Por Lucas MujicaCarlos Delfino, histórico exbasquetbolista argentino: “Reinventarme fue un fuego interno tan grande como una medalla”
En 2025, tras su última temporada en el Benedetto XIV Cento de Italia, el último miembro activo de la histórica Generación Dorada que llevó a Argentina a lo más alto del básquetbol internacional, se retiró. Aquí repasa sus éxitos y momentos complejos.

Carlos Delfino (43 años) pasó rapidamente de la cancha al microfono. Dejó el básquetbol profesional a fines de 2025 tras su paso por el Benedetto XIV Cento de Italia y durante el fin de semana pasado debutó como comentarista para HBO Max y TNT Sports en los All-Star Game de la NBA.
El transandino fue parte de la Generación Dorada que ganó el oro olímpico en Atenas 2004. Con Argentina también fue campeón del FIBA Diamond Ball 2008 y consiguió el bronce en Beijing 2008. Se mantuvo ocho temporadas en la liga estadounidense. Luego, una rebelde lesión lo mantuvo al margen de la actividad por cuatro años. Volvió a jugar en Boca Juniors en 2017 y desde entonces llevó su carrera a Europa, donde decidió retirarse. En entrevista con El Deportivo repasa sus años en el profesionalismo.
Pasó de la cancha a ser comentarista, ¿cómo se toma ese cambio ahora que le tocó estar en el All-Star Game?
Estoy muy contento de seguir en el deporte que más amo. Ahora en otro lugar, pero muy cómodo de hacerlo. No se me viene a la cabeza otra fiesta igual en ningún otro deporte, donde apuntan los mejores y donde realmente se celebre. Es un privilegio muy grande y realmente me carga la energía.
Mirando hacia atrás, ¿en qué parte de su carrera se dio cuenta que ya estaba al nivel de los mejores y que no era una meta?
Tuve la suerte de ir subiendo los escalones muy rápido. Llegué muy temprano a ser profesional en Europa. Me tocó transformarme muy joven en campeón olímpico y ser parte de uno de los equipos históricos de Argentina. Llegar a la NBA también temprano. Hoy miro para atrás y realmente creo que me faltan muy pocos objetivos, porque he jugado desde ascensos a promociones, de Euroliga a finales de NBA, finales olímpicas. Lo que más me deja todo esto es ver el deporte como un juego. A mí me ha tocado vivirlo de muchas maneras. Lo que más rescato es dejar atrás los problemas, las lesiones, que fueron lo que me marcaron. Me hicieron correr de lado el punto más competitivo que había dentro de mí.
¿Era más exigente sostener el nivel en clubes o responder con la Generación Dorada de Argentina?
El club era quien nos pagaba, quien nos estimulaba a jugar y a competir. Y el postre, la parte linda, era jugar para nuestro país. Sobre todo con un grupo de amigos muy competitivos que queríamos hacer muchas cosas juntos. Fueron años estimulantes. Realmente son todas experiencias que uno va acumulando, cargando en la mochila. Son esas que cuento y que trato de transmitir, porque realmente nunca se deja de aprender. Hoy el básquetbol ha cambiado, sigue mutando. Yo lo disfruté mucho. En esa época no había tantos teléfonos y cámaras. Queda todo en la cabecita y en los ojos.
¿Qué lugar ocupa hoy la Generación Dorada en la lectura de su carrera?
Seguramente uno de los escalones más altos, si no el más alto. Tenemos una unión increíble. No tenemos que estar todo el tiempo conectados. Sabemos que, como decimos nosotros, somos hermanos y lo seremos para siempre. No solamente porque hemos vivido cosas lindas y festejadas, sino también por viajes y derrotas. Las medallas fueron la cereza del postre, la frutilla de arriba. Pero las vivencias... nos juntamos después de 20 años a jugar y fue algo muy lindo, muy estimulante. Algunos que están con caderas de titanio. Pero entramos en la cancha, nos divertimos y el tiempo nos había pasado.
¿Valora más un título o superar las lesiones?
Ambas cosas son lindas. Poner y agregar medallitas al currículum es algo muy lindo. Pero nuestro cuerpo es la herramienta del trabajo y yo tengo problemas muy grandes. Saber sobreponerme, tener la mente más dura que mis huesos, seguir perseverando, no abandonar nunca, ha hecho que deje de jugar con 42 años. Podría haber abandonado los 30, pero me di cuenta que lo mío era seguir. Reinventarme fue un fuego interno de vida que realmente para mí es un orgullo tan grande como puede ser una medalla. Eso es una enseñanza que siempre hablo con mis hijos. Me toca demostrar que quien abandona no consigue nunca un premio. Es la parte más fácil de abandonar. La parte más linda, y por ahí más divertida, es atravesar el duro camino de volver.
¿Qué le enseñó la NBA que no tenían otras ligas?
Es una competencia que te marca siempre, porque estás todos los días compitiendo con los mejores. Hay momentos que no te das cuenta y ya entraste en un nivel. En mi época era jugar contra un gran campeón como Kobe Bryant, al día después encontrarte con Dwyane Wade o LeBron James, y vas por ahí sin darte cuenta que estabas compitiendo con genios que están entre los mejores de la historia. Yo tuve el privilegio de hacerlo y realmente me ayudó un montón a todo lo que vino. Después bajé el nivel y no competí más con esas bestias. Pero el espíritu y las ganas, el tratar de mejorarme y ser mi mejor versión estuvo siempre ahí.
¿Cómo ve el contexto del básquetbol en Sudamérica y en Chile particularmente?
El contexto regional creo que está bien. Nosotros tenemos siempre la suerte de que tenemos mucha materia prima. Hay muchos jugadores talentosos. Se deben potenciar porque así aprenden a trabajar de otra manera, justamente lo que hablamos antes, entrenándose y compitiendo contra otro tipo de jugadores. Todo depende de que se pueda formar un equipo y no depender de un solo jugador o dos. El jugador sudamericano siempre ha gozado de tener una buena escuela para aprender.
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