Por Vicente GonzálezSuper Bowl LX: Seattle Seahawks aplasta a New England Patriots y recupera el trono de la NFL tras 12 años de espera
A punta de goles de campo y un feroz vendaval de anotaciones sobre el cierre, la franquicia del Estado de Washington consiguió el segundo trofeo Vince Lombardi de su historia. De pasada, se cobraron revancha de la final perdida en 2015 y dejaron a los de Massachusetts sin la posibilidad de conseguir una inédita séptima corona. Frente a un pálido partido en la primera mitad, el color lo puso el puertorriqueño Bad Bunny con una auténtica fiesta latina en el show de medio tiempo.

La acción se hizo esperar, pero terminó llegando sobre el cierre del Super Bowl LX. Cuando la final del fútbol americano no había entregado muchas emociones por la excesiva cantidad de goles de campo y la sostenida presencia de la defensa sobre la cancha, los Seattle Seahawks aprovecharon los errores de los New England Patriots y se impusieron por 29-13. Después de 12 años de espera, los Halcones Marinos recuperaron el trono de la NFL y se cobraron revancha de la recordada definición perdida en 2015.
Con esta coronación, la franquicia dirigida por el entrenador Mike Macdonald alcanzó el segundo título de su historia (el anterior había sido en 2014). Desde el flanco de los de Massachusetts, en tanto, desperdiciaron la oportunidad de convertirse en los máximos campeones de la liga y se mantienen empatados con los Pittsburgh Steelers. El séptimo trofeo Vince Lombardi deberá seguir esperando en las vitrinas de Foxborough.
Los goles de campo inclinan la balanza
El arranque del espectáculo más grande de la NFL estuvo a la altura del termómetro en California. Bajo el sol incandescente que bañaba el Levi’s Stadium en la Bahía de Santa Clara, ambas franquicias saltaron al emparrillado decididas a imponer condiciones desde el primer choque.
Los Seahawks asumieron la responsabilidad de comandar la primera serie ofensiva. El mariscal de campo, Sam Darnold, comenzó lanzando envíos certeros a sus receptores, logrando avanzar de golpe una gran cantidad de yardas. Parecía que el touchdown llegaba casi por inercia, sin embargo, la defensiva de los Patriots consiguió detener los embates y forzó el gol de campo. El kicker Jason Myers hizo efectiva la patada y puso los primeros tres puntos de la final.
Con la apertura del marcador, el partido se tornó de dientes apretados. Ya no estaba esa permisividad que caracterizó el arranque, al menos desde el punto de vista de la fluidez del juego. Allí se hicieron fuertes ambas defensas, impidiendo que se volvieran a sumar puntos por varios minutos.
Sin embargo, el segundo cuarto pertenecería enteramente al pie de Myers. Primero, apenas al amanecer del periodo, el pateador estiró la ventaja a seis puntos tras otra serie frenada en la zona roja. El dominio de los Seahawks era quirúrgico pero contenido, obligándolos a un ejercicio de paciencia extrema. Tras un largo intercambio de despejes y castigos, Seattle volvió a golpear justo antes de que los equipos se retiraran al descanso, facturando un tercer gol de campo que enviaba un mensaje claro: el elenco del Estado de Washington hacía valer su supremacía con lo justo, conscientes de que en un duelo de trincheras tan cerrado, cualquier margen de error resulta lapidario.
En la vereda contraria, en tanto, el ataque liderado por Drake Maye lucía totalmente desdibujado. El quarterback egresado de la Universidad de Carolina del Norte no era capaz de entrar en ritmo, registrando solo 48 yardas por aire y 6/11 en pases completados. Además, ante los constantes asedios de la línea defensiva de Seattle, el jugador de 23 años fue capturado en tres ocasiones.
Si bien la pausa de mediotiempo aparecía como la oportunidad perfecta para renovar el planteamiento, lo cierto es que la dinámica negativa solo se extendería para los Patriots en el complemento. Primero, Myers volvió a convertir de entrada un gol de campo, elevando la cuenta a 12-0. Posteriormente, Maye sucumbió frente a la presión rival, soltó el ovoide, y desencadenó el peor panorama: Darnold no lo perdonó en zona roja y convirtió el touchdown tras asociarse con el ala cerrada AJ Barner.
A esa altura, los de Massachusetts dependían de un milagro. Maye, en una reacción tardía, alcanzó a descontar con un pase de anotación de 33 yardas a Mack Hollins, pero no le alcanzó para el sueño de la remontada. Apenas unos minutos después de aquella conversión, protagonizó una nueva pérdida y el liniero Uchenna Nwosu firmó un pick six para dejar encaminado el segundo título del elenco con sede en la costa del Océano Pacífico.
A 2′ del cierre, el mariscal de campo de los Patriots mostró una cuota de orgullo y conectó una asistencia al corredor Rhamondre Stevenson, pero solo fue para maquillar el resultado final. Además, en el intento de la conversión de los dos puntos extra también fallaron.
Con este 29-13 que quedará grabado para la posteridad en los libros de historia de la NFL, Sam Darnold completa su redención: pasará de ser un quarterback desechado por múltiples franquicias a erigirse como un campeón con todas las letras. Drake Maye, desde la otra trinchera, deberá seguir persiguiendo la estela que dejó el legendario Tom Brady.
La fiesta latina se toma el Super Bowl
Más allá del interés que despertaba el partido estelar de la NFL, la expectación a lo largo de todo el planeta recaía, principalmente, en el show de mediotiempo de Bad Bunny. Y es que según diversos reportes que habían surgido desde Estados Unidos, se esperaba que 130 millones de espectadores sintonizaran la presentación del puertorriqueño a través de la pantalla. Récord absoluto en la historia del Super Tazón.
Con la presencia de varios famosos en el escenario, entre ellos el actor chileno Pedro Pascal, el reciente ganador del premio Grammy a Mejor Álbum del Año montó una auténtica fiesta latina en el centro del terreno de juego. En un compromiso de pocas emociones, fue el responsable de colorear la jornada.

A lo largo de su show, el reggaetonero entonó éxitos como Tití Me Preguntó, Mónaco, Debí Tirar Más Fotos, entre otros tantas canciones de su extenso repertorio. Incluso, se dio el gusto de invitar al célebre Ricky Martin y a la multifacética Lady Gaga, quien cantó Die With A Smile en una versión de salsa.
En el momento de su despedida, Bad Bunny aprovechó de dejar un potente mensaje de reivindicación de los pueblos de Latinoamérica. La dedicatoria tiene una especial importancia si se tiene en cuenta la compleja situación que se vive en el gigante norteamericano, con las estrictas políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump.
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