Hasta dónde “experimentar” con el plebiscito: Las advertencias de los especialistas

Mientras se suceden las propuestas que buscan que el referéndum constituyente de octubre no sea un fracaso en participación pero tampoco un fatal brote de contagios, ex integrantes de la mesa técnica constituyente y especialistas no descartan estudiar medidas, pero advierten que unas son muy riesgosas, otras abren más interrogantes y que el proceso ya pospuesto no puede correr el riesgo de ser cuestionado.




Que los contagiados en aislamiento y los contactos en cuarentena puedan votar por correo, importar también el sufragio anticipado y multiplicar locales de votación para reducir aglomeraciones fueron algunas de las ideas planteadas por Espacio Público esta semana para que el crítico referéndum del 25 de octubre sea lo más seguro posible. Pero que también -en el entendido que no se vuelva a posponer- no sea un fiasco en participación que agrave aún más la crisis. Con los plazos corriendo rápido, se han sumado otras propuestas que están acelerando las conversaciones y la inquietud del gobierno.

Con eso se abre una de las grandes interrogantes que acá desmenuzan cinco especialistas, entre ellos tres abogados y otros profesionales que participaron en la mesa técnica constituyente que redactó la reforma constitucional que dio lugar al plebiscito: ¿Se puede experimentar en una votación tan crucial? Recordemos que además del organismo presidido por Diego Pardow, la semana pasada 93 académicos -entre ellos Fernando Atria, Jaime Bassa y Lorena Fríes- propusieron evaluar el vilipendiado voto electrónico y que se pueda sufragar en más de un día.

Hacer el plebiscito en dos días es precisamente una de las opciones que parece ganar fuerza en esta etapa. Es una de las más mencionadas y estaría sobre la mesa. El Ministerio Secretaría General de la Presidencia tiene una conversación pendiente -según versiones de La Moneda- con el Servicio Electoral: hace pocos días su presidente del consejo directivo, Patricio Santamaría, llamó al ministro Claudio Alvarado para felicitarlo por su nuevo cargo.

Los distintos deadlines del calendario, además, se queman velozmente. El pasado sábado 6 fue el último día para pedir cambio de domicilio electoral; el 27 el Servel publicará el padrón electoral auditado y fija locales de de votación en el extranjero; el gobierno ya comprometió $120 millones para una campaña de difusión encargada a una consultora privada. Y el 26 de agosto arranca la campaña electoral... con la duda de cuánto incidirá el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe que el Presidente prorrogó por otros 90 días, hasta mediados de septiembre.

En medio de este puzzle, acá entran en materia los ex integrantes de la mesa técnica, el abogado Gabriel Osorio, la cientista política Claudia Heiss y el jurista David Huina. También la constitucionalista Constanza Hube y la abogada Natalia González, directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de Libertad y Desarrollo. Todas y todos coinciden en que aunque hay que evaluar las propuestas que se apilan, es poco aconsejable innovar demasiado o experimentar con un proceso tan delicado, importando formas de votar que no existen en un sistema electoral históricamente intachable y con tan baja confianza en las instituciones.

Votemos en dos días: ¿Cómo y cuándo contar los votos?

Dando por descontado que el acto de votar como lo hemos hecho hasta ahora ya planta una serie de dudas y medidas ante la crisis sanitaria (el lápiz, la entrega de papeleta, humedecer con saliva la estampilla), la situación es la siguiente.

Sufragar en dos o más días podría ser una carta tal vez eficaz combinada con más locales, ojalá en lugares abiertos, y más mesas. Pero de partida tiene un inconveniente: ¿se escrutan los votos al final de cada jornada o solo cuando termine el proceso? “Si se escruta diariamente, la duda natural es quién va a custodiar los votos y las urnas en ese lapso, quién va a dar esa seguridad”, advierte Osorio.

“Podría servir para evitar aglomeraciones pero genera más preguntas. No digo que no se haga, pero hay que pensarlo bien. Por ejemplo, el riesgo de incidentes relacionados con la custodia de los locales o por otra razón: un abogado podría pedir la nulidad de mesas o del proceso entero, y un tribunal podría obligar a repetir el plebiscito”, hace ver. Recuerda acá que el 2004 el Tribunal Calificador de Elecciones ordenó hacer de nuevo la municipal en Talcahuano, cuando repostulaba Leocán Portus.

“Si se cuentan los votos día a día, eso daría un resultado provisorio que a la jornada siguiente podría movilizar a mucha gente que no pensaba ir a votar”, cierra.

Natalia González coincide: “No debería escrutarse entre medio porque con toda la población pendiente eso podría inducir al resultado al movilizar al día siguiente. Y también está el riesgo de cómo aseguramos a la población de que la custodia sea tal que no haya riesgo de manipulación. Entiendo que es una opción, pero está llena de complejidades”.

“No es lo ideal votar en dos días, pero sí es preferible aumentar la cantidad de locales”, tercia Heiss. “Con un escrutinio parcial o anticipado puede estar induciendo al voto. Hay estudios que señalan que el votante tiene cierta tendencia a inclinarse por la opción ganadora. Si el primer día una opción aventaja a la otra por 70/30, por ejemplo, uno pensaría que ya se definió y voy por la ganadora. Eso marca tendencia y también puede desincentivar a quienes lean que ya está todo decidido el primer día”, hace ver Huina.

El abogado RN prefiere medidas administrativas antes que reformas políticas que obligan a acuerdos amplios para garantizar el quórum (algunas importan reformas a leyes orgánicas).

El voto anticipado se usa en otros países y fue una de las herramientas que aplicó Corea del Sur en la aplaudida elección del pasado 15 de abril (casi un 66% de participación en plena pandemia). Allá el 27% del padrón sufragó el fin de semana anterior, y el día de los comicios se reservó la franja posterior a las 18.00 para que lo hicieran los contagiados aislados y contactos bajo cuarentena.

Tampoco es sencillo: importa una serie de inconvenientes prácticos y financieros. “Tienes que levantar todo el material electoral más de una vez, dejarlo en custodia y distribuirlo, separar los votantes, levantar actas de instalación distintas, y hasta pagarles más a los vocales (gasto fiscal, o sea ley de iniciativa del Ejecutivo)”, resume Huina en una enumeración con que varios de los consultados coinciden.

“Puede ser un opción. Podría tener cierto éxito y hay que mirar la experiencia comparada, como Corea del Sur”, apunta Osorio.

¿Un nuevo estándar... a la carrera?

El asunto de importar mecanismos como el voto por correo y el electrónico tienen más peros. Este último ni hablar: el Servel ya lo desechó el año pasado y las últimas aventuras en versión beta en Chile han arrojado fracasos en elecciones partidarias en Ciudadanos y en la UDI. Las exitosas han sido plebiscitos comunales no vinculantes y que no eligen cargos. La modalidad postal, por otro lado, abre la duda de la confiabilidad y veracidad del sufragio, comentan varios de los consultados.

“No tiene que ver con si es posible o no. Está muy bien innovar en las formas, en ponerse a pensar si es que se va a pensar en más de un día, en el voto anticipado o el voto postal, pero no para el plebiscito. Lo esencial para esta votación es no experimentar porque ese es un proceso muy importante que marca un hito en el itinerario constituyente”, asevera Hube. La abogada subraya que “la legitimidad es lo más importante” y que “deben estar dadas todas las condiciones necesarias para una campaña que permita un contraste de ideas, un voto informado y libre que entregue todas las garantías”.

Lo mismo cree Heiss: “Podemos innovar en mecanismos electorales pero no para esta elección tan importante, no es el momento para estar experimentando. Lo primero es generar confianza”.

Osorio piensa que es perentorio “facilitar todas las formas de voto en el marco de nuestro sistema electoral, que ha respondido eficazmente y sin fraudes, pero no arriesgaría la confiabilidad y legitimidad del resultado comenzando a experimentar con cosas que se alejan de nuestra realidad”.

González comparte la aprensión: “Es bastante complejo innovar en elecciones de estas características y tan relevante. Me parece bien que se estudien mecanismos para hacer más seguro el voto, para que las poblaciones en riesgo no sientan que su participación está comprometida. Pero hay que ser súper cuidadosos en que lo probado en otros países pueda adaptarse y que no comprometamos la seriedad de nuestro sistema electoral”.

Pero hay más, dice. “No me parece que tengamos que tener un estándar a la carrera, que se después se va a aplicar a otras elecciones, porque se nos viene al plebiscito en octubre”.

Y además, tiene otra preocupación. “Tenemos un Estado de Excepción hasta septiembre y la campaña parte en agosto. Veo complejo eso en espacios públicos, porque el Estado de Excepción limita la movilidad de personas”, dice, “y eso tiene que ver con la necesidad de que la ciudadanía esté debidamente informada de las alternativas”.

Todo esto, por supuesto, depende de las condiciones sanitarias, que a estas alturas se traduce en cuántos contagios y decesos acumularemos para entonces.

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