La ruta de los conversos: cómo es cruzar la frontera política

javiera parada

La incorporación de Javiera Parada al comando de Ignacio Briones alborotó esta semana a la izquierda y las redes sociales se volvieron en su contra. Pero la actriz –ex PC y ex RD- no es la primera ni la última política en pasar ideológicamente de un lado a otro. Así es el tránsito, en la voz de los propios conversos.




" ¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios..., pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín: no puede cambiar de pasión”. La frase que sale de los labios del actor Guillermo Francella es uno de los momentos más famosos de la película El secreto de sus ojos, galardonada hace una década con el Oscar a Mejor Película Extranjera. Y aunque en ese caso alude al fútbol, específicamente a un prófugo hincha de Racing, la política podría ser un caso muy cercano, donde esta lógica también entra en juego, sobre todo cuando el cambio es entre veredas ideológicamente distintas.

Le pasó esta semana a Javiera Parada: la actriz, exmilitante de las Juventudes Comunistas, exrostro de la campaña Marca AC, exmiembro de la campaña de Michelle Bachelet y luego agregada cultural en Nueva York, y hace dos años candidata a la presidencia de Revolución Democrática, apareció en un video apoyando la postulación presidencial de Ignacio Briones, exministro de Sebastián Piñera y carta de Evópoli. Un tránsito desde los mundos de izquierda hacia la derecha que copó conversaciones, reacciones en redes sociales, críticas y apoyos por su simbolismo, al ser una figura identificada con el bloque progresista e hija de José Manuel Parada, uno de los tres asesinados en el Caso Degollados en plena dictadura.

Los cambios de bloques no son tan frecuentes, pero ocurren. Mariana Aylwin -otro nombre emblemático, por su rol como ministra de la Concertación e hija de Patricio Aylwin, el primer presidente del bloque- cuenta que al dejar la DC en 2018, y cuestionar constantemente algunas actitudes de la extrema izquierda, ha sufrido “un bullying” parecido al que afectó esta semana a Javiera Parada, aunque en un nivel mucho más bajo, precisa.

La actual candidata a constituyente por el distrito 11 fue una de las cien personas “independientes, de centro e izquierda” que firmó una carta en apoyo a Parada, donde rechazan “los violentos y desmedidos ataques que estás sufriendo”.

Consultada por su propia transición, Mariana Aylwin cuenta que le “costó mucho” tomar la decisión de renunciar a la DC, el partido con el que su padre llegó a La Moneda en 1989. “Lo pensé durante mucho tiempo, pero uno tiene que estar donde están sus convicciones y no puedes seguir en un lugar donde estás permanentemente nadando contra la corriente”.

-¿Cree que su padre hubiera seguido su camino?

-No, yo no tengo el más mínimo atrevimiento de decir qué hubiera hecho él. Sí sé que mi padre estaría hoy defendiendo el Estado de Derecho, estaría en contra de la violencia y preocupado por el buen funcionamiento de las instituciones democráticas.

El eje del Sí y el No

Gran parte de las críticas en Twitter a Javiera Parada aludían a un tema personal: cómo la hija de uno de los profesores degollados en 1985 podía apoyar a un candidato de la centroderecha.

Tanto así, que su tío, el actor José Secall Parada, llamó en su muro de Facebook a hacer la “diferencia con ‘nuestros enemigos’ que para mí son los autores, cómplices directos o defensores de una práctica de muerte, tortura y exterminio”.

Secall, antiguo militante del PC, lamentó la decisión de su sobrina y reflexionó sobre “sus razones para haber transitado hacia la vereda del frente”. “Ella ha hablado de diálogo; oportunismo, dicen algunos; afán de figuración, otros; hasta síndrome de Estocolmo, dicen por ahí…”. Con todo, el actor lamentó el “paredón de la muerte” que se ve en las redes para quienes no están en su misma vereda política.

Otra figura que hizo el tránsito desde la DC a Chile Vamos es el candidato presidencial Sebastián Sichel. Para el exministro de Piñera lo que se ha visto con el caso de Parada es “la comedia del absurdo”. Para él, los análisis siguen condicionados por la separación radical que hubo en el plebiscito del Sí y el No.

“Existe una generación traumada por la dictadura, que se le quedó el disco pegado en el 88 y el 89, y es incapaz de tolerar cualquier evolución política. Yo creo que el fin de la transición justamente empieza cuando existe la posibilidad de que una persona como Javiera Parada o yo tengamos posiciones distintas respecto de nuestro pasado”, plantea.

El exministro de Desarrollo Social recuerda que en 2014 él tomó la decisión de no seguir apoyando el gobierno de Bachelet. “Estaba en desacuerdo con sus políticas públicas, que sentía se habían izquierdizado y le estaban haciendo mal al país para los años que venían. No tenía que seguir apoyándolo por el hecho de que la mayoría de sus miembros habían estado con el No en el plebiscito del 88, cuando yo tenía 11 años”.

El peso del odio

El filósofo y analista político Max Colodro militó en las Juventudes Comunistas -al igual que Parada- y hoy adhiere a ideas más liberales y de centro. “Tengo la certeza de que Javiera Parada no ha dejado de ser de izquierda. Creo que, al igual que muchos, se ha sentido muy decepcionada con la espiral de fanatismo, odio e intolerancia que desde hace tiempo recorre a buena parte de la centroizquierda chilena. Y que como ocurre en las sociedades democráticas, hoy se siente motivada por un liderazgo moderado, que tiene propuestas valiosas para el futuro del país. Sentirse libre para cruzar fronteras sin renunciar a las convicciones también es parte de una democracia”.

Del PPD al piñerismo

En las últimas décadas, los tránsitos más sonados han sido desde el mundo de la centroizquierda hacia la derecha, y en ocasiones sus movimientos han sido simbólicos de cambios mayores en el país. El ejemplo más emblemático fue Chile Primero, la colectividad que en 2009 completó junto con la UDI y RN la denominada Coalición por el Cambio. En su interior traía a dos emblemáticas figuras del progresismo chileno: el senador Fernando Flores, exministro de Salvador Allende, y Jorge Schaulsohn, expresidente de la Cámara de Diputados. Ambos venían escindidos del PPD, partido en el que tuvieron roles de relevancia.

Schaulsohn, que llegó a presidir la colectividad, afirma no haber “pagado ningún costo” al apoyar a Piñera en su primer gobierno, en 2010. “En ese momento ya no pertenecía al PPD y hubo muchísima gente de la Concertación que votó por Piñera, algunos como yo, lo dijeron, otros no”.

Para Schaulsohn –hoy fuera de la política-, el tema de fondo es que “la centroizquierda en Chile se ha movido mucho a la izquierda y ha dejado a mucha gente en el camino que no es de derecha como yo, pero que tampoco se siente identificado con la extrema izquierda”.

Alguien que vio de cerca ese tránsito fue exsenador y exministro del PPD Sergio Bitar. Para él, “el caso de Javiera es muy distinto al de Fernando Flores. Él era un senador elegido por la Concertación y por el PPD, que en su campaña dice tener una estrecha relación de apoyo a la Presidenta Bachelet, que invita a mi electorado a apoyarlo. Y renuncia a la Concertación y al PPD y crea un partido para apoyar la campaña de Piñera”.

En Chile Primero, de hecho, había otra figura más: un joven dirigente político de Tarapacá, Vlado Mirosevic. Con los años, éste terminaría en el Partido Liberal, colectividad por la que fue electo como diputado formando parte del Frente Amplio, pero que hoy se escindió del bloque. Un camino que, en su caso, ha sido de derecha a izquierda.

El derechista Francisco Vidal

Otro de esos cruces sonados fue el de una figura emblemática de los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, aunque en su caso se había dado mucho antes. “Debo haber sido el primer derechista que se cambió de una derecha triunfante y llena de champaña por el golpe, a la oposición”, dice con su habitual elocuencia el ex ministro Francisco Vidal.

El vicepresidente del PPD añade que cada converso tiene su propia historia. “En mi caso, esto parte cuando me salí de la Escuela Militar en 1970 e hice mi cuarto medio en el Liceo 11 de Las Condes, donde la fuerza dominante era la Juventud Nacional (colectividad de derecha) y ahí asumí esa postura. El Partido Nacional se autodisolvió poco después del golpe y el 74 entré a Historia a la Universidad de Chile y ahí empezó mi proceso de conversión”, plantea.

“Fui parte de la Juventud Nacional golpista y es la reflexión más profunda que he hecho en mi vida, siempre asumiéndola, pública y privadamente”, reflexiona hoy Vidal.

¿Se corrió la izquierda?

Para Francisco Vidal también son conversos quienes pasaron de una izquierda dura a un socialismo renovado. “Para mí un converso es Óscar Guillermo Garretón, que era y es socialista, pero su vuelco de posición es demasiado grande. De haber sido el líder del Mapu-Garretón, que conformaba el polo revolucionario de la Unidad Popular, a ser hoy un socialdemócrata liberal. Como él te puedo dar más de 500 ejemplos: Carlos Altamirano y mi amigo Carlos Ominami, por mencionar a algunos”.

Pero Garretón niega ser un converso: “Yo no soy de centroderecha, lo que ocurre es que el cuadro completo se corrió a la izquierda, y hoy ser de la renovación socialista, de la cual yo me sigo sintiendo parte, es poco menos que ser de derecha, según el izquierdismo loco que se ha desarrollado en nuestro país”.

El exsubsecretario de Economía en el gobierno de Allende respalda la decisión de Javiera Parada y hace una analogía con una historia del pasado: “Conozco muy bien a Javiera y conocí muy bien a su abuela, María Maluenda, con quien fundamos el PPD, cuando ella también se decepcionó del Partido Comunista de ese entonces”.

Transformación entre letras

Otra dimensión es la de los “conversos” en el mundo de las ideas. De hecho, el gobierno de Sebastián Piñera tuvo a dos ministros que pasaron de una militancia en una izquierda radical a abrazar las sensibilidades de centroderecha: el escritor Roberto Ampuero en la Cancillería y Mauricio Rojas, aunque brevemente, como ministro de Cultura.

“Ser converso no es cambiarse de tribu. La política chilena es muy tribal, muy de trincheras, y eso daña al país. No se trata, como en mi caso, de pasarse de la izquierda a la derecha, sino de repudiar todo extremismo y autoritarismo. De distanciarse tanto de la izquierda que aplaude las dictaduras comunistas, como de la derecha nostálgica de Pinochet”, explica hoy Rojas, añadiendo que la decisión de Javiera Parada es “muy valiente”.

“La izquierda, en especial la más radical, es implacable con quienes abandonan la tribu. Tratarán de destruirla como persona para que nadie escuche sus razones. Lo digo por experiencia propia. Se paga un alto precio por el derecho a reflexionar y a cambiar”.

Pablo Ortúzar, uno de los intelectuales de la derecha actual y columnista de este medio, también tuvo un pasado en la ultraizquierda y el anarquismo, militando en varios movimientos en su época de estudios en el Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile.

“Es una mezcla de leer historia de las revoluciones -donde siempre la izquierda más miserable le clava un puñal por la espalda a la más honesta y al pueblo-, observar la dinámica política de la izquierda universitaria a la que yo pertenecí -obsesionada con el poder y no con la verdad-, y darme cuenta de que yo no era moralmente superior a ningún otro ser humano”, recuerda sobre su proceso de cambio.

-¿Y fue cuestionado por sus pares como le ocurrió a Javiera Parada?

-No, porque ocurrió en una etapa muy joven, formativa, y en un país en paz. No viví, por suerte, experiencias extremas como los exministros Rojas y Ampuero. Por eso digo que no soy un converso, sino un convencido. Lo único parecido realmente a la conversión en mi caso fue volver al cristianismo

Desde Madrid, el embajador de Chile en España, Roberto Ampuero, señala que “las personas son libres para aprender, madurar y cambiar. Y no hay plazos ni límites para ello”.

Y agrega: “Probablemente quienes critican a Javiera Parada no saben que su materialista Marx fue primero idealista hegeliano, que el comunista Lenin fue antes socialdemócrata, y que el marxista Chávez se convirtió en fervoroso creyente al saber que moriría”.

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