Editorial

Trump y el orden internacional

Al pretender que la Junta de Paz -destinada a terminar con el conflicto en Gaza- adquiera roles que incluso puedan rivalizar con Naciones Unidas, Trump está dando nuevas muestras de querer desmantelar el orden internacional establecido tras 1945.

La Junta de Paz es una instancia esencial dentro de los 20 puntos del Plan Integral para poner fin al conflicto de Gaza -iniciativa que fue liderada por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump-, que de acuerdo con la resolución 2803 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene por objeto “la administración de la transición con personalidad jurídica internacional que determinará el marco y coordinará la financiación para la reurbanización de Gaza, conforme al Plan Integral y de manera compatible con los principios del derecho internacional pertinentes, hasta que la Autoridad Palestina haya completado satisfactoriamente su programa de reformas”. La conformación de dicha Junta es un aspecto clave del proceso, porque entre otras materias supervisará el comité tecnocrático que temporalmente quedará a cargo de la administración de Gaza.

En este marco, la discrecional designación que el Presidente Trump ha hecho de quienes formarán parte de un comité ejecutivo de la Junta -donde se cuentan varias figuras cercanas al Mandatario, resulta desde ya preocupante, pero sobre todo por los objetivos que se ha fijado, que exceden con creces el mandato de ONU. En la invitación al primer ministro de India- a que ese país formara parte de la Junta, se consignaba que es “embarcarse en un nuevo y audaz enfoque para resolver los conflictos globales”, y en la carta fundacional de esta Junta de Paz dada a conocer en Davos, se indicaba que su fin es “promover la estabilidad, restaurar una gobernanza fiable y legítima, y asegurar una paz duradera” en todo el mundo, especialmente en las “zonas afectadas o amenazadas por conflictos”, ampliando el ámbito de acción asignado por el Consejo de Seguridad de la ONU y al propio acuerdo de paz integral, que era referido a Gaza.

La intención de Trump es clara, tal como se indica en la carta fundacional: “romper con los enfoques e instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado”, agregando que “una vez que este organismo esté completamente formado, podremos hacer prácticamente todo lo que queramos. Y lo haremos en colaboración con Naciones Unidas”. Desde luego, no se advierte cómo podrían converger las actividades y competencias de ambas entidades, especialmente cuando Trump ha reconocido que esta nueva Junta podría llegar a reemplazar a la propia ONU.

La forma como el Presidente de Estados Unidos ha conducido este proceso no hace más que ratificar que el Mandatario está en los hechos desmantelando el orden mundial que se construyó luego de la Segunda Guerra Mundial y que sobrevivió incluso a las tensiones propias de la Guerra Fría, un proceso que paradojalmente está siendo encabezado por el país que durante décadas fue el garante de esta arquitectura global, y que ahora está siendo sustituida por el arbitrio de las grandes potencias, al margen del sistema de Naciones Unidas.

Estas dudas ante un rediseño que es incompatible con sus propios tratados han llevado a la Unión Europea a alejarse de su interés inicial de tener influencia en la Junta de Paz, definición que también han tomado Brasil, China y Canadá, ante lo que cabe esperar que los esfuerzos vuelvan a centrarse en el interés de Gaza.

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