Arturo Zúñiga, el joven subsecretario al que se le vino encima el coronavirus

13 de Febrero 2020/ SANTIAGO El Subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zœ–iga habla a los medios de comunicaci—n, durante la preparaci—n de la Red Hospitalaria, en el marco del Plan de Acci—n por posibles casos del nuevo Coronavirus Covid-19. FOTO: Jose Francisco Zu–iga /AGENCIAUNO

Treinta y seis años tiene el ingeniero comercial y brazo derecho del ministro Jaime Mañalich a cargo de Redes Asistenciales. Fue su jefe de gabinete en el primer gobierno piñerista, goza de su extrema confianza y él es casi su única red política. Militó brevísimamente en la UDI hace unos cuatro años y conserva amigos como Jaime Bellolio. Eso y su experiencia en clínicas privadas son sus municiones para enfrentar esta inédita crisis sanitaria y salvar la inevitable comparación con su antecesor Luis Castillo, que estuvo hoy en el Ministerio de Salud.




Hoy estuvo en los pasillos y oficinas del Ministerio de Salud Luis Castillo Fuenzalida, el ex subsecretario de Redes Asistenciales que en agosto del 2018 salió para aplacar las iras políticas de la DC, que clamaba por su cabeza a raíz su rol -aunque la justicia no lo sancionó- en el homicidio del exPresidente Eduardo Frei Montalva. El médico, cuentan allá, fue a asesorar a su otrora repartición ante la crisis por el coronavirus para el aparato de salud pública. La misma versión dice que no se reunió con su sucesor, el ingeniero comercial Luis Arturo Zúñiga Jory (36), a quien sí le toca encarar toda esta situación que implica hacerse de miles de camas, insumos quirúrgicos, y mucho personal médico extra para afrontar los meses que vienen.

Hasta ahora casi desconocido para las cámaras, Zúñiga lleva ahora días explicando y anticipando escenarios, como cuando ayer anunció que “pasar a la fase tres puede ocurrir en pocos días”, mientras la cifra de contagiados sigue subiendo y debutan ya las cuarentenas en colegios como el Saint George. Más allá de las inmanejables variables víricas, su cargo y su situación en el Minsal tendrán su prueba de fuego durante los próximos meses, cuando a este cuadro se sume la llegada de la influenza y el sistema público de salud demuestre que resiste.

Pese a algunas críticas que encaró a su llegada por no ser médico y venir del mundo privado -fue gerente comercial de la Clínica de la Universidad de Los Andes-, en la oposición hay voces que le reconocen conocimiento, competencia técnica y harto manejo de cifras. Pero carece de muñeca, experiencia y redes política, recalcan sus conocidos y amigos. Su gran, gran soporte, es precisamente su jefe, el ministro Jaime Mañalich, de quien fue su jefe de gabinete en el primer cuatrienio piñerista.

Es tan marcada esta relación, dicen, que cuando ha asistido al Congreso -su llegada al cargo terminó con el veto opositor que le impedía a Castillo la entrada a las comisiones de Salud- solo se refiere a aspectos técnicos y no entra a temas políticos, campo que le deja íntegro a su jefe. A tal punto, que dos conocidos suyos dicen que en la cartera algunos apodan a Zúñiga “su secretario”, en alusión a Mañalich, en vez de “subsecretario”.

También tiene cercanía con la hoy jefa de gabinete del ministro, Itziar Linazasoro. Enfermera, ella también estuvo con Mañalich en Piñera, Parte I, y al igual que Zúñiga estudió en la Universidad Católica. De sus años de estudiante provienen algunas amistades y contactos políticos, pero que no son redes. Dan como ejemplo a Francisco López, subsecretario de Energía y abogado de la UC. Jaime Bellolio, el diputado UDI, es su amigo. Por él fue que Zúñiga militó brevísimamente en la UDI hace algunos años, casi exclusivamente para apoyarlo en su primera elección interna -una de las dos que perdió- contra la senadora Jacqueline van Rysselberghe.

En el partido recuerdan que Zúñiga votó por Bellolio y que poco tiempo después no refichó. Pero tiempo antes había participado en la Fundación Jaime Guzmán, donde -a través del programa “Jóvenes al Servicio de Chile”- se fue a trabajar a la municipalidad de Panguipulli (Región de Los Ríos), a dirigir la división de Salud de la Corporación Municipal. Algo parecido a lo que hizo cuando era aún más joven el hoy ministro del Interior, Gonzalo Blumel, en Futrono. El ingeniero se fue a instalar con su esposa, quien llegó a hacerse cargo de la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) de la misma comuna.

Además de Bellolio, en el partido cuentan que también hizo buenas migas con el diputado Javier Macaya, ambos del mismo lote interno y contrario al de la hoy presidenta de la UDI, y al que sus rivales en algún momento motejaron despectivamente de iluminados. Que Zúñiga, con ese perfil, haya sido el elegido para reemplazar a Luis Castillo a fines del año antepasado, habría sido una de las razones por la cual Van Rysselberghe y los suyos se oponían a que el exsubsecretario fuese removido. Así y todo, los cercanos a Zúñiga dicen que el bando de Bellolio no lo instaló ahí, sino que fue la mano de Mañalich.

Conocedores del Minsal dicen que el subsecretario “se ha ido interiorizando de cómo funciona la red pública”, y que “ha aplicado un conocimiento profesional”, pero que “tiene que construir un liderazgo suficiente para enfrentar esta crisis”. Un conocido de la autoridad acota que “lo suyo no es ser político, sino su línea de compromiso social”.

Así, con toda la confianza del jefe, con manejo técnico pero sin conocidas redes políticas que lo protejan ante las habituales intrigas del poder, el coronavirus y el invierno incidirán en las apuestas por su cometido. El diputado PS Juan Luis Castro, de la comisión de Salud de la Cámara baja, dice tener una buena opinión de él pero hace ver que se le evaluará por cómo resiste la red. “Que no haya colapso en la atención, que haya disponibilidad de los test que corresponden para coronavirus, que haya una gran campaña y cobertura en la campaña contra influenza que empieza su vacunación el lunes, y que no tengamos ni fallecidos ni casos graves que lleven a una situación mucho más dramática”, dice.

Castro, eso sí, recalca que “ha tenido un desempeño bastante adecuado y técnico acorde al perfil del cargo porque no tiene agenda propia, comprende la lógica del sistema, es un buen gerente de las redes de salud y está en sintonía con el ministro, cosa que pocas veces se vio en el sector”.

¿Está comparando eso con la antidupla que conformaban antes Emilio Santelices con Luis Castillo? “Absolutamente, porque ahí había una lucha de poder y de protagonismo permanente y eso con la llegada de Zúñiga terminó. Zúñiga está en el rol de subsecretario de redes, empoderado, y el desempeño que ha tenido en la comisión de Salud ha sido bastante satisfactorio”, remata.

Bellolio, su amigo y que también está en la comisión de Salud, cree que está en un buen equipo para hacerle frente a lo que viene, pero advierte que la evaluación pasa por otras cosas. “Lo que se puede esperar del sistema público es que se pueda prevenir al máximo posible, de manera que la curva de contagio sea lo más plana posible. Pero no depende de lo que digan las autoridades”.

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