrar experiencias de este tipo en una serie de países; Italia fue uno de los primeros, cuando en 2016 estableció 18app, que recientemente fue reemplazado por otros programas, en tanto que Francia ha desarrollado el pass Culture, con varios millones de usuarios.
Recientes estudios muestran que los programas tipo “voucher” en general logran resultados aceptables, pero estos suelen ofrecer alternativas mucho más variadas que en el caso de Chile, incluyendo el pago de cursos, talleres y suscripciones a medios de comunicación, entre otros, experiencias que podrían ser evaluadas para intentar crear un mayor impacto cultural, cuestión que a su vez debe ir de la mano de evaluaciones permanentes para asegurar el buen uso de los recursos.
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