La derecha progresista oculta

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El desafío histórico para el nuevo equipo al mando de las arcas fiscales del país radica en ir más allá de un libertarianismo renovado que subordina la justicia social al mercado. La historia nos enseña que, en momentos de crisis, la derecha ha tenido recursos para liderar transformaciones en contradicción con su núcleo doctrinario.


*Esta columna fue escrita en conjunto con Julieta Suárez-Cao, doctora en Ciencia Política, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile; y Javier Sajuria, doctor en Ciencia Política, académico de Queen Mary University of London.

Hay quienes plantean que la derecha no tiene las convicciones ideológicas para llevar adelante las reformas que el país está pidiendo, pero la evidencia de nuestra investigación sobre dirigentes de Chile Vamos muestra que, debajo de sus líderes más notorios, se esconde una centro-derecha mucho más progresista y abierta a los cambios.

La renovación de la derecha en el mundo tendió a jugarse principalmente en el ámbito valórico, desplazando un foco tradicionalmente centrado en la economía. Una de aquellas experiencias que despertó el interés de la "nueva derecha" durante el primer gobierno de Sebastián Piñera fue la del nuevo conservadurismo británico, entonces liderado por David Cameron, que buscó conectarse con las preocupaciones de una sociedad cambiante incorporando a su agenda temas como la calidad de los servicios públicos, el medio ambiente, y el matrimonio igualitario.

En el ámbito económico, tanto el partido Conservador británico como el Partido Republicano norteamericano adoptaron fórmulas basadas en la caridad y la "compasión" hacia los sectores más vulnerables o en un cierto comunitarismo que buscaba empoderar a la sociedad civil y reducir el rol del Estado. Aunque no alteraron su apego a la defensa del liberalismo económico, estos deslizamientos hacia el centro implicaron distanciarse de la doctrina neoliberal de los 70-80, tal como sucedió en Chile con la corrección progresiva del modelo económico desde la vuelta a la democracia.

La derecha chilena sigue este patrón de renovación en dos sentidos: su mayor apertura sobre cuestiones valóricas –enarboladas en particular por Evópoli– y cierto distanciamiento con el modelo económico y social heredado de la dictadura, una posición convergente con las demandas ciudadanas que estallaron este octubre.

Durante 2015 y 2016, realizamos una encuesta representativa a los dirigentes de partidos de Chile Vamos a todo nivel (regional, comunal, etc.), no sólo sus representantes nacionales. Los resultados, que son parte de un reciente libro editado por Stéphanie Alenda y publicado por el Foro de Cultura Económica, muestran que la coalición de gobierno alberga sensibilidades distintas respecto al rol del Estado en la economía: si bien la mayoría defiende su carácter subsidiario, un tercio de la dirigencia asume posturas "solidarias" estando de acuerdo con que el Estado aumente impuestos a las personas para financiar políticas del ámbito de la protección social. No solo esto: casi el 50% de la dirigencia de Chile Vamos reporta apoyar la eliminación del lucro en la educación.

Durante los últimos años, una nueva generación de intelectuales de derecha se preocupó además de instalar en el debate político temas que sintonizan con una parte de las demandas de la ciudadanía: la falta de regulación estatal que autoriza una inmensa concentración del poder económico y socava la competencia económica, la necesidad de lograr una mejor distribución de la riqueza, o la de robustecer el rol del Estado como garante de la justicia social.

En este sentido, el desafío histórico para el nuevo equipo al mando de las arcas fiscales del país radica en ir más allá de un libertarianismo renovado que subordina la justicia social al mercado. La historia nos enseña que, en momentos de crisis, la derecha ha tenido recursos para liderar transformaciones en contradicción con su núcleo doctrinario. Es en respuesta a la agitación socialista que Bismarck emprendió a fines del siglo XIX una serie de reformas sociales que hicieron de Alemania una gran precursora en la materia. En Francia, asimismo, la protección social nació después de la Segunda Guerra Mundial en base a un acuerdo doctrinario y político entre derecha e izquierda.

Esta coyuntura excepcional abre también la oportunidad de relegitimar el sistema político, lo que difícilmente podrá suceder sin un debate constitucional. Al respecto, nuestro estudio revela de nuevo posiciones encontradas en las dirigencias de Chile Vamos. Los dirigentes de Evópoli apoyan en su mayoría el establecimiento de una nueva Constitución (61%), a diferencia de RN (35%) y la UDI (21%).

En suma, desde su fundación, Chile Vamos parecía albergar ideas proclives a otorgar al sistema un carácter más solidario y posiblemente refundacional. En este tiempo de crisis, el desafío radica en transformar estas ideas en acción política. Si no, se quedará simplemente en una diversidad social e ideológica escondida e incapaz de contrarrestar la tendencia reaccionaria de las élites de su sector.

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