La risa como defensa frente al miedo

Hervi, Palomo, Rufino y Guillo, los “cuatro mosqueteros chilenos” del dibujo satírico y político, reflexionan sobre la importancia que tuvo el humor en el régimen militar.


*Este artículo es parte del especial conjunto por los 30 años del plebiscito de 1988 entre La Tercera y la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez.

– A las 9 de la mañana de un día cualquiera, un vendedor ambulante gritaba su mercadería en el Paseo Ahumada: “¡A mil los perritos del Sí, ¡A mil los perritos del Sí!”. Un joven ejecutivo, elegantemente vestido, que paseaba por allí, quiso comprar uno, pero prefirió hacerlo en la tarde, cuando regresara a casa. Eran cerca de las 20:00 y el vendedor ya no ofrecía lo mismo. “¡A mil los perritos del No! ¡A mil los perritos del No!”. Molesto, el ejecutivo lo increpó: “¡Cómo es posible, si en la mañana estos cachorros eran del Sí!”. “Son los mismos”, respondió el hombre, “solo que en la tarde abrieron los ojitos”.

Así contó la periodista María Irene Soto en un reportaje en revista HOY uno de los tantos chistes que circulaban en 1988. El clima de apertura que permitía la campaña hizo florecer el humor político como en pocos períodos. Uno de los recursos que mejor empleó la oposición en esos días fue el humor, donde con más claridad que en ningún otro terreno derrotó al Sí. El ingenio, la ironía, el sarcasmo y la mordacidad reinaban entre los partidarios del No. Incluso, servía como mecanismo de defensa de las personas ante lo que ocurría. De hecho, esta es una de las funciones que la sicología le asigna.

Con domicilio en la prensa de oposición, el humor venía haciendo un trabajo de zapa desde años atrás, desmoronando la imagen de Pinochet y su régimen. Cuatro de ellos resaltan en el humor político de ese período: Alejandro Montenegro (Rufino), en revista Hoy; José Palomo, en revista Análisis; Hernán Vidal (Hervi), en el diario La Época y revista Hoy, y Guillermo Bastías (Guillo) en revista Apsi.

Corrieron riesgos, algunos sufrieron amenazas, uno de ellos, Palomo, debió partir al exilio, pero nunca perdieron la capacidad de reírse de otros, que era, quizá, su forma de defensa. Dos de ellos, Hervi y Palomo, estudiaron en la Escuela Experimental Artística.

Hervi: “El humor ayuda a mantener la esperanza”

Sus dibujos han aparecido en 20 medios chilenos, y hoy lo hacen en La Tercera, con su viñeta diaria. Discípulo del historietista Pepo, el creador de Condorito, Hernán Vidal firma con su inconfundible acrónimo, Hervi, que proviene de la primera sílaba de su nombre y apellido. Para él, “desde el comienzo de los tiempos el humor es reírse a costa de algo o de alguien”. En las sociedades más evolucionadas, es hacerlo de “los grandes problemas o de quienes detentan el poder”.

Por eso, la dictadura fue para Hervi un terreno en el que pudo desarrollar su perspectiva crítica en el humor político, en dos medios de oposición, la revista Hoy y el diario La Época, ambos extintos. Cuenta que se atrevió a soltar más su pluma y lenguaje después de ver a Rufino en Chile, y los trabajos de Palomo en México y Fernando Krahn en Barcelona, los dos últimos en el exilio, de quienes ha bebido inspiración.

“Hacía algo bastante discreto en Hoy hasta que vi las genialidades de Rufino y me atreví a hacer cosas más fuertes, y más tarde, diría, brutales y ácidas”, cuenta.
Piensa Hervi que el humor en la dictadura cumplió una función “bastante importante”, aunque menos que las protestas, al ayudar “no a socavar el poder ni a derribarlo, pero sí a mantener el espíritu optimista y esperanzador de la gente”.

Para hacer reír a los demás encontró abundante inspiración en las noticias en ese período, aunque advierte que a veces estaban teñidas por la censura, y también en las conversaciones cotidianas.
Sostiene que el dibujo político es una especie de columna de opinión, con o sin palabras, que expresa un juicio respecto de lo que está ocurriendo. Durante la campaña del No, participó en algunas sesiones con los equipos creativos en los que había actores, directores teatrales y periodistas, entre otros, y tuvo una página en cada edición semanal de revista Hoy. La empleó como mecanismo para incorporar situaciones humorísticas. “Era una ventana abierta a la ciudad, que mostraba cosas de la vida cotidiana, las que estaban ocurriendo en el poder, en el edificio Diego Portales, hasta las reflexiones o aconteceres de la gente de la calle”.

Palomo: “El humor es el oxígeno de la democracia”

José Palomo no tuvo necesidad de generar un seudónimo. Su apellido es la marca inconfundible del creador de “El cuarto Reich”, una sátira de una dictadura sudamericana en la que gobierna un general, vulgar e inculto, con agentes de seguridad despiadados, que le obedecen ciegamente e incluso anticipan sus deseos, y que publicó en Chile revista Análisis, hoy extinta, y “La copia feliz”, en que cualquier parecido con algún país no es mera coincidencia.

El cuarto Reich se ha publicó por primera vez en 1977 y ha estado en diarios y revistas de México, Panamá, Venezuela, Argentina, España, Portugal e Italia, entre otros países. Palomo tomó el nombre de los planes del Tercer Reich para instalarse en Paraguay. Trabajó tres años en México con periodistas como Gregorio Selzer y Daniel Waksman en la preparación de guiones y ambientes de esta tira, para que funcionara como la historieta de un ejército “que en su propio país actúa con la impiedad de las fuerzas de ocupación extranjera”, explica.

Él define al humor como “el oxígeno de la democracia”. Lo considera “una actividad comunitaria que replantea todo, mucho más precisa que las encuestas para saber lo que piensa la gente”. Sostiene que no florece en estructuras rígidas como las fuerzas armadas y la iglesia católica. “El humor es anarco, va siempre en sentido contrario”. Alguien le dijo un comentario que él considera certero: “Chile es un laaargo desfile entre una parroquia y un cuartel”.

Para el golpe militar trabajaba en el diario El Siglo, del Partido Comunista, y salió temprano de su departamento, rumbo a la entonces Universidad Técnica del Estado, hoy Usach. A las 13 horas debía reunirse con el cantautor Víctor Jara, porque iban a examinar la carátula que le diseñó para su último disco, “Canto por travesura”. Nunca pudo hacerlo. Dice que un vecino le contó que, pateando la puerta, carabineros habían allanado su departamento, donde se quedaron tres meses. “Parece que les gustó”, ironiza.

Su osadía e ingenio, que no pocas veces se transforma en mordacidad pura, ha sido una escuela para dibujantes políticos chilenos y de otros países.

Rufino: “La franja fue una buena idea”

Bautizado como Alejandro Montenegro, todos sus conocidos lo llaman por el nombre que usa como dibujante, Rufino, un homenaje al abuelo materno que lo cuidó cuando niño. Es el autor de un personaje ya clásico en tinta china: un agente de los servicios represivos, que usa riguroso terno oscuro, con lentes negros y corbata del mismo color, rasgos angulosos y rictus en sus labios, y comenta lo que ocurre en el país.

Fue el primero en dictadura en atreverse a dibujar a un agente que, a todas luces, parece haber sido de la CNI (Central Nacional de Informaciones). Confiesa que se inspiró en Palomo, pero también en lo que se veía en Chile a diario.

Ha estado en revistas Ercilla, Hoy y después del fin de esta, nuevamente Ercilla. Fue en Hoy donde la dictadura se convirtió en su leit motiv. “En estos regímenes, cuando existe el humor, ayuda mucho a levantar el ánimo y a perder el miedo. El subproducto más horroroso que tengo de los tiempos de Pinocho es el miedo que yo todavía lo tengo metido en los huesos. Junto con provocar risa, el humor puede hacer que alguien sonría. Y, en tiempos como aquellos, es un gran bálsamo”, argumenta Rufino. En una ocasión, en dictadura, la ministra de Justicia, Mónica Madariaga, comentó sobre un dibujo suyo: “Muy graciosito este niño Rufino”.

La franja del No al principio no le agradó. Era muy “happy-happy”, dice. Pero después cambió de opinión. “Pensé que la primera parte era para atraer a la gente, y la segunda cuando ya se les había pasado un poco el susto. A la distancia no fue una mala idea”, reflexiona.

Su aporte a la campaña fue desde la revista Hoy. En una de sus viñetas del período se anticipó al conocido titular del periodista Alberto Gato Gamboa en Fortín Mapocho después del plebiscito: “Corrió solo y llegó segundo”. Uno de los personajes de Rufino se consolaba: “Pero jefe, piense que salir segundo no es tan malo. En Seúl le habrían dado hasta medalla”.

El humor editorial de Guillo

Para Guillermo Bastías, Guillo desde su infancia, en dictadura el humor no solo es necesario, sino que imprescindible. “En cierto modo, el humor mata el miedo, y en dictadura, lo que pretenden es infundir el miedo para que seas sumiso y te comportes según el orden que quieres que siga”. Hace una analogía: “Es como si a uno lo pusieran en una fila y le dijeran, ‘no me huevee por otro lado’”.
Autor de varios libros, y elegido en Lima en 2015 como el dibujante del año, Guillo acaba de reeditar su “Pinochet ilustrado”, una antología de uno de los personajes a los que ha dedicado más viñetas. Una de sus caricaturas, de Pinochet como el Rey Sol, Luis XIV, en la portada de la edición especial “Las mil caras de Pinochet”, de APSI-Humor, terminó con censura a la revista y requisición de sus ejemplares en quioscos. El director y subdirector de la publicación fueron detenidos, acusados de “asesinato de imagen”. Guillo cuenta que él, en cambio, “pasó piola”. Recuerda con cariño esta revista opositora ya fallecida, en la que había “una generación dorada de periodistas, que funcionaba con una mística irresponsable del peligro”.

Caricaturas como las de Guillo eran las que contribuían a la pérdida del miedo de los ciudadanos. Cuando eso ocurre, “comienza la debacle progresiva de la dictadura”, dice. A su humor lo califica de “editorial”, porque “se nutre de la realidad”.

Guillo integró el equipo creativo del No. Su función era aportar el humor en los spots que se transmitían en la franja por televisión. En una de sus ideas llevada a la práctica, un personaje “vestido de negro, con anteojos negros y bototos de milico jugaba un partido contra un tenista normal. Al caminar, con los bototos rompía el suelo y las sillas. Sirve el primer servicio y el umpire le grita: “¡No!”. Vuelve a servir y el árbitro le grita “doble falta” y dice: “juego, set y match”, Gana la gente”.

Otra idea suya usada en la franja es la del pollito que sale del huevo y canta: “Vamos a decir que No…”

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