Los elegidos de Pizarro

Diego y Matías Plaza

Destacados por el Fantasista como sus posibles sucesores, los gemelos Matías y Diego Plaza apuntan alto en Santiago Wanderers, luego de coronarse como campeones en la Sub 17.




En entrevista con La Tercera, luego de su despedida de Universidad de Chile y del fútbol profesional, David Pizarro hizo saltar las alarmas en la Sub 17 de Santiago Wanderers. El Fantasista señaló a los gemelos Matías y Diego Plaza, de 17 años, como sus "sucesores", dos nombres a los que había que anotar y guardar en la libreta de los jugadores con proyección en Chile. "David entrenó con nosotros cuando estaba en Wanderers. Que hable así es especial, porque no es cualquier nombre en Chile. Igual conversamos con él cuando fuimos a jugar, hace un mes, contra la U en Santiago. Al final del partido nos regaló la camiseta y siempre nos manda mensajes", dice Diego. A los pocos días, se coronarían campeones de la categoría, al vencer en la final por 3-0 a Colo Colo. Con Matías y Diego compartiendo la mitad de la cancha.

Nacidos en una familia futbolera y wanderina, los Plaza son oriundos de Casablanca, localidad ubicada a 45 minutos de Valparaíso en auto. Allí la familia recibe a La Tercera en una parcela ubicada en medio del campo. Tiene piscina y una cancha de baby fútbol, el sitio ideal para relajarse luego de una temporada exigente, que los consagró a ellos y su equipo como los mejores de la categoría.

El hermano mayor de la familia, Marco Plaza (36), es un ex futbolista que arrancó su trayectoria en el eterno rival, Everton, y jugó gran parte de su carrera en clubes de la Primera B. Retirado hace dos años, hoy los aconseja, los cuida y les señala lo difícil que es llegar a jugar en Primera División. Tiene la experiencia de estar en el lugar que hoy ocupan sus hermanos. "Yo tuve la suerte de jugar 17 años al fútbol y sé que es un camino largo, porque hay jugadores que llegan a debutar, pero no juegan más de dos o tres años. Es difícil. Tienen que tener disciplina y carácter, tener los pies sobre la tierra. Los veo levantarse temprano, nunca faltar a un entrenamiento. Son aterrizados, no se creen el cuento ni exigen cosas. Lo que me deja tranquilo es que ellos me vieron a mí y saben lo que se necesita o lo que me faltó para llegar más lejos", expresa.

En Casablanca comenzaron a jugar en el Defensor, el club más emblemático del pueblo, aunque no duraron mucho tiempo. No tenían competencia. Por eso se fueron a probar a los 10 años al Decano, donde no tardaron en hacerse un espacio. "Llegamos allí porque un amigo de un primo nuestro jugaba en la juvenil de Wanderers. Él habló con el profe de la Sub 10, nos fuimos a probar y a la semana nos pidieron los papeles. Al mes Diego ya era titular, yo iba a la banca, pero fue corta la espera para que nos empezaran a citar y luego a jugar", relata Matías.

Desde su llegada al conjunto caturro, han salido campeones en las Sub 14, 15 y 17, además de un subcampeonato en la 16. Su rendimiento despertó el interés de otros equipos, como Lanús, que los invitó a entrenar en Argentina durante una semana a fines de 2017. Allí fueron compañeros de pensión con Pedro de la Vega, el joven que fue sensación en el medio transandino tras su debut ante Racing de Avellaneda, en septiembre. "Dormía al lado de nosotros. Es un animal para entrenar. Luego volvimos a Chile, pasaron unos meses y él empezó a salir en la tele, en todos lados porque había debutado en Primera. Es el mejor proyecto que tiene Lanús", recuerda Diego.

Para los Plaza, además de Pizarro, los referentes son Charles Aránguiz y Arturo Vidal. Quieren seguir esos caminos, aunque el sueño de debutar en Wanderers no se los quita nadie. Si bien comparten la misma zona de la cancha, se definen como jugadores distintos. En sus inicios, Matías jugaba de central y Diego de delantero. Se fueron buscando en el césped. "En el fútbol moderno un técnico ya no te aguanta no defender. Es como jugar con uno menos. Eso lo ha adquirido Diego. Más en Wanderers que la gente te aplaude más por ir al suelo que por una jugada bonita", describe Matías, hoy capitán de la Sub 17 y quien levantó la copa en la definición ante el Cacique.

Hace cinco meses sufrieron el fallecimiento de su madre, Mónica Barrios, quien por años los acompañó en cada jornada de entrenamiento. Un golpe durísimo para la familia. "Ella les inculcó ese cariño por Wanderers y los apañaba a todas. Era la única mamá que iba en el bus hasta Mantagua. Es un sacrificio de ellos y los admiro, hacen lo que les gusta. Son dedicados. Les quito la pelota y capaz que me peguen", agrega su padre, también llamado Marco. "Todos los días nos levantamos a las seis de la mañana para estar a las ocho y cuarto en Valparaíso, y tomar el bus que los traslada a Mantagua. Allí entrenamos y estudiamos, algo que no se nos da tan mal", dicen entre risas.

En materia de selecciones, Matías entrenó con la Roja Sub 17 durante la preparación para el Mundial de India 2017, pero tras solo tres semanas el seleccionador Hernán Caputto no volvió a llamarlo. Diego, en tanto, se lesionó en esa época. Tuvo problemas en una rodilla y estuvo inactivo durante tres meses; por eso, se perdió esas convocatorias.

En los próximos días, en tanto, conocerán si hacen la pretemporada con el primer equipo wanderino. "Matías ya hizo una pretemporada con el plantel, cuando estaba Eduardo Espinel en 2017. Ahora no está confirmado ciento por ciento, aunque lo más probable es que hagan la pretemporada, porque les avisaron informalmente", cuenta Marco.

Precisamente el uruguayo Espinel, técnico de Wanderers entre julio de 2016 y abril 2017, recuerda la madurez de los Plaza cuando eran dos chicos de solo 15 años. "Me sorprendieron para la edad que tenían, la tranquilidad para jugar y su madurez. Desde el punto de vista técnico, tenían buen dominio de balón. Los llevamos al primer equipo, había varios jugadores juveniles que incluso hoy están en el primer equipo y ellos daban ventaja en la edad. Como personas también eran destacables: se sentaban a charlar, escuchaban los consejos y se notaba querían aprender".

Sobre su escasa envergadura (1,68 y delgados), Espinel señala que aún les queda por crecer y que lo importante son otras virtudes: "Con mucho trabajo se puede mejorar el tamaño y la inteligencia táctica era una de las ventajas que mostraban respecto a otros jugadores de su edad".

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